No me interesa demasiado la vida de Truman Capote: prefiero "A sangre fría", una de las novelas más adictivas y maravillosas de la historia, adoro "Plegarias atendidas", malogrado germen de lo que hubiera sido una maravillosa novela, y me pasa casi lo mismo con todo lo que pudo escribir. Pero es en sus escritos, en sus cuentos, en sus retratos donde le encuentro, donde conozco a ese cínico hijo de puta, a ese desalmado vampiro, a ese egoísta y manipulador maricón lleno de traumas, frustración, fragilidad, humo, veneno y velocidad mental. Todo ello está plasmado en sus páginas. Entonces...¿para qué coño ver la película?Para asistir a una aburrídisima serie de robos. Se roba de la novela, a la cual no aporta nada. ¿Profundizar en la relación de Capote con los protagonistas reales? Sería enmendarle la plana a Capote, que ya lo escribió a las mil maravillas en su inmjorable novela. También birla a la película de Richard Brooks, más que digna adaptación de la que son afanados los momentos más dramáticos, hasta llegar a copiar unos planos. Tremendo. Se le añaden al mejunje dos o tres toques de morbo homosexual, ya de sobra conocidos, y eso es "Capote", una de las películas de este año. Así le va al pobre cine.
Reconozco que no soy muy aficionado a las "biopics", porque me interesa más la obra que el autor. Prefiero escucharles a ellos que ver lo que se cuenta de ellos, muertos e incapaces de defenderse. Pero podría llegar a atraerme contemplar los demonios internos de un escritor como éste, su exaltada sensibilidad, su capacidad de autodestrucción. Nada de eso podemos intuir en el film: el Capote de Seymour Hoffman apenas tiene gracia, lirismo, rabia, sino que es un mariquita gordo al que todos ríen las gracias sin saber muy bien por qué, porque su ingenio y sus malvadas bromas se transforman en chistes vacios. ¿Para qué coño viniste entonces, "Capote"?
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