29 agosto, 2007

Con pelos en las alitas

Descartados Spielberg y Takeshi Kitano será el propio Antonio Mercero quien rodará, a finales de 2007, "Tobi 2", la esperada continuación de "Tobi", esa maravillosa película que hiciera derramar tantas lágrimas en las butacas de los cines y tanta lejía en las baldosas de los patios españoles, manchados por la sangre de niños estampados tras intentar repetir las piruetas del hermoso niño alado.

El proyecto, financiado con capital hispano-portugués y una gran -y muy necesaria- subvención de la Unión Europea, volverá a contar con la participación de Lolo García, el inolvidable protagonista de la "Tobi" original. Pese a tener ya 42 años, menos pelo en la cabeza que el pecho de un nadador y un notable sobrepeso, que encarecerá enormemente la fabricación de cables metálicos para las tomas aéreas, Lolo García se mostró 'encantado' de volver a ser Tobi, siempre y cuando en el rodaje "me llamen Víctor Manuel, un nombre precioso", como dejó claro en la rueda de prensa de presentación del film.

"Tobi" fue el punto final de la carrera cinematográfica de Lolo García, quien marcado de por vida por el inolvidable papel de angelito empezó a estudiar económicas, donde no le fue mucho mejor, y terminó de antenista. Una enfermedad de tiroides, algo de vértigo y, sobre todo, su adicción a la bollería industrial terminaron apartándole también de dicho trabajo, por lo que desesperado acudió de inmediato a esta nueva llamada del cineasta.

"¿Es que alguno de vosotros ha olvidado ese final en el Parque de Atracciones?", preguntó un sudoroso García a los periodistas presentes, que se miraban interrogándose sobre quién era ese repulsivo y orondo actorzuelo. "Yo no. Por eso, y porque tengo que mantener a una familia de hamsters, no lo dudé ni un segundo cuando Antonio me ofreció meterme otra vez en la piel de Tobi".

En la piel y en los pañales, si es que entra, porque si efectivamente es difícil olvidar ese final aún más imborrable es el aspecto de afeminado del mencionado angelito. Marginado en el colegio por salirle plumas, sometido a investigaciones biomoleculares para descubrir el origen de su rareza y motivo de chistes de tan pésimo gusto como "¿tú qué pasa, es que sólo comes pollo?", los sufrimientos del niño no sólo sostienen la película sino que son un ejemplo más del afán de Mercero por hacer sufrir a sus espectadores.

"La vida es alegría y pena, y es de eso de lo que hablan mis películas", afirmó el veterano director parapetado tras su canoso flequillo. "¿Que si la hago por dinero? Por supuesto. Pero también por dar respuesta a las miles de interpretaciones que, a lo largo de los años, se han dado a mi historia del niño con alas". Lolo García ahondó en la cuestión explicando que, como ya pasara en el original, nuevamente Tobi no tendrá su voz sino la de Matilde Vilariño, dobladora del primer Tobi y también de Pablito Calvo o La Abeja Maya entre otros muchos personajes.

¿Un ángel gordo, de 42 años y peluca? ¿Con la voz de La Abeja Maya? ¿Dirigida por Antonio Mercero? ¿Pero qué es esta tomadura de pelo? ¿Es ésto el nuevo cine español?

06 agosto, 2007

Balcón del Tiétar, 2

El pueblo no está sobrado de diversiones: el parque de la boina y el museo etnográfico fracasaron, y Eurodisney sigue en París aunque allí siempre llueve y todos los Mickey Mouse son pedófilos. Por eso aquí es agradable irse al monte y encontrar, a unos cuatrocientos o quinientos metros, unas Ruinas Arqueológicas carentes de vigilancia. Me gusta colarme en ellas, y contemplar cómo era la Tierra hace millones de años. También me gusta romper piedras y ver cuáles tienen fósiles dentro, o coger crustáceos antediluvianos que vivos me hubiesen comido. A veces encuentro helechos cretácicos que pueden fumarse, aunque mi madre asegura que el iridio es muy malo para los pulmones.


Después de ver esqueletos de saurópodo e iguanadón vuelvo a casa y cocino con mi madre. Es como sentarse con Raytheon o Lockheed Martin a hacer aviones de papel: del propósito inocente pronto salen máquinas de aniquilar personas. Mi madre hace tanta comida que termina repartiéndola por las casas de las familias del pueblo, que así pasan en segundos del hambre a atrancar las infraestructuras locales. La Tía Vitoria, de 94 años y con una salud espléndida, murió ayer mientras se echaba la siesta. La Guardia Civil la encontró en el estómago un cocido de mi madre.

Si hay algo en mayor número aquí que en Madrid son moscas. Son dípteros -me lo explicó el otro día mi tio mientras se cagaba en su puta madre-, porque sólo tienen dos alas o, mejor dicho, la segunda pareja es de un tamaño minúsculo. No son tábanos ni moscas azules sino moscas domésticas, definición que las viene al pelo -a la antena, en este caso- porque siempre están en casa. Para evitarlo mi madre tiene todo el día las ventanas cerradas, las persianas bajadas y la luz no puede encenderse de noche. Temo que algún día me asfixie y tengamos que vivir siempre aquí, apareciéndonos a cada nuevo inquilino.

El otro día, en la piscina, vi a una chica de la que me enamoré de pequeño. Nunca hablamos, pero sé que entonces ella llevaba un bañador azulgrana y yo un 'Turbo' de competición. Con esas caderas y tan poco paquete entiendo que me diera verguenza acercarme a hablar con ella. Esta vez me pasó algo parecido: temí que sus dos hijos, muy pequeños, empezasen a llorar y gritar.

Cumpleaños feliz, cumpleaños lombriz

- No está aquí el alma de mis fiestas. Se llama Emc2 y es un robot de revisión en Brasil.
- La chica de la limpieza no me felicitó con mucha efusividad: quiso pegarme por pisar suelo recién fregado.
- Hace una semana fue el cumpleaños de mi madre. Insuperable. Perderé en la comparación porque es el evento social del verano.
- Mañana madrugo. Tengo que terminar una página de mi libro. El Vacaciones Santillana.
- No paran de felicitarme. ¿Por qué todas esas hijas de puta sólo me llaman el 6 de agosto?
- No espero un día especial. Soy tan bobo que espero que los otros 364 días lo sean.
- Me gustaría estar en otro lugar, sin ir más lejos el baño. Llevo media hora meándome.
- Todos mis amigos están de vacaciones. O dejaron de hablarme. O ambas cosas a la vez. Ojalá pillen tornados.
- Ya tengo todo lo que me regaláis. Soy tan previsible como caprichoso y mimado.
- Definitivamente los cumpleaños son como las bodas o los entierros: tienen gracia cuando es el de los demás.

03 agosto, 2007

Balcón del Tiétar, I

No es broma: el pescadero del pueblo se llama Lucio y podrías confundirle con una trucha gigante. Además de eso, Lucio tiene un terrenito con pinos y olivos y, en medio de los árboles, una piscina fresquita. Lucio, que adora el vino, invita a la piscina a todas las amigas y clientas, pero nadie le hace caso: entradas en años y kilos se niegan a mostrarle un centímetro de piel a ese mirón, que encima huele a merluza.

Luis tiene cinco años y unas gafas del grosor de un telescopio. Bajo la espesura de los vidrios sus ojos parecen enormes, pero todavía son más grandes cuando se quita las lentes. Nunca llora, y las pestañas se le agolpan en los párpados como matojos negros de hierba. Pasa las vacaciones con sus abuelos y le encanta: ver con ellos películas de toreros, trepar por sus espaldas y jugar al dominó también. Ellos ya se lo imaginan de mayor, vestidito de luces, pero ¿podrá torear alguna vez ese niño con ese pedazo de lupas?

Soy tan popular en el pueblo como George W. Bush en Teherán. Pero lo estoy consiguiendo: volviendo de la piscina solo en el coche, en una tarde de calor insoportable, recogí a cinco chicas que hacían auto-stop. Las cuestas del pueblo son pinas, y ellas parecían cansadas y cubiertas de polvo. Las subí, y desde entonces no me las quito de encima: esperan todos los días, oteando desde lo alto de unas rocas, a que termine mis treinta largos para que las suba al pueblo. Alguna de ellas es rubia y mona, pero ninguna tiene más de doce años. Son mis micro-amigas.