30 enero, 2006

Adiós a Pssh Pzz, I

Llamada el domingo a primera hora: mi madre, para no variar. Su conversación al menos no versaba esta vez sobre tuppers, si dormía en su casa esa noche o la urgencia de llamar a alguien porque era su cumpleaños. Esta vez era algo original e importante: se había muerto su madre, mi abuela.

Tenía 92 años y llevaba un año como un mineral (ni oía, ni hablaba ni se movía), dos como un vegetal (leves reacciones ante la luz -alegría- y el agua -rabia-) y tres como un animal (se mostraba hosca con sus hijas, apenas reconocía a sus nietos y no controlaba esfínteres). Con esa evolución era previsible y deseable que pasara a mejor vida, que en este caso lo era.

Como siempre he sido muy educadito y muy mono tuve bastante trato con ella; de haber sido insoportable, ruidoso y feo no me hubiese hecho ni caso. Era de ese tipo de abuelas, pero no la culpo: cada uno siente como puede y a ella la salía así. Hasta creo que coincido un poco: no aguanto a los pendejos que gritan y están cubiertos de mocos, no paran de romper juguetes y desorganizan mis cosas. Tampoco es culpa mia, sino de la herencia genética pues.

Los últimos años no la vi demasiado, porque no lo paso especialmente bien contemplando la agonía ajena. No seré buena persona, pero me apena que me contemplen y no me reconozcan, o que se me pongan a llorar por el hecho de observarme. Supongo que cuando la pasaba era porque estaba feliz, pero prefiero hacer feliz a un amigo invitándole a una copa o a una mujer con mi micropene antes que a una abuelita demente. Efectivamente, no debo ser buena gente.

Cuando la veía mucho, durante casi toda mi vida, siempre me porté bien con ella, así que no tengo reproches que hacerme. Ella a mí tampoco: pasé varios veranos con mis abuelos en un pueblo y jamás me abrí una brecha en la cabeza, ni dejé embarazada a ninguna mocita ni me pillaron follando gallinas, hechos todos que hubieran arruinado el buen nombre familiar. En vez de emborracharme o apedrear pajarillos permanecía en casa viendo ciclismo o películas, o jugando a la Canasta, deporte en el que mi abuela era definitivamente imbatible. Si se dedicara a ese juego la misma atención que al fútbol lloraríamos su muerte como la de Maradona, aunque ella no consumiera cocaína, lo que también es muy triste.

27 enero, 2006

Banacleto Agente Secreto en Munich 72

En 1972 Septiembre Negro, banda terrorista desconocida hasta entonces, secuestraba a israelíes participantes en los JJOO de Munich a cambio de la liberación de presos "políticos" palestinos. Entre la puesta en marcha del plan y la fallida misión de rescate once rehenes y todos los secuestradores morían. Hasta ahí la historia.

En 1972 cinco de los más inapropiados hombres del ejército israelí, seleccionados para una misión que les era absolutamente inadecuada, recibían la orden de perseguir y asesinar a los creadores de Septiembre Negro y responsables del drama anterior. El Gobierno de Israel daba a este grupo, mezcla de asesinos profesionales, agentes secretos, patriotas y Equipo CH (de Chapuzas) un presupuesto ilimitado pero ninguna ayuda logística, muchas órdenes contradictorias y un mensaje que justificaba el ojo por ojo en aras a la supervivencia de estado, la legitimidad de la democracia israelí o, simplemente, la tranquilidad que supone para todo hebreo exterminar algún palestino más. Esta es la historia de Spielberg.

¿Por qué se llama la película "Munich" si apenas habla de Munich? Víctima de uno de sus frecuentes ataques de compromiso para con la humanidad, tratando por enésima vez de demostrar lo serio que es cuando quiere, Spielberg intenta denunciar lo estéril y contraproducente que es la venganza. Como no tiene nada nuevo que decir (su proverbial simpleza se manifiesta más que nunca, es la película soñada por sus detractores) y se embarulla al cuarto de hora el director convierte "lo de Munich" en una salida de emergencia dramática, de ahí que la tragedia reaparezca cinco o seis veces a modo de flash back patético.

"Munich" es tan, tan aburrida, que uno no recuerda que fue lo que le aburrió primero: si la insulsa trama ideológica o lo mal que funciona el espectáculo de acción. Filosófica y políticamente se lanzan dardos sin punta: las posiciones hebreas son pueriles; las palestinas inexistentes. Pero sorprende más en Spielberg el nulo ritmo narrativo, la inexistente credibilidad de los personajes, el poco interés de la acción, fallas todas relacionadas con el patetismo del grupo que ha de cumplir la misión: no son los Violentos de Kelly, los Siete Magníficos o los Doce del Patíbulo, sino un Quinteto Imposible liderado por por un guaperas (Eric Banacleto, Agente Secreto) al que tiembla el pulso cada vez que hay que matar pero que vacila menos que Marichalar a la hora de elegir trajes o calzarse sombreritos. Junto a él un inútil fumador de pipa, un asesino maniaco incapaz de matar a nadie, el típico pensador que no para de soltar chorradas y un juguetero al que en vez de reparar el Scalextric ponen a elaborar asesinas bombas... La credibilidad de los chicos gana mucho en las comidas de curro que prepara Banacleto Agente Secreto, donde lo pasan estupendamente con sus inocentes gracietas...

Para no ser del todo negativos, reconocer que "Munich" regala algunas de las escenas más inolvidables del año. ¿Como no recordar que en una película pretendidamente seria compartan piso franco, como estudiantes de Erasmus, terroristas palestinos y asesinos israelíes? Sólo les falta bailar, mientras Banacleto lanza un pregón prosemita en una de las cumbres ideológicas del film.

¿Y cómo borrar de mi mente el momento en el que Banacleto Agente Secreto copula con su bella esposa y, en medio del coito, alucina recordando por enésima vez lo del aeropuerto de Munich? ¿Es una argucia para retrasar la eyaculación o simplemente una escena impropia de un pretendido genio del cine?

¿Y los topicazos, ya vistos en toda trama de espionaje internacional, del café junto a la Torre Eiffel, las barquitas y bicicletas de Amsterdam, el Banco Central de Ginebra? ¿Y las idas y venidas de Banacleto a Israel, sin que nadie se entere, para ver a su madre a su esposa y a quien sea de la familia, esa obsesión tan presente en todo protagonista de Spielberg? ¿Y lo de los franceses que mueven los hilos -ejem...¿qué hilos?- del espionaje internacional, descubren la traición de Banacleto pero, en vez de liquidarlo, le invitan a comer a una reluciente casa de campo donde un Padrino New Age no para de lanzar metáforas que provocan que todos pensemos -incluida su familia- "abuelo, se te va la pasa"?.

En resumen, que pocas veces un cartel publicitario era tan certero. "El film más aterrador de Spielberg", decía.

- El autor del libro casi también quema el cine

26 enero, 2006

Cuentos de los de perder la fe, I

Cuando se encontraron en la puerta de aquella farmacia llevaban mucho tiempo sin verse. No le fue difícil reconocerla: encogida por el frío,en medio de las obras que cambiaban por enésima vez la cara de aquella placita, se encendía un cigarro y miraba a su alrededor. Nerviosa, por las ganas de verle y por los ruídos infernales que emitían esos malditos cacharros. Antes de llegar donde estaba, y de saludarla, no pudo reprimir la sonrisa: en todo este tiempo no había cambiado. Conservaba la cara de pequeño demonio. Triangular, pecosa y rodeada de pelo naranja.

- ¿Cómo estás, Pelirroja? ¿Nunca dejarás de adelgazar?
- ¿Y tú? ¿Nunca llegarás a tu hora? Me muero de hambre y habíamos quedado hace media hora...

Se abrazaron. Se besaron, Y tuvieron que decidir dónde irían a comer. Había muchas opciones, demasiadas, algo desastroso para gente incapaz de decidir. Pero ellos dos no podían soportar más el ruído.

- Podemos comer en mi casa- dijo él-. Está aquí al lado y tiene calefacción y comida. Les corté las cuerdas vocales a mis vecinos, y los niños de la casa de arriba son paralíticos por lo que nadie hará ruido. ¿Sí?
- ¿Tienes cerveza? ¿Tienes casa? ¿Cómo puede ser que tengas hasta comida?

25 enero, 2006

Nuestros héroes del deporte, II: Hoy, Isiah Thomas

Además de como extraordinario jugador de baloncesto, Isiah Thomas fue conocido por ser uno de los individuos más traicioneros del basket NBA. Iba de simpático, pero era el más sucio de los "Bad Boys " de Detroit. Iba de amigo de Magic Johnson, con quien se besuqueaba antes de empezar los partidos, pero se negó a que volviera a jugar tras saberse que sufría VIH. Tras retirarse, también tuvo una experiencia como entrenador en los Indiana Pacers: sus pupilos terminaron saboteándole por ególatra e insoportable. Un genio curioso este Isiah.

De lo que no sabíamos tanto era de su mal gusto a la hora del ligoteo. Thomas, actual presidente de los New York Knicks (por cierto, el segundo peor equipo de la NBA), acaba de ser demandado por una tal Anucha Browne por supuesto hostigamiento sexual y discriminación.

La señorita Browne (que, a la vista está, tiene la feminidad de un Baby Gorilla Dawkins con peluca) alega que Isiah, más caliente que Vinnie Microondas Johnson en un final de partido, la empezó a besuquear y pegar cebolletazos mientras soltaba espumarajos por la boca y barbaridades sexuales varias. La mujer, de 43 años y trabajadora de los Knicks desde 2000, no cedió a las necesidades de Isiah y acaba de ser despedida. Hay gente que parece no tener ganas de conservar su trabajo.

Browne también asegura que, para mejorar los resultados de su patético equipo, Thomas urdía una triquiñuela rumana: jugar todos los partidos como local al mediodía, arrastrando la noche anterior a sus rivales a clubes y puticlubes famosos, con el ánimo de emborracharles, perderles y que se presentarán a jugar el día siguiente más perjudicados que un equipo de Liga Municipal de La Elipa.

Así que bien por Isiah, por sus éxitos fuera de la cancha de basket, por su forma de entender el deporte y, sobre todo, por su sutilidad y buen gusto en las relaciones hombre-mujer.

- Kempiecen a rular los petas

24 enero, 2006

Marujeo y Necrofilia

No me sorprende que los niños lloren al ver mi desmesurada cabeza. No me sorprende que los camellos me huyan temiendo que mi pardillismo atraíga a la policía. Pero me sorprende que una misma noche dos personas que no se conocen me recomienden una serie de televisión pese a insistir en que odio ese moderno artefacto. Pues me sucedió el otro día: "A dos metros bajo tierra" era la serie prometida. Me moví más que una chica del coro de Ricky Martin y conseguí la primera temporada al toque. En tres días me he quemado los ojos viéndola y...

Resumo el esquema: cada capítulo empieza con la muerte de un personaje ajeno a la trama principal. El fiambre servirá para menear un poquito el capítulo; del resto se encargan los protagonistas, basicamente los cuatro miembros de una familia disfuncional (palabra de moda). Lo consiguen en los primeros episodios, donde alucino con las cosas que les pasan, situaciones desmadradas pero perfectamente posibles... están absolutamente locos pero los identifico entre los míos. Sin embargo cada vez les cuesta más respirar, su capacidad de sorpresa se asfixia y cada nuevo personaje no eleva el listón sino que lo tira (sobre todo el puto fotógrafo-neuro-violento-hermano de la novia del guapo).

Supongo que para juzgar si la serie es buena necesitaría conocer cómo son sus semejantes, pero no tengo ni idea de cómo está ese mercado. "A dos metros bajo tierra" tiene sin duda virtudes: no sale Emilio Aragón, los personajes tienen algo más de enjundia que los del Equipo A y la música está más cuidada que la del Coche Fantástico. Pero también tiene graves defectos: termina siendo el terrible marujeo de siempre (quién terminará liándose con quién, cómo resolverán sus problemas de pareja tanto guapos como feos), epatar con la aparición de cadáveres busca ocultar la carencia de ideas y, por mucho que vaya de revolucionaria, en muchos momentos desprende un tufillo de conservadurismo (no en los primeros capítulos, pero sí en cada nueva entrega).

Ver una película no exige más de 150 minutos a menos que la firme Rivette. Hacer el amor no exige más de 150 segundos a menos que me ayude Dios. ¿Merece la pena, entonces, chuparse trece horas de vida viendo la primera temporada de A dos metros bajo tierra? Aún viéndola sin anuncios y a mi ritmo creo que no. Así que sigamos viendo películas o haciendo el amor como animales salvajes o, en su defecto, entreguémosnos al onanismo que todavía nos resulta más veloz.

La Mala Conciencia

Comprar una entrada para una película de Haneke es disponernos a disfrutar pasándolo mal presenciando miserias humanas: maltrato sentimental, disfunción sexual, desubicación familiar... La violencia con la que muchos identifican su cine sólo distrae de sus cualidades: lucidez, filosofía y psicología de la sociedad europea o propósito insobornable de denunciar errores como primer paso para corregirlos. Su gusto por lo escabroso no oculta que nos hallamos ante un director muy frío, porque Haneke siempre tiene un plan. En sus primeras películas mostrar los desequilibrios mentales de Austria, entregada a la ultraderecha y a Heider; en sus últimas obras ampliar el campo de batalla a Europa, gracias a las posibilidades que le ofrecen industria y actores franceses.

Caché (Escondido) narra la historia de una acomodada familia que empieza a recibir cintas de video, envueltas en desagradables e infantiles dibujos. Las cintas se limitan a mostrar su casa, su día a día, lanzando clásicos planteamientos de thriller: la amenaza de un desconocido peligro, la fragilidad e inocencia de los amenazados, la incomprensión e incapacidad de los que deberían protegerles. Hasta ahí nada nuevo, pero en Haneke ese hasta ahí termina a los cinco minutos, porque le interesa otra cosa: ¿Alguien puede llamarse inocente? ¿Alguien está libre de la mala conciencia, la culpa, la vergüenza o la autodesconfianza? ¿Quién no está dispuesto a aprovechar la fuerza, la mentira, el poder, por miedo a perder lo que tiene?

Primero compartimos la incertidumbre y descomposición de la familia acosada, pero luego contatamos lo culpables que son estos inocentes. El castigo que sufren los acusados es proporcional a la incapacidad del poderoso de afrontar y reconocer sus miserias. Haneke lo pone fácil: si nos vemos tan reflejados en estos privilegiados es porque actuamos igual que ellos.

No hacen falta música o gritos cuando la lógica de los hechos lleva a la desesperación. La mentira, la paranoía, el racismo, el sadismo y el egoísmo infantil son el perfecto retrato de los ignorantes que niegan de dónde viene este bienestar. Haneke retrata el mundo post 11-S, pero también anticipa disturbios como los recientes de Francia. Presenciar su película no es entonces pasarlo mal contemplando escenas horribles que no hay. Sólo nos sienta frente a un espejo: contemplarlo y sufrir no será responsabilidad suya, sino de todos nosotros.

21 enero, 2006

Crashtaña

Cada vez que termino de ver una película ambientada en L.A. me arrodillo, beso la calle trufada de heces caninas y agradezco a dios vivir en mi querido Madrid. ¿Se imaginan nacer en Los Angeles? Según salgas del utero una comadrona negra o chicana te retorcerá tu blanco bracito para que sepas qué es el odio racial. Si uno se muda, por cualquier motivo, a la capital californiana, el trámite debe ser "Buenos días señorita, aquí están mis papeles, ¿soy ya angelino?". La funcionaria, de otra raza, dirá "Es usted imbécil, y un europeo de mierda. Antes deberá cumplir nuestro Curso de Desintegración Social, dos semanas de Aprenda a manejar con Irresponsabilidad un Arma y, por último, verse implicado en dos o tres accidentes de tráfico. Entonces quizá pueda considerarse de aquí... pero no se cruce conmigo de noche o le alojaré una bala en la pierna...".

Crash. Los Angeles. ¿Por qué todas las películas sobre esa ciudad son la misma película? ¿Por qué se parecen tanto? ¿Es que todos los que viven en ella sólo saben odiarse, sufrir desgracias, darse golpetazos en coche? Nos han vuelto a engañar con Crash. No vayan a verla. Si ya han visto Grand Canyon, Magnolia o Vidas cruzadas ahórrensela. Si no lo han hecho, alquilenlas en un videoclub. Cualquiera es como esta pero en mejor.

Crash tiene muchas ambiciones, a cual más insatisfecha. Rehuye de los personajes planos: todos somos ladrones, racistas, superficiales, corruptos, malos hermanos, hijos, amantes y trabajadores, pero tenemos nuestro costadito bueno. La dualidad se manifiesta al azar, sin lógica, argumentación o continuidad. Por lo general se hunde al personaje en el fango a través de una experiencia espantosa (de algún modo, merecida) y luego en el post-traumático que incube sentimientos buenos como quien engendra hongos. En cuanto la cámara lo pierda de vista ya se encargará de volver a las barrabasadas.

Ah, algo muy importante. Entre contradicción y contradicción, actos inexplicables/ estúpidos y un poco de arrepentimiento por parte del personaje de turno la pantalla se llena de lucecitas azules y rojas en medio de la oscuridad. Esa es otra constante en este tipo de films. Aquí la variedad es que al fondo suena música electrónica cool.

El afán de veracidad se ve desmentido por los hechos y los giros de guión increíbles. La fuerza emocional se desploma constantemente, al no tener justificación ni argumento porque procede de actos inesperables en el personaje. Por ejemplo.

Dos negritos caminan por un barrio pijo, acusando a los blancos de racismo e indignándose por lo injusta que es la gente que se cruza de acera a su paso. Eso es hasta que dos no se cruzan: estupendo, sacamos una pistola y les robamos el coche.

Soy policía, racista, autoritario y tocón (con lo primero bastaba). Pero todo es por los negros, que no dejan que mi padre pueda operarse de próstata. Así que les hago la vida imposible, por cabrones. Pero un día me juego la vida para sacar a una puta negra de un coche que está a punto de estallar. ¿A una negra? Pues sí. Por cierto, hace un rato abusé de ella. Y que no se me olvide comentar que mi compañero de patrullero es todo lo contrario a mí. Él es bueno. Pero a la mínima descerraja un tiro en la cabeza a otro moreno en el coche.

También era buena la policía mexicana que, al darse un golpecito en el coche llama a la conductora de delante "china de mierda". O Sandra Bullock (su personaje es el más incomprensible de todos) que es racista hasta que dos negros la encañonan el cerebro. Entonces entra en crisis y afirma sentirse iracunda pero no sabe por qué (joder, si acaban de robarla un cochazo y casi la meten un tiro). Su solución es dejarse la espalda en un golpe y decidir que la criada (hispana) es el ser al que más quiere en el mundo. Por eso la acaba de montar un pifostio por no sacar las tazas del lavavajillas.

Grandes mensajes, grandes ideas, pero ni una sola realidad que las sostenga. Y quien quiera defender la película que haga el favor de explicarme la liberación de los presos camboyanos.

20 enero, 2006

A la amiga que se casa, I

Hola Auso...


Creía estar empezando a volverme a loco.

Creía haber soñado, en una pesadilla espantosa, que alguien me había anunciado tu boda.

Que ibas a cambiar a todos los hombres por uno.

Meter todas las razas en un solo cuerpo.

Y todos tus anhelos, en él.

Y que con Él (a partir de ahora, ya siempre en mayúscula) se materializaban, unificándose, todos los hombres de tu pasado, para al mismo tiempo desaparecer dando forma a un Regalo (también puede que ser que siga llamándole así, o R. para que resulte más corto) que sintetizara virtudes y reuniera paces.

Y llegó Él. Y el asunto es que al final te casas con Él. Emocionante, pero al mismo tiempo, ¿no será duro? Joder, Sonia... ¿No será duro, AL MENOS, para mí?

Parece no importarte mucho.

Para no tener que darle más vueltas... ¿Podré vivir, por ejemplo, teniendo que anunciar a la gente que Sonia se casó con R.? Es algo que no sé si podré conseguir.

No serán pocos, tanto buscándolos como encontrándolos por casualidad en la calle, los que me pregunten por ti, Sonia, porque si algo ha habido en tu currículum son hombres. No sé cuántos masters tienes, los idiomas que hablas (algunos a la perfección) o los años de experiencia organizando borracheras masivas.

Sé que si me pasa algo raro en el pene antes que al médico iré a consultártelo a ti.

Eso es lo que sé. Que si me ciñera a los follados no podría andar por la calle, de ser educado e ir parando a saludarles a todos. Que si sumase los que han fantaseado con haberlo hecho eso parecería la manifestación contra la Guerra de Irak, con mayor presencia eso sí de jóvenes del PP.

Joder, Sonia, ¿tú te has dado cuenta de cómo puede tomarse esto Cabezagoma?

¿Tú te das cuenta de que eres una irresponsable?

Porque eso es lo menos fuerte que puede llamarse a quien toma decisiones así, sin pararse a pensar en los demas.

Ya le estoy viendo, retransmitiendo un partido del Madrid y saltando al medio del Bernabéu, con niños de todo el mundo viéndolo por televisión, para recordarles a Beckham y Guti los viejos y buenos tiempos comunes de la Universidad mientras trata de forzarles con la gomaespuma del micro de Telecinco.

O rondando por sus casas, en alguna urbanización de lujo, diciéndose a sí mismo que va a clases de francés, que va a clases de francés, que va a clases de francés y ese día Sí. Sabes que es algo que suele sucederle mucho.

¿ Y si me lo encuentro en Ikea, con su madre, y soy yo el que se lo cuento? ¿Quieres que esa pobre mujer y yo presenciemos de nuevo las horrendas desfiguraciones craneales que le provoca el carácter altamente deformable e inestable de su cabeza? ¿Especialmente cuando es sometida a presiones extremadamente altas o disgustos horrorosos? Dios... ¿y si encima hace calor?

De lo del pelo ni hablamos. Cada vez que veo por la tele un anuncio de champús me acuerdo de él. Cómo no recordar la melenaza que tenía en el viaje a Tenerife... Ese pelo mojado que casi le tapaba los hombros, formando una catarata de cabello, agua y deltoides hipermusculados.

A la vuelta te invitó a cenar, le dijiste que salías con Álvaro y los barrenderos de los Jardines del CEU aún recuerdan ese día. Esa ventosa mañana de marzo, en la que el verde césped dejó de verse, cubierto por los mechones caídos.

19 enero, 2006

Erice y la Belleza del Mundo

Antes de decir nada, aclarar que es maravillosa. No porque lo digan los sabios o por quedar bien diciéndolo, sino porque entretiene, enseña, deslumbra y hace reir, entre otras muchas cosas. Y porque ayuda a disfrutar de esta vida. Porque resulta maravilloso ver cómo seres humanos (pintores reconocidos y otros que no lo son tanto, albañiles rumanos, gente) trabajan, bromean, comen, escuchan la radio, disfrutan de lo que pueden o prueban por primera vez una fruta. Verlos da ganas de vivir, de escuchar más a la gente, de aprender de los demás.

El sol del membrillo es una película terriblemente optimista. Aunque es consciente del mundo en el que vivimos (la radio suena con frecuencia, trayendo noticias tan desagradables como plenamente vigentes) sugiere cómo respirar en él. Por ejemplo, a través de la creación. Da igual que este sea un cuadro privilegiado o el cerrar el boquete de una pared con ladrillos y cemento. Que el hacer algo, lo que sea, nos dignifique, haga felices y vivos. Es muchas cosas, pero es la historia de un reto y de un entusiasmo.

Erice no tiene, a priori, tantos motivos para mostrarse optimista. Aún siendo uno de los directores más admirados, sino el que más, del cine español, ha podido filmar tres películas en los últimos 33 años. Esta, sin ir más lejos, es su última realización, y ya tiene trece años. A él no le han traicionado la lluvia o la lógica de la naturaleza del árbol, como a Antonio López en la película, sino compañeros de profesión, por ejemplo. Pero Erice no quiere pasar factura, sino regalarnos luz, alegría, optimismo, diversión, naturaleza y mucha vida.

Plantados como uno de los árboles de su jardin vemos al pintor con sus herramientas, partícipe de todo el proceso. Casi respiramos las frutas que le rodean, escuchando los ruídos del barrio y el mejor momento del día es cuando viene Enrique Gran a vernos. Escondidos en una esquina, sin molestar, vemos a los dos grandes amigos ayudándose, recordando, preguntando cosas que ya se saben y consultándose sobre lo ya decidido. O admirándose como por primera vez ante el arte de Miguel Ángel. Y así, con esa belleza carente de preciosismo, reflexionamos sobre el tiempo, lo fugaz y lo perdurable que es todo.

- Culturetas entregados

18 enero, 2006

Salinger & Glass Express

Subido a ese tren de alta velocidad que es Salinger rozo el descarrilamiento persiguiendo a los Glass, esos viejos conocidos. Aquí es por otros dos cuentos largos, casi novelas, sobre Seymour y Buddy. El primero es inevitable en todo lo escrito sobre la familia; el segundo ejerce de narrador detallando con profundidad enfermiza el vínculo y la dependencia respecto a su hermano mayor.

Leyendo 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado' se avanza a la velocidad del sonido. La prosa de Salinger, por lo general fluída, a veces ralentizada por su intelectualidad, es aquí ágil, ocurrente, mundana y superficial. Hay reflexiones densas, brutal nostalgia -humorística y cínica, desde luego- y mucha emoción contenida, pero se va más por lo anécdotico y cómico. La historia es breve: Seymour va a casarse por sorpresa y Buddy es el único Glass que puede asistir a la boda. En ella o, mejor dicho, en lugar de ella, se ve inmerso en una aventura entre prohibida y absurda, incómoda pero apasionante que, a la postre, le terminará acercando todavía más a su hermano mientras deambula sin él entre personajes tan realistas como locos, retratados con una maestría que los cnvierte, de inmediato, en familiares. También hay reflexión sobre el amor y el matrimonio, las apariencias sociales, los juicios y los prejuicios y la libertad individual como arma frente al "qué dirán".

Este desenfrenado y humoristico torrente se convierte en un tranquilo y amargo caudal de melancolía en "Seymour: una introducción", donde Buddy cambia de tercio y moldea la figura de su hermanito del alma. Como un gigántesco epitafio, leemos el perfil pormenorizado del líder mental y sentimental de los Glass, del "Mesías Seymour". El gigantesco panteón de palabras termina ahogando una historia que Buddy o, mejor dicho, Salinger, trata de oxigenar con recuerdos de la infancia y llamamientos directos a la atención del lector. Los primeros son agradables; los segundos, aunque disfrazados de reparos de un narrador vergonzoso, pueden terminar cansando.

"Levantad" es entonces una pequeña y deliciosa construcción que une lo que puede pasarle a cualquiera con el maravilloso y tortuoso mundo de los Hermanitos Glass. "Introducción", en cambio, no llega a satisfacer del todo. El personaje es tan admirado y solemne que erigirle un monumento exige de demasiadas letras: emplear tantas sólo en su pedestal me termina resultando pesado.

17 enero, 2006

Y este cuento se acabó

Cuando se estrenó "La Amenaza Fantasma" me negué a pagar una entrada, porque eso de la pre-secuela-trilogía apestaba a chamusquina. Después vi la película en casa y, dadas sus pésimas referencias, no me pareció tan horrible. Era mala pero podía soportarse, así que cuando me dijeron que "El Ataque de los Clones" era buena incluso me animé a ir al cine. Dos horas y media después proferí, rasgándome las vestiduras, un lloro, una promesa, un grito: "Al Cochinillo Lucas no le darás ni un solo talego más". Pasó el tiempo y recibí, satisfecho, noticias de retrasos en la tercera, que se preveía el fracaso, que Lucas tenía el colesterol por las nubes... La vida me sonreía pero, cuando la estrenaron, le gustó a casi todo el mundo. Vaya. Me jodieron. Me moría de ganas de verla, pero una promesa es una promesa. Me devané la sesera un año hasta hallar la solución: alquilarla con un amiguete y, en el momento de pagar en el videoclub, decir que no llevo suelto. Toma ya. Desde hoy sé qué coño le picaba a Darth Vader, no le he dado un duro a Lucas y, para colmo, la peli es la hostia. Braaavo por la múúúsica, que nos haaaace mááááágicos...

Como no es necesario contar nada de la trama porque todos (salvo mi madre, la madre de mi madre y casi todas mis novias) sabemos perfectamente de qué va eso de Star Wars, me abalanzo a descifrar en apenas tres puntos por qué "La venganza de los Sith" es la mejor de las tres. Casi, si me apuran, de todas...

a) Pese a ser abundantes, los bichitos no pintan nada en la trama. Pintan tres o cuatro humanos que quieren matarse entre ellos, un embarazo no deseado, ambiciones y venganzas. El sueño de Lucas de que esto se parezca a Hamlet no tenía mucho sentido con lagartos parlanchines, robots con el cerebro de un ZX 48K o ronroneantes peluches. Las movidas son entre hombres: como dicta la realidad, vamos...

b) Los diálogos han quedado reducidos a la mínima expresión. Fuera sonrojantes conversaciones de amor o debates pseudopolíticos sacados de Sensación de vivir: que hablen las espadas láser, los disparos malintencionados y las batallas en naves. Sobre todo lo primero: abundan las decapitaciones, desmembraciones y mutilaciones varias. Mejor eso que un verborrágico Lucas chocheras.

c) En el fondo nos importaba un carajo la genésis de Anakin, cómo le desvirga una Natalie Portman pepona y los primeros berrinches del crío. Bobadas. Lo que queríamos ver de una vez era porqué se convertía en Darth Vader, de dónde venía esa mala leche y, sobre todo, para qué son los botones de colores que exhibe en el pectoral. Todas las respuestas, o casi, las tenemos en la peli.

Hasta aquí lo bueno, y no voy a meterme mucho en lo malo. Claro que surgen dudas (¿Porqué tiene pelo Yoda, ese cruce de madre de Gizmo y Shrek?... ¿Cómo puede ser tan insoportable Samuel L. Jackson, además culpable de todo lo que pasa a Any? ¿Era tan necesario que, sin venir a cuento, llamen por su nombre a Chewaka, Luke, o Leia, cuando ya todos sabemos que sí, que son ellos, que los hemos reconocido, y que también saldrán en las otras?), pero son menores dentro de una trama que engancha, imágenes que entusiasman y momentos, de verdad, muy grandes, como cuando le ponen el capuchón a Darth Vader. Aunque todos sabemos que con Lucas nunca se sabe (quizá quiera ampliar un poco más su rancho Skywalker, ese en el que se amontonan las pantallas verdes) la sorpresa se ha dado: es un más que digno colofón a una legendaria (y sobrevalorada) saga.

13 enero, 2006

Psicodelia Cañí

En 1964 y 1965 los Beatles eran dirigidos por Richard Lester en "A hard day's night" y "Help". No es necesario decir que la música es gloriosa, así que la sorpresa es la imagen, el guión... el cine. Son dos películas grandes que reinventan el músical y mucho más los films de cantantes de éxito, hasta entonces sólo productos de encargo. Resumiendo: si los de Liverpool pasaron a la historia del cine fue gracias a la frescura, espontaneidad e ingenio que también tenía Lester. Pasados cuarenta años, los dos films siguen siendo apasionantes y únicos.

En España, los gorriones tampoco se escondían al ver una cámara: El dúo dinámico debutaba en la gran pantalla en 1961, Raphael empezaba a filmar gorgoritos dos años después y Los Bravos, con "Dame un poco de amooor", contaban/ cantaban en 1968 la historia de un discipulo de Fu Man Chu. Pero lo mejor llegaba un año después, cuando el espíritu de Lester invadía el cuerpo del joven Iván Zulueta (el de la archiconocida, aunque se siga llamando maldita, "Arrebato").

Su historia era la siguiente: un grupo de amigos que lleva una tienda de discos decide sabotear MundoCanal, algo parecido a la OTI, debido a la pésima calidad de la canción española. Para ello envenenan o asfixian a los grupos candidatos a cantarla, presentados a través de arcaicos y deliciosos videoclips rodados en el Retiro o la Casa de Campo. Todo está en "Un, dos, tres, al escondite inglés", el "Help" de Pop Tops o Formula V, el "A Hard Day's Night" de Zulueta. El rodaje debió ser una fiesta; poder verla hoy en el cine, también.

Estética multicolor, imprevisibles diálogos y humor, mucho humor. Protagonismo para José María Íñigo (por partida doble), Tina Sainz (fabulosa), Patty Shepard (qué delicia) o Antonio Gasset (irreconocible). Hay frases inolvidables. Sorpresas. Sustos. Carreras, felicidad, ironía. Porque esos jóvenes trataban de revolucionar la música nacional y acabar con esa España. No estoy seguro de que lo lograran, mas gracias por intentarlo.

10 enero, 2006

Guerra, Moral y Mentiras

Como casi todo el mundo (soy menos original que los discos de Madonna) siempre que una película, un libro o un alimento me entusiasman me lanzo compulsivamente sobre otros productos del mismo director, escritor o especie animal comestible. Centrándonos en la literatura mi autor de moda es Kurt Vonnegut, padre de esa obra maestra que es Matadero 5. Una semana después de terminarla me he fundido "Madre noche", escrita siete años antes (1961) y protagonizada por uno de los personajes que aparecerían después en el libro sobre Dresde. Como hay películas sobre los libros, no descarto terminar comiéndomelos.

"Madre noche" es la narración en primera persona de la vida de Howard W. Campbell Jr., literato norteamericano que colaboró con el Ministerio de Propaganda de Goebbels durante el gobierno nazi. Original en la forma de abordar sus temas (por no decir semi-loco) Vonnegut finge ser el editor de esa autobiografía, escrita presuntamente en una prisión israelí donde Campbell está a punto de ser juzgado por sus crímenes de guerra. En realidad ni el propio acusado (que ha vivido décadas oculto en Nueva York gracias a la CIA) ni los que pueden condenarle saben demasiado de su pasado, ya que probablemente actuó en la II Guerra Mundial como agente doble facilitando información a los Aliados pese a no simpatizar con ellos (aunque tampoco con los nazis, se supone).

Como puede deducirse por esta torpe sinopsis el libro está repleto de sorpresas, sospechas, espionajes y contra espionajes. Podría quedarse en eso si no fuera porque Vonnegut inyecta humor y dudas sobre qué es la moral. El cinismo del narrador y protagonista sugiere que lejos de por ser nazi su colaboración con ellos fue por el amor hacia la buena vida en Berlín, el éxito popular de sus obras y, por encima de todo, la pasión por su esposa Helga. Los actos de Campbell durante y después de la guerra matizan esa afirmación, explorando las infinitas escalas humanas a la hora de calificar éticamente los actos.

Sin ser decepcionante "Madre noche" no llega al nivel de "Matadero", lo que no la exime de ser un más que aceptable libro. De nuevo los mejores momentos llegan en los fragmentos que describen la guerra y, en especial, la postguerra, como son también inolvidables los satíricos párrafos sobre el Ejército Nazi de Norteamérica, que translucen lo sinónimos que son los uniformes y la estupidez total.

- Wiki- Vonnegut

- Matadero me Mató

07 enero, 2006

Que hablen de uno, Vol.2

Miguel Ángel Hernando, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, insoportable pero querido compañero de trabajo me sorprendió hace un tiempito retratándome cariñosamente. El título del mensaje era "Rafita", y este es el texto completo. Lo menos que puedo hacer es coincidir plenamente con él...

"Aire lacónico, una fregona insertada en la cabeza y un montón de ideas alborotadas dentro de ella. Ése es mi Rafita, el de los putos momentos "divertidos", un hombre que ha hecho de la despreocupación una forma de vida. Nunca le verás alterado, ni nervioso, sólo escapara de él una media sonrisa que te que está diciendo "ladra, luego cabalgo". Eso sí que le encanta, 'montar', sobre todo la buena yeguada que habita al otro lado del charco. Donde esté una buena argentina, o chilena, o colombiana, frondosa de carnes, allí estará él, para seducirla, engañarla con sus tretas de galán desaliñado. Y dejo de escribir, porque tengo que ponerme a laborar".

06 enero, 2006

Cristales rotos

Decir J.D. Salinger es casi siempre decir 'El guardián entre el centeno', uno de esos libros que antes de leer sabes que te gustarán aunque sólo sea por no llevar la contraria a todos. La verdad es que es muy bueno, pero también lo son sus '9 cuentos' (especialmente el primero, 'Un día perfecto para el pez banana') y mucho de lo escrito sobre la familia Glass.

Es precisamente en el 'Pez banana' donde Salinger habla por primera vez de uno de los Glass, Seymour. Años después se centrará en 'Franny y Zooey', sus dos hermanos menores, protagonistas de una novela homónima dividida en dos partes: la primera en torno a la benjamina, Frances, una joven en plena crisis existencial a punto de reencontrarse con su petulante novio; y una segunda que profundiza en la familia a través de Zooey, el tercero y más escéptico de los cuatro hermanos, un poker de genios que sólo saben perder.

Las dos historias se publicaron separadas en 1955 y como novela en 1961. Después, los disfuncionales Glass protagonizarán mucha de la obra de Salinger: 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado', 'Seymour: una introducción' y 'Hapsworth 16,1924'. Esta primera novela, 'Franny y Zooey', no es maravillosa pero sí muy interesante, con una primera mitad tensa e intrigante, una de esas historias que nos llena de preguntas e interés por ver qué esconde la siguiente página, y una segunda más experimental y confusa, pero también ejemplo de la capacidad de su autor para sugerir traumas, adentrarse en mentes conflictuadas y proclamar la difícil hermandad inteligencia- optimismo, arte y felicidad.

Comparando obra y vida parece que hay mucho del propio Salinger en los Glass, tan indefensos pese a su belleza, cultura e inteligencia, niños geniales temerosos de perder su magia cuando la edad les corrompa. Odian crecer, por lo que sus libros irradian desesperación, soledad y tristeza. Leyendo sus andanzas envidiamos sus cerebros, pero también celebramos no haber sido así de listos, evitando tener que huir de una vida que nos romperá en mil pedazos.

- El enigma JDS

Jo Johnny, te echamos mazo de menos

Estar de vacaciones me expulsa de la realidad, por lo que no sé nada de los últimos expulsados de GH, la guerra entre Vic Adams y Ana Obregón o qué circo se organizó en torno al 25 aniversario de la muerte de Lennon (fue el 8 de diciembre). Supongo que televisiones y periódicos honraron su memoria sin parar, clamaron por lo mucho que nos falta y recordaron, fíjate, que era un genio. El vómito de costumbre.

Una semana después de aterrizar en Madrid, y de forma más íntima, he organizado mi reencuentro con él. No a través de sus discos (no oigo otra cosa desde que soy un bebé, como semi-analfabeto musical que soy) ni equipado con mi ouija (mi madre me la ha robado: se pasa las noches de ligue con Humphrey Bogart), sino viendo Imagine: John Lennon, documental que muestra, entre otras muchas cosas, su lado más íntimo a través de grabaciones domésticas.

Dicen que se trata de una obra de encargo: en 1987 un periodista, que nunca había hablado con Lennon, publicó una biografía acusándole de ególatra, violento, borracho y drogadicto. Aunque no llegó a afirmar claramente que, además, fue marica y del Atleti, Yoko Ono se puso guerrera y organizó la defensa. Encargó a alguien de confianza lavar la imagen del mito cediéndole el citado material de archivo, y convenció a Cynthia (primera señora Lennon), Julian (hijo mayor) y Sean (el pequeño) para hablar ante la cámara, prestándose ella también. Todos en fila dijeron que John era maravilloso. Que era humano, amante, padre. Les creo. Y la película me hace llorar.

Desde hace años intento convencerme de que, de no haber sido agujereado, Lennon se habría vendido y estaría trasnochado, repelente, muerto. No lo logro: le echo de menos y me siento un poco huérfano. También trato de que más música me llene, pero siempre vuelvo a los Beatles. Son los únicos que lo consiguen del todo. Y, más recientemente, saboreo un poquitó más la vida degustando películas y viajes, libros, amigos, mujeres, niños. Y termino fantaseando con lo que sería, fumándonos un buen peta, poder comentarlo con John, y que él lo hiciera canciones.

Todas esas tonterías las he vuelto a sentir esta noche. Gracias pues, obra de encargo.

03 enero, 2006

¿Esperando a Capello?

Dos personajes sin mucho que hacer hablan mientras esperan que llegue un tercero, que no llega a aparecer. Pese a la ilógica de la obra el público aplaude al final: lo último que importa es para qué se habían reunido los dos personajes. El Madrid estrena algo parecido a Esperando a Godot, esa cumbre del teatro del absurdo: el equipo, que marcha a once puntos del líder y ha triturado cinco entrenadores en dos años, acaba de encontrarse en el escenario con otro personaje: Cassano. A simple vista un duo imposible; quizá, un mero trámite a la espera de un tercero, Capello, que pueda darle sentido.

Cassano ya está aquí. No lo duden: es un fuera de serie. Uno de esos que, casi incomprensiblemente, florecen en un paisaje tan árido como el fútbol italiano, donde entre defensa y patadas, Materazzis y Gattusos, surgen Baggio, Zola, Del Piero o Totti. Entre ellos está Cassano, menos elegante pero más chisposo, pícaro, imprevisible y rabioso.

Sin cumplir los 24 ha protagonizado un scudetto, maravillosos goles, escándalos y dos grandes traspasos: el último, firmado hoy mismo. Tiene el talento de los grandes, pero una cabeza tan frágil como las piernas de Woodgate. Para colmo juega de lo mismo que Raúl, Robinho o Baptista. ¿Un fichaje tan desastroso como el del inglés, cambiando lesiones y recaídas por berrinches y desplantes?

Una piraña genial
A día de hoy, y en este Madrid, es muy posible que sí. Preocupa pensar lo qué pueda hacer con un entrenador incierto como López Caro alguien que ha desquiciado (después de enamorar, eso sí) a Trapattoni, Lippi o el resto de los que le han ordenado. Es dudoso que, en medio de tan poco sacrificio, haga falta otro genio cuyas rabietas, obsesión por la portería rival y explosividad no permitirán esfuerzo y solidaridad. A nivel mental cualquier psicólogo sería claro: no metan a esta pequeña piraña en unas aguas revueltas. Metida está.

¿Entonces? Su llegada sólo se explica como un guiño, el primer cebo, para la voracidad de Capello. Sólo bajo sus órdenes el Indomable, el Inmaduro Cassano ha rendido como puede hacerlo: a un altísimo nivel. La llegada del delantero, y casi todo el equipo, parecen exigir la vuelta del durísimo entrenador. Arrasando en su país por segundo año consecutivo, al mando de sus tropas blanquinegras, Capello debe estar cómodo, pero le encantan los retos y aún más el dejarse querer. ¿Es Cassano, el genio inestable, la guinda del pastel que ha pedido Capello?. Podría ser: Florentino puede haber empezado a amasarlo. Aunque la efectividad del entrenador italiano sea indigesta para gran parte del público este famélico Madrid, y con él su presidente, necesitan seriedad, fútbol y títulos. Lo contrario será hambre y teatro, pero teatro del absurdo.

- Otra paja mental en Terra

02 enero, 2006

Mi frase de cada segundo de mes

"El blog es la salvación del mundo editorial. Evitará que muchos idiotas intentemos escribir un libro".

Que hablen de uno, Vol.1

..aunque sea así de mal.

- La bestia salvaje (España 2005), por Fabián Casas

01 enero, 2006

Quiero ser Tralfamadoriano

¿Cómo definir un libro como "Matadero 5"? Escrito en 1969 por Kurt Vonnegut, clásico de la literatura norteamericana pero no muy conocido en España, narra el bombardeo sobre Dresde durante la II Guerra Mundial. Pero también detalla el rapto del personaje principal de la novela a manos (tentáculos) de extraterrestres. E inagotables y aprovechables detalles sobre lo que es viajar en el tiempo. Ah, y también mucha autobiografía, porque Vonnegut vivió en primera persona el citado bombardeo y tardó 23 años en resolver cómo afrontar este trauma. Al hablar sobre la muerte de más de 135 mil personas también es un drama devastador y antibelicista, pero... ¡provoca carcajadas! Lo dice Vonnegut: "Lo cómico es tan integral en mi vida que si empiezo a trabajar en una historia sobre cualquier tema y no encuentro elementos cómicos la dejo". ¿Qué es, entonces, "Matadero 5"?

Todo. Un libro tan extraordinario como para impedirme dormir durante todo un Madrid- Buenos Aires. Una lúcida reflexión sobre los horrores de la guerra ("es imposible escribir nada heroíco, épico, humano sobre ella"), sobre las heridas mentales que deja, sobre cómo aniquila el espíritu de civiles y soldados. También es una reflexión honesta y desengañada sobre el pacifismo: la propia naturaleza del ser humano hace inconcebible la desaparición de las guerras. Escribir contra ellas es como hacerlo contra los terremotos o los glaciares.

Como las mejores obras de la ciencia ficción se atreve a encarar el sentido de la vida o la muerte y el qué hacemos los humanos aquí. La vida está escrita: no importa lo que hagamos con ella pues todo se desarrollará según estaba previsto. La muerte tampoco tiene valor: no tiene más importancia que la que tuvieron los billones de fiambres que palmaron antes que tú. ¿Los humanos? Tan imprescindibles como un grano de polvo pero tan complejos e inquietos como el universo. Nuestra resistencia a aceptar nuestra intrascendencia, la irreductible fe en nosotros mismos fascina hasta a los habitantes de un planeta a miles de años luz de la Tierra. Tralfamadore.

Billy Pilgrim, protagonista, puede regresar de la muerte, ver con exactitud el futuro, sacrificarse por la humanidad en un gesto que le llega a equiparar a Cristo o copular, en un zoo extraterrestre, con una estrella del porno. Pilgrim, pésimo soldado, mediocre esposo, mal padre, no tiene nada que le haga especial, salvo terminar convirtiéndose en el hombre más sabio que jamás haya existido.

Son los tralfamadorianos, habitantes del planeta Tralfamadore, los que le muestran la verdad universal. Los tralfamadorianos no entienden el tiempo como algo lineal, sino espacial. TODO sucede a la vez. Los tralfamadorianos excluyen de toda responsabilidad o culpabilidad al hombre: se limitan a contemplar extasiados nuestras peripecias. Los tralfamadorianos son tan inteligentes como podamos soñar, conocen múltiples sistemas solares pero no pierden el tiempo preguntándose de dónde cojones vienen, hacia dónde van o quién les ha puesto aquí. En vez de pelear, difunden el amor. Los tralfamadorianos son tan grandes que quizá, quien sabe, son la única escapatoria mental para un hombre enloquecido por la guerra. La llave de la lucidez para el atrapado en un manicomio asesino.

Por su ambición y complejidad, por su diversión y enseñanza, por su cinismo y poesía, "Matadero 5" es para mí imprescindible.

- Gente más inteligente hablando sobre la novela

- 'Matadero 5' en Wikipedia