05 abril, 2006

A sangre fría, A Mano Armada

Qué innecesarias las biografías que no añaden sino que muestran todo lo que ya era sabido. Qué peligrosas las películas de las que te dicen "qué papelazo hace tal", "que bien que estaba este actor", que deslumbran por el parecido del protagonista con alguien, que se sostienen apenas por una imitación. Qué ventajista una película como "Capote" que hace lo uno y lo otro, que roba su escaso interés de un genio como el escritor, de una obra maestra como "A sangre fría", de un agotador mensaje publicitario que eleva a Philip Seymour Hoffman a la categoría de mejor actor del planeta. ¿Por qué, por parecerse a Capote? ¿Por imitar su amaneramiento, su voz, sus gestitos? Pero... ¡es que algún espectador conoció al original como para corroborar semejanzas! ¿Y no son grandes imitadores también Cruz y Raya, Julio Sabala, Carlos Latre, y no por eso se les eleva de esa forma a los altares? Torno loco.

No me interesa demasiado la vida de Truman Capote: prefiero "A sangre fría", una de las novelas más adictivas y maravillosas de la historia, adoro "Plegarias atendidas", malogrado germen de lo que hubiera sido una maravillosa novela, y me pasa casi lo mismo con todo lo que pudo escribir. Pero es en sus escritos, en sus cuentos, en sus retratos donde le encuentro, donde conozco a ese cínico hijo de puta, a ese desalmado vampiro, a ese egoísta y manipulador maricón lleno de traumas, frustración, fragilidad, humo, veneno y velocidad mental. Todo ello está plasmado en sus páginas. Entonces...¿para qué coño ver la película?

Para asistir a una aburrídisima serie de robos. Se roba de la novela, a la cual no aporta nada. ¿Profundizar en la relación de Capote con los protagonistas reales? Sería enmendarle la plana a Capote, que ya lo escribió a las mil maravillas en su inmjorable novela. También birla a la película de Richard Brooks, más que digna adaptación de la que son afanados los momentos más dramáticos, hasta llegar a copiar unos planos. Tremendo. Se le añaden al mejunje dos o tres toques de morbo homosexual, ya de sobra conocidos, y eso es "Capote", una de las películas de este año. Así le va al pobre cine.

Reconozco que no soy muy aficionado a las "biopics", porque me interesa más la obra que el autor. Prefiero escucharles a ellos que ver lo que se cuenta de ellos, muertos e incapaces de defenderse. Pero podría llegar a atraerme contemplar los demonios internos de un escritor como éste, su exaltada sensibilidad, su capacidad de autodestrucción. Nada de eso podemos intuir en el film: el Capote de Seymour Hoffman apenas tiene gracia, lirismo, rabia, sino que es un mariquita gordo al que todos ríen las gracias sin saber muy bien por qué, porque su ingenio y sus malvadas bromas se transforman en chistes vacios. ¿Para qué coño viniste entonces, "Capote"?

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