23 abril, 2006

Sangre de ganador para el Barça

Dicen que, en el partidillo con el que concluía la prueba para las categorías inferiores del Barça, ese melenudo incansable era el menos dotado de todos los chavales presentes. Sólo su ilusión y brega permitieron que fuera seleccionado: once años después, aquel extremo poco sutil es uno de los mejores defensas de Europa y el gran baluarte azulgrana. ¿Qué pasó en esta década?

Trabajo, trabajo y trabajo. Una década de trabajo en el gimnasio, puliendo el esqueleto capaz de aguantar la carrera a los delanteros más rápidos, construyendo la coraza que pudiera detener en el choque al nueve más poderoso. Trabajo también casero, contemplando los videos que esconden los secretos de los mejores defensas, zagueros insuperables que, como su ídolo Paolo Maldini, mezclaban técnica, experiencia y físico.

Pero, sobre todo, duro trabajo en el campo, aprendiendo en cada entrenamiento cómo detener a Rivaldo o Saviola antes, a Eto'o, Ronaldinho o Messi ahora. Y en cada partido, exhibiendo una concentración constante, atento a quién sube, quién baja, cómo dejar menos huecos. Puyol, físico, formación y trabajo: la fórmula del capitán, líder y muro del Barça.

El debut de Figo
Fue Van Gaal el que le hizo debutar en el primer equipo, hace seis años y medio, en Valladolid. Meses antes, en el Barcelona B, había estado a punto de fichar por el Málaga por la falta de oportunidades, pero en un partido de entrenamiento contra el primer equipo enamoró al holandés y le subió de categoria.

Van Gaal nunca fue un ídolo en el Camp Nou: un año después, y con Serra Ferrer en el banco, Puyol empezó a serlo gracias a su marcaje individual sobre un Figo que, en un ambiente hostil, se estrenaba como madridista en el coliseo azulgrana. Puyol lo secó: el cariño de su afición no dejó de crecer desde entonces.

Capitán, central, ganador
Tampoco ha cesado de crecer Puyol como jugador. El lateral derecho incansable, pero también algo atropellado y que sobrevivía por su físico, ha cambiado. Primero de posición, pasando de lateral a central, donde tiene mayor capacidad de mando y más ascendiente sobre la defensa. Después como personalidad en el campo, con carácter y saber estar, capaz de liderar y corregir a sus compañeros o detener, con nobleza, a flechas como Shevchenko, Ronaldo o Torres (de los pocos que, sin embargo, le siguen ganando partidas).

Injusto por naturaleza, el fútbol terminó recompensándole sólo en los últimos años. Ambicioso y hambriento de títulos, Puyol sufrió en primera persona las temporadas más negras del Barça, especulándose con su marcha a un club ganador. Pero Carles perseveró, apretó los dientes y se convirtió en el capitán del equipo: ahora es feliz en el Barça, sabiendo que a través del brazalete logró transmitir algo de su carácter a un equipo que siempre parecía condenado a perder.

- Lo mismo, en Terra

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