26 abril, 2006

Es bonito que una madre sueñe, I

Mi madre es de grandes frases, cuya grandeza viene más por las veces que las repite que por lo que tengan de utilizables a la hora de afrontar la vida. En la modalidad "frase- anhelo" son muy frecuentes las tres que a continuación explico.

1) Siempre, al pasar por delante de un edificio cerca de donde vivía mi abuela, suelta un "Esa casa me encanta, ¿quieres que te la regale?", aludiendo a un torreón de incalculable valor en Alcalá con o'Donell. Ni una catástrofe nuclear y la consecuente explosión de innumerables burbujas inmobiliarias nos permitirían soñar con la posibilidad de adquirirla, pero a mi madre la encanta. Yo la digo que, como buen torreón, es esférico, y sus paredes redondas harían incomodísimo colocar estanterías con películas, libros y demás objetos inútiles y apilables. Lo hago sólo para aliviarle la pena.

2) Cuando vamos de paseo en coche, esos viajes en los que todo va tan despacio y asombra la presión que sus brazos ejercen sobre el volante, cada vez que avista un Jaguar anuncia con dignidad: "El Jaguar... Ese sí que es un coche elegante". La malicia del comentario -todos mis tíos son ricos pero no elegantes, por eso tienen Mercedes- es inofensiva, al estar enmarcada en la modestia del Peugeot 307 en el que nos manejamos. En este caso prefiero callar y mirarla: es como si la viera conduciendo el Papamóvil y opto por no calentarla para evitar accidentes.

3) La tercera y última, por hoy, Máxima de Maximina es la siguiente: "Qué maravilla... ¿Te imaginas que pudiesemos volar?. No necesita consumir ácido para sacar el temita cada vez que se la cruza un pájaro en libertad. Si viviésemos en Doñana u otra zona de aves migratorias estaría encerrada en un manicomio, pero por fortuna sobrevive con modestia en Pueblo Nuevo donde las palomas que brincan entre heces caninas no son pájaros sino ratas voladoras. Esas sólo merecen su asco, porque la recuerdan a "Los pájaros" de Hitchcock.

De la del torreón, la del Jaguar o la de volar por los aires su "frase- anhelo" más irritante es la de surcar el cielo. Porque puede tocarle una lotería y tener el jaguar, incluso el torreón de los cojones pero, no nos engañemos, tendrá muy difícil volar. Su sólida y rectangular estructura la invalidan aerodinámicamente, y su relación densidad/ volumen hacen imposible el mantenerse en el aire. Sobre la faz de la tierra apenas quedan, fruto de la evolución, unos pocos animales con un esqueleto similar al suyo, y su escasísima porosidad estructural y carnes compactas, sólidas y prietas los alejan sin remedio de las nubes. Es una evidencia: no sólo jamás ninguno ha volado, sino que a duras penas pueden moverse.

Como tiene respuesta para todo, ella lleva años añadiendo al anhelo anterior, en un alarde de confianza en la técnica y la imaginación humana: "¿Pues sabes que me voy a apuntar a parapente?", algo a lo que nunca he dado credito.

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