02 abril, 2006

Citius, Altius, Chustus

Cuando anuncié que me gustaba "Spy Kids" fui incomprendido por pareja, familiares y amigos. Ninguno la había visto pero no se privaron de destrozarla, sin más motivo que su título y el protagonismo de Antonio Banderas... Prejuiciosos. Sin embargo arrasó en EEUU y con razón, porque era de lo mejor en el último cine infantil. Gamberra pero no descerebrada, familiar pero nada ñoña, espectacular pero siempre a través de una divertidísima historia. Reflejaba bien a los niños actuales: más seguros de sí mismos que de la autoridad de sus padres, especialmente dotados para gadgets electrónicos, autosuficientes hasta que dejan de serlo y sus papás sacan las castañas del fuego. Rodríguez (padre de tres pequeños) daba su acelerado diagnóstico de la estructura familiar actual: hijos a los que no interesan sus padres y padres que no entienden a sus hijos. Lo que para otros sería material para un drama él lo agitaba con intrigas de espionaje, animación computerizada a saco, actores con ganas de autoparodiarse (era la mejor interpretación de Banderas) y las justas pretensiones. Deliciosa.

La lluvia de millones animó a Rodríguez a hacer una continuación, y no es hombre de medias tintas: con 23 años entró en la meca del cine gracias a la sobrevaloradísima "El Mariachi", con 28 rodaba de la mano de Tarantino "Abierto hasta el amanecer" y ahora, con 33, tenía una inmensa pila de pasta para hacer lo que quisiera. Como será muchas cosas pero desde luego es currante acometió "Spy Kids 2" como un reto personal: director, guionista, montador, director de fotografía, diseñador de la producción, compositor de la música y productor con su esposa... Hasta trece categorías llevan su nombre. Uno de los chicos malos de Hollywood, un auténtico "Troublemaker" (nombre de su productora), un niño grande... a cargo de todo el asunto. Más juguetes, más cámaras digitales, más espectáculo, más de todo. Así se rodó "Spy Kids 2: La isla de los sueños perdidos", y Rodríguez se perdió.

Superado el conflicto intergeneracional ahora se explora la entrada en la adolescencia de los jóvenes protagonistas. No funciona demasiado. En lugar de ser los críos los que rescatan a los padres son éstos los que salvan a sus polluelos. Más visto. Hasta aparecen unos improbables abuelos (Ricardo Montalbán en silla de ruedas-helicóptero, un delirio) en un aberrante final. Antonio Banderas y su esposa, la guapa Carla Gugino, apenas salen, y es una pena. En cambio sobra la aparición, casi como "cameo", de personajes de la primera "Spy Kids": aburrido autohomenaje del director a su historia. En resumen, faltan cosas pero sobre todo sobran. La más importante, veinte minutos de peli, que por momentos es un coñazo.

Lo más divertido es la propia "Isla de los sueños perdidos", repleta de aberraciones genéticas paridas por un científico loco con la cara de Steve Buscemi. Rodríguez homenajea al gran cine clásico de ciencia ficción, desde las obras de Ray Harryhausen (la maravillosa "Jasón y los Argonautas especialmente) a "La novia de Frankenstein" o "La isla del Doctor Moreau", y lo hace con tal ilusión que se carga su propia película. Sin embargo esos monstruos, serpientijas, monaraña, la torrana o los cerpajaros son lo más divertido del film, pero sin resultar suficiente. Creo que la tercera, Spy Kids 3D, es horrorosa. Y encima sale Stallone...Esa ya no la veré: me incluyo en los prejuiciosos.

No hay comentarios: