08 abril, 2006

La del pulpo

Un borrachín de mediana edad es encerrado durante quince años en un apartamento de decoración sesentera. Por si sentirse atrezzo de Cuéntame no fuera suficiente tortura es alimentado cada día con la misma comida, y su único contacto con el exterior es una televisión. No hay ninguna explicación, lo que produce interés. Viendo un informativo descubre que su mujer ha sido asesinada y él es el principal sospechoso. No tiene mucho que hacer por lo que boxea con paredes hasta ser una máquina de matar, sufre alucinaciones con hormigas digitales y elabora una lista de posibles responsables de su patética situación. Rubalcaba no está en ella. Le crece el pelo y pasa de ser un cualquiera a un personaje atractivo. Como todo lo que viene se va es puesto en libertad de nuevo: momento de buscar culpables y, sobre todo, venganza. Moooola.

Tras ganar en Sitges (sabemos el tipo de cine que en dicho festival se lleva) y obtener el Premio del Jurado de Cannes (casualidad, presidía Tarantino) "Old Boy" se estrenó y siguió el ciclo habitual de toda obra de culto asiática: poco tiempo en cartel, críticos que la ensalzan y fanáticos de la ciencia ficción epatante y sin mucho raciocinio llevan a mis cerúleos oídos ecos de que es magistral. Termino comprándola en DVD, a un precio desorbitado (13 euros). ¿Demasiadas expectativas? Cagón to...

Mientras no se entiende un carajo la cinta y sus personajes rebosan poder, hambrientos por conseguir sus propósitos. Es lo que tiene esa afición oriental de convertir la más mínima afrenta en cuestión de vida o muerte. Lo que debe ser una junta de vecinos en Hong Kong o vigilar una Zona de Estacionamiento Restringido en Shangai. Pero de pronto llegan las respuestas, y con ellas superficialidad e inocencia. Las lagunas en la trama se suplen comicamente: soporiferos gases, hipnosis, gadgets que paralizan corazones de mentira. Desparrame. Como un Cadillac sin frenos se estrella contra el muro de la credibilidad.

Pasan minutos y lo más rememorable, la verdad, empiezan a ser las salvajadas, abundantes y diversas. Más piezas dentales sacadas que en un combate de Tyson. Más disparos al cerebro que en los cumples del Pelusa. Autoamputación de... bueno, partes musculosas del cuerpo. Y por supuesto la ingesta de un pulpo vivo, que puede interpretarse de muchas formas. A mí me parece una guarrería. Y como el pulpo sea de verdad Brigitte Bardot pondrá el grito en el cielo, y con toda la razón del mundo.


¿Entonces? Un poco lo mismo de siempre. El afán de venganza de Kill Bill. El lavado de honor a través de sangre y desmembramientos tan japo. Escenas de acción sacadas de un videojuego (la de zafar de cuarenta malos armado con un martillo es brillante). Y por encima de todo: el "pop-nihilismo" o trampas-estético-contundentes" de David Fincher. Llenamos minutaje con pistas falsas (el palillo y el intento de fuga) e incoherencias (el protagonista debía ser un pésimo estudiante, porque saca veinte años a sus excompañeros de clase) y fuera: tenemos la enésima obra maestra del moderno cine oriental.

¿Puede verse? Lo dicho: la primera media hora es bárbara. Las truculencias abundan pero tienen cierto estilo. Provoca el "¿en qué coño terminará esto". Y, sobre todo, tanto oir que es estupenda merece contemplación y respuesta. ¿La mía? Más aburrido es ver un partido del Madrid, pero jode su propósito desesperado de mostrarse como obra de culto, su ilógica y efectista trama, su pueril e injustificable final.

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