"Basura en Pamplona", dice José Luis Amorrortu Josetxu, recogedor de basura y barrendero¿Cuánto tiempo llevas trabajando en esto?Lo cierto es que no demasiado. Déjame pensar... tengo 27 años, así que unos 8, desde que terminé la Ingeniería de Caminos y Físicas y los seis cursos de violín en el conservatorio. Después estuve en el observatorio espacial de Reykiavik, desfilando como modelo en Milán y viviendo dos años en Australia a costa de Kylie Minogue... ¿Cómo que cuánto llevo en esto? ¿Qué tipo de pregunta es esa? Toda la puta vida, ¿cuánto quieres que lleve?. Uno no echa currículums ni cambia de empleo hasta llegar a esto: no talla como un escultor su carrera profesional hasta ser recogedor de basura en Pamplona. Tío, dejé la ikastola cuando tripití cuarto de EGB y pasé tres años en casa, encerrado por mis padres, para no empezar a delinquir. Así hasta que cumplí los 14, y pude trabajar en algo legal y no fabricando balones Nike en Indonesia. Cuando mis padres iban a operarme la cara para venderme a algún circo ambulante salió esta oposición y no la dejé escapar.
¿Por qué basurero en Pamplona? ¿No hubieras preferido ser cantante de algún grupo de pop mundialmente conocido? ¿No te atraía el cine? Eres alto, bastante guapo y no tienes mala voz... Pepe Isbert o Bogart no tenían esas virtudes y pese a todo lo lograron...Siempre, desde pequeño, me atrajo la basura. Ya en el colegio, en los recreos, mientras los otros niños se comían el bocadillo o la palmera de chocolate, yo recogía las que se les caían al suelo o tiraban a los niños más débiles. Es más, a veces hasta me castigaban por tirar a los cubos de basura a esos mismos niños débiles. Pero no era sólo en el colegio... En las fiestas de mi pueblo, Villava, cuando instalaban el tiovivo, los niños se sacaban los ojos por montarse en el Ferrari descapotable y las niñas afilaban uñas para ocupar el Pequeño y Sonrosado Pony. Los que tenían suerte se quedaban con la nave espacial, los más atrevidos compartían carroza real con alguna princesita. Yo no, prefería pasar antes por el bingo y sus sorteos, acumular los cartones que envolvían los regalos que la gente ganaba (ventiladores, batidoras, explosivos varios) y tras untarme con la grasa del puesto de bocatas subirme al pequeño camioncito de la basura, justo al lado de la motito de policía. Allí, con mis cosas, la rueda mecánica del tiovivo bailaba, el universo giraba a mi alrededor y la música de los Chichos, Alaska y Dinarama o Barricada me decían que yo iba a valer para algo. Ah, a veces también ponían a Negu Gorriak.
Ah, y a Kortatu.
¿Cuáles fueron tus primeros San Fermines? ¿Qué edad tenías la primera vez que trabajaste en ellos?Bueno, como te he dicho antes soy de aquí, de Burlada, así que antes de trabajar ya los conocía como cliente. -José Luis rie, se da un cabezazo contra la pared y se bebe medio litro de vino. Qué cosas-. ¿No sería divertido que eso fuera lo que, definitivamente, asentó mi vocación? Seguro que Sabino Arana escribió algo sobre ello. Recuerdo a mi padre tirando vasos al suelo, mi madre paquetes de tabaco, mi hermana cajas vacías de preservativos completamente borracha... Todo el mundo haciendo mierda, llenando Pamplona de mierda. Pero por las mañanas, cuando casi nadie se da cuenta o piensa en cualquier cosa menos en ellos, descubrí a otro tipo de gente: gente abnegada, como un ejército salvando a la ciudad, rescatándola de su periódico y sucio naufragio. Los Carnavales de Río, el Love Parade berlinés, las manifestaciones del Foro de la Familia... Si algo diferencia a estas jodidas fiestas de Pamplona de otras explosiones de felicidad humanas, de ese hedonismo suicida, de esta tan enloquecida forma de vivir la vida, es la porquería que aquí se acumula. En ningún lugar has visto más roña, porque no tienes pinta de haberte criado en un basurero de Lima. Es la basura contra el hombre, como una invasión alienígena.
Cuando en esos momentos uno contempla las calles, se pregunta para qué merece la pena vivir. ¿Hace falta otro creativo que invente más publicidad maldita? ¿Son necesarios tantos políticos, tanto militar, tanta guerra? Piensa en tus malditos artículos. El mundo podría seguir viviendo sin ellos. Pero pregúntale al mundo lo que pasaría si nadie recogiera esto, si año tras año, San Fermín tras San Fermín, fuera acumulándose toda esta cochambrería. La basura se desbordaría y todos tendríamos que huir. Y no sé adónde, porque la basura te llega allí donde estés. Te perseguirá, toda la vida.
Vale, tío...Limpiar esa basura es lo que le da sentido a mi vida. ¿Ahora ves imposible que esto quede limpio? Pásate cuando esto termine, agáchate y mira cómo estará el suelo que ahora contemplas. Ven el 14 de julio a verlo...
No puedo. Estaré en París, celebrando el Día Nacional. Y ahi será mejor que no me agache a mirar ningún suelo. Eso pienso, y eso le digo a este hombre enfundado en su traje fosforescente y mucha más seriedad en la mirada que la que puedo encontrar en todos los que me rodean. No puedo creer que todo esto lo haga solamente por devoción; también ha de ser por dinero. Me pregunto cuánto dinero cobrará, pero no me atrevo a preguntárselo: es posible que me meta una ostia. ¿Cuánto ganas? (otra vez). Es decir...¿Cuánto te pagan?¿Sabes? ¡No tengo la menor idea! Es mi madre la que me lleva las cuentas. Creo que tengo millones de acciones de no sé qué eléctrica, varios pisos alquilados en Pamplona y lo que me pagan aquí. Luz, suelo y basura en San Fermines: lo único que necesitarán siempre, como las plantas, los hombres. Eso dice siempre mi madre, y el párroco la castiga entonces con rezar varios rosarios.
Y es que si por algo es conocido el pueblo navarro, además de por sus botas, sus boinas y sus San Fermines, y el Osasuna, es por su religiosidad. Todo está dictado por una muy particular moral, repleta de catolicismo y tradición. La familia, las relaciones, las fiestas... incluso la fe y las creencias de uno, qué pasa cuando te mueres y esas cosas, se ven afectadas por la religiosidad. ¿Es ésta la gran tragedia del pueblo navarro?En mi modestía, creo que es más bien la falta de mar. Esto con playa sería el despelote total. Una pregunta de esas que gustan tanto los que reciclan cosas: ¿Qué tipo de vertidos son los más frecuentes? ¿José Luis? ¿Josechu?Mantén las distancias, gatita. Si vieras lo que les hacemos a los toros, a las rocas y a los árboles no hablarías tan a la ligera. Tenemos dos tipos de basura: la inorgánica y la orgánica. La segunda suele, en cuanto logra ponerse de nuevo en pie, seguir bebiendo. Y sí, también hay mucha basura inorgánica. Lo acostumbrado: plásticos, vidrios, plásticos, vidrios, plásticos, vidrios. Pero también nuevas cosas. Como lo fue, en su momento, el tetrabrik, con sus pequeños trocitos de cartón tan dificiles de barrer... ¿Y el abrefácil? ¿Quién coño descubrió el abrefácil?
¿Puedes hablar, especificar, algo más sobre los orgánicos? Suena interesante. Son mucho más interesantes las cosas orgánicas que las inorgánicas, me parece.En cuanto a los orgánicos, además de los deshechos orgánicos microscópicos, de los que se encargan aquellos que inhalan cosas, luego si quieres te pasas y me preguntas, están los resíduos de gran tamaño, también. Longanizas locales caídas de bocadillos, pan caído de bocadillos, perros abandonados por los hippies, hippies abandonados por los perros. Borrachos, drogados, gente en coma. Embarazados. Muertos. Los muertos pueden hacerse embutido. Es bueno, el de aquí, muy famoso. Los vivos suelen ser respetados. Según estén. Beben mucho. Hay mucha gentuza, pero es buena gente.
Es bueno, José Luis. Y es bastante mono. Y vuelve a calzarse sus guantes reforzados, los que sólo se quitó para mostrarme un sello familiar y una pulsera con su nombre que creo que le regaló su novia, no sé, es horrible, la pulsera digo. Y se pone manos a la obra, a dejar esta ciudad, a la que tanto ama, en la que ha nacido, como los chorros del oro.¿Somos conscientes de lo que sería esto sin José Luis? Es un ejemplo. No sólo él. Todos los José Luises que aquí trabajan, y los que no se llaman José Luis. Todos. ¿Recogiendo y limpiando esa mierda? ¿Es que no podemos reconocerlo, joder?Cuando uno escucha hablar de una tragedia, de una guerra, de una catástrofe natural, surgen siempre palabras como “ahora se teme/espera la llegada del colera, la peste, la malaria”. Esas mierdas, las enfermedades. Nuestras enemigas. Si Pamplona y los que aquí vienen salimos indemnes de todo es, en gran parte, por gente como José Luis -incluídos los que no se llaman así, claro, y los vascos además tienen unos nombres preciosos-. Así que sigamos manchando, tirando cosas al suelo, meando entre los contenedores y vomitando para así seguir bebiendo, en medio del detritus y la porquería. Podemos estar tranquilos. Ellos, como aves fosforescentes de paso, como chispazos de sol o partículas atómicas a ras de suelo se cruzarán con nosotros después, muy pronto, sin ni siquiera mirarnos. No los temáis, son buenos, aunque tened cuidado con no acabar dentro de sus camiones, triturados, o que os salpiquen sus mañaneros y gélidos chorros de agua. Sí, esos mismos que hacen que las aceras brillen como si aquí no hubiera pasado nada.