Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
31 marzo, 2007
La batidora de prisas, XIV
29 marzo, 2007
Back to the Steel, II
A aquellos que no terminen de verlo claro les diré que yo tampoco. Que manejé tres opciones además de la de las pesas: hacerme pasar por ciego. Maquillarme cada mañana para parecer un enfermo de lepra. Y seguir una dieta estricta de legumbres para, como una mofeta humana, poder ahuyentar a mis agresores con un repulsivo olor al sentirme amenazado. Una especie de fétido superhéroe: mola... bueno, olvídenlo. Prefiero lo del gimnasio. Pero... ¿cuál gimnasio? ¿Cerca de casa? ¿Y barato? Qué cantidad de preguntas para alguien que lleva tanto tiempo sin pisar uno.
Mucho tiempo, sí. Mucho tiempo sin escuchar el metálico repicar de las mancuernas chocando tras cada repetición. Sin sentir a mi espalda, como el bufido de un buey, las expiraciones e inspiraciones de algún tipo acompañando la estela de enormes cantidades de peso. El olor a sudor, el eco del "una más, una más, que casi no te estoy ayudando", los saltos de las chicas haciendo gym-jazz en el fondo de la sala... ¿dónde coño hay un gimnasio en Lavapiés?
He llamado a Antoñito, un viejo amigo del New Bodies, al que iba cuando vivía en Pueblo Nuevo, para consultarle. Quizá alguno de vosotros llegó a conocerlo: parecido a Epi pero no al de Epi y Blas sino al viejo jugador de baloncesto, aunque bastante más bajo y con mucho peor tiro. Curraba de pintor con su padre y no paraban de dejarle las novias, pese a ser un tío excepcional. Le llamé: además de lo del gimnasio podríamos quedar para tomar una birra. Confiaba en que siguiera viviendo en su casa o que sus padres pudieran facilitarme su número.
Al hablar con él me sorprendió que después de tanto tiempo me reconociera tan pronto, porque a mí me pasó lo contrario: pensaba que estaba hablando con su hermana. Tenía la voz muy aguda y las tetas, según me reconoció, como las de una vaca lechera. Antoñito, tras aconsejarme que no se me ocurra tomar esteroides, ha empezado a suplicar que nos casáramos, ante lo que me he visto obligado a colgar. Malditos esteroides. Le dejaron el cerebro con más agujeros que un escurridor de cocina, e imagino que el resto de sus órganos no estarán mucho mejor. Su hígado debe ser paté de carbohidratos y sus riñones, dos trozos de carbón requemados. Un desastre porque, la verdad, nunca imaginé que Antoñito pudiera haber terminado tan mal.
28 marzo, 2007
Back to the Steel, I
Pero es verdad que este fenómeno social, esta tendencia, de ver mi cara como un puchinbol con cejas me hizo reflexionar: ¿es culpa mía o de tanto videojuego violento? ¿Soy un imbécil o son las grandes producciones de Hollywood, que inoculan el germen de la agresividad y la ira? ¿Y Stallone? ¿Por qué insiste en convertir a los boxeadores en héroes con cosas como Rocky 6? ¿Por qué no rodó Cocoon 3? Sería más apropiado a su edad... En fin: vaya mierda de reflexión. No creo que a Sly le importe mucho que me sacudan mientras eso no afecte al precio del Botox. Así que pasé de las reflexiones a las soluciones: intenté comprar una Magnum 44 y a tomar por culo. Pero no es tan fácil como parece. Sobre todo si lo único de lo que puedes presumir ante los eslavos traficantes de armas es de tu melena rizada. Un desastre. Sobre todo por los nudos: pierdo muchísimo tiempo cada vez que me lavo la testa y tengo que desenredarme el pelo.
Preocupado, acobardado, con más miedo que vergüenza en resumen, pregunté a mis allegados: ¿Qué hago? ¿Porqué todo el mundo quiere pegarme? ¿Qué haces con ese bate de beisbol, Mamá? Ay. Casi todos me dijeron que emigrase. Vete de Madrid, es demasiado violenta para ti. Mejor Johannesburgo, o Sao Paulo. O la Luna. El caso es que te vayas: vete. Reconforta que tus seres más queridos se desvivan de esa manera por ti, pero ignoré sus consejos. No soy de los que huyen, a menos que en el incendio sea imposible salvar a los niños inválidos. Y además tengo múltiples obligaciones en esta ciudad. Una vida hecha. Alguien tiene que presidir las Juntas de Vecinos. Y ayudar a elegir calcetines a mi amigo Luismi, daltónico. Quiero ver crecer a mis peces. En fin.
Así que consulté otras opciones. Un conocido del barrio, profesor de salsa, me juró que asistiendo a sus clases podría, en tres meses, derribar a Mike Tyson. Como también me juró que conocería a infinidad de intelectuales solteras desconfié: sólo quería mi dinero. Se lo dí: hay que ver lo intimidatorio que puede resultar un merengue bien bailado. Las artes marciales tampoco me satisfacían: no sé qué tiene de arte recibir golpes sobre un tatami, y cuál es la diferencia con que te arreen en la calle. Yo lo único que quiero es conservar, de por vida, esta naricita -todo el mundo piensa que es operada, de lo preciosa que es-. Así que sólo quedaba una solución: la musculación. Las trincheras del culturismo. Convertirme en una mole de carne. Soy un cobarde, no podría pegar ni a Zapatero, pero si el enemigo no lo sabe quizá me mantenga el respeto. Un gigante corpulento siempre intimida. Unos bien contorneados hombros, unos triceps esculpidos como con diamante... el tipo de cosas que espanta, ostias. Y además sé decir un montón de palabrotas, malotes: dudo mucho que tengáis ganas de enfrentaros conmigo, y con mis titánicos glúteos, y mucho más si los realzo con un culotte ceñidito. Y esperad a que me ponga moreno.
Contra Adicción
23 marzo, 2007
Escher, en su tinta
¿Y quién es el tipo de la exposición, ese Escher? No sé, pintaba cosas raras, pero conocidas: una especie de precursor de esos libros en 3-D donde antes que un dinosaurio uno descubre lo que es el dolor de cabeza. También la conocida saga literaria "Dónde está Wally" podría encontrar su inspiración en Escher quien, como digo, si bien no agolpa masas si es seguido por familias, en las que padres preguntan a sus niños por la gracia de cada cuadro, como en un improvisado examen. Sorprende cuán brutos son esos niños, pero aún más el terror de los padres a que su hijo sufra un leve retraso mental, como si fuese tan grave. Volviendo a la Expo, decir que es fascinante desde que te introduces en ella, pese a sus dificultades: está casi a oscuras, sin carteles explicativos... en fin, un poco como una vagina. Una maravillosa experiencia. Si no recuerdo mal, cosa bastante probable, son 178 los grabados expuestos. Son todos bastante parecidos: pequeños, mucho blanco y negro, grabados, de Escher... Recorriéndolos se va teniendo la impresión de que, bien por motivos conyugales, por la II Guerra Mundial, o por ambas cosas, el pintor se volvió loco en un momento de su vida y su obra dio un gran giro. En la primera mitad de lo expuesto Escher parece una persona normal que pinta los países que visita: Italia -mucho, pero es que si algo sobra allí, además de italianos, son cosas para pintar- o España -no hay nada expuesto pero sin la Alhambra o Córdoba, insiste obsesivamente la Fundación, Escher no tendría sentido-. Adiós al antiguo Escher. Dejó cuadros muy bonitos, pero todavía era uno más.
Vaya: no sé desde qué sala, desde qué año, empieza el espectáculo. Aquí no hay playa: dimensiones, planos, detalles, color. Como Agatha Ruiz de la Prada pero a través del capuchón de Darth Vader: sentimiento trágico de la vida, trabajo y humor como brújulas para hallar el meaning of life: ritmo, pausa, sucesión de hechos casi invisibles, incomprobables, fantásticos. El mundo, sus animalitos, lo que hemos creado, lo que hemos jodido. Me emociono por momentos y empiezo a acercarme y alejarme de cada cuadrito como si bailara el cha-cha-cha, entusiasmado con uno de esos universos pequeños que cuelgan de la pared. Planetoide Doble, Charco, Gusanos Planos, Predestinación, Otro Mundo... Molesto a todo el mundo acaparando los que más me gustan, entro y salgo del camino de hormigas impidiendo la visión de los otros. Me río. Y me acuerdo fugazmente de mi padre: me hubiese traído todas las veces que se lo hubiera pedido, y sin preguntar si me estaba enterando de algo.
17 marzo, 2007
Suerte, Leo
RV: Hola Pulguita Messi. ¿Qué siente uno cuando, desde recién nacido, es bautizado con un apodo tan.. tan... no sé... No quiero decir nada que te importune, o que te haga pensar que soy un idiota. Estoy un poco nervioso, ¿sabes? La verdad es que te admiro un huevo.
LM:Siempre me shamaron así. Pulguita Messi. O Lentejita Messi, pero ahi era rechiquito. Cuando vino Saviola al Barsa quise haserme llamar Conejito 2, pero sonaba grotesco. Pulguita es lindo (sonríe).
RV: Podría ser tu padre, Leo... ¿qué años tienes? Yo 32. La verdad, estaría buenísimo ser tu padre. Y no sólo por la pasta. ¿Qué sientes al escuchar la palabra Maradona, entonces?
Nada. Y todo. Pienso en Él y, no sé, lágrimas. Los argentinos se lo debemos todo. Los futbolistas se lo debemos todo. Las multinacionales que fabrican tejados de uralita también se lo deben todo. Mara...
¿Sabes que viví dos años en Buenos Aires?
Maradona es una referensia gr..
Sí, sí, en Buenos Aires. Dos años. En San Telmo, No sabes la cantidad de viajes que hice. Trabajaba en Clarín.
Es entonces cuando La Pulga, o Leo, o Leonel o Lionel, no sé exactamente, recibe una señal en su cerebro, procedente del estómago, que le avisa inmediatamente de algo: tiene hambre. Es increíble lo rápido, lo instantáneo, que esa sensación se le transmite a través de millones de nervios.
¿Que cómo es Leo? ¿Físicamente, digo? Es lógico. Es pequeño, casi diminuto, y está hecho un toro. Hace mucho deporte. Es... no sé, el típico chaval con patas cortísimas y espalda de descargador de sandías, o melones, o tiras de asado -por su origen, argentino- o sandías o melones -también pueden ser argentinos-. Y posee una endiablada pierna izquierda. Y un pelo endiabladamente graso.
Che, boludo, ¿querés un choripansito?
Claro, yo viví en Buenos Aires, los tomaba con pomarola, en Constitución, cuando volvía de march... Che, Leo, no comas cosas con tanta grasa, tío. ¿No temes terminar como Elvis Presley? ¿O como Demis Russos? ¿O como el mismísimo Maradona, o Michel, que está más flaco ahora que durante sus últimos años en activo? Laudrup también engordó bastante, al final, en el Madrid.
Todos ellos fueron jugadores re-especiales. Pero ni a palos podré soñar, nunca, con ser la mitad de lo que llegó a ser El Diego.
Ahora hace televisión. Tú mismo saliste en su programa, Leo. No lo vi, porque ya vivía en España, pero todo el mundo me dijo que era una puta mierda. ¿Te gustaría hacer televisión, Leo? Déjame hablarte de mi madre. Ve mucha televisión. La gusta mucho. Sobre todo una serie española que se llama "Amor en tiempos remotos". O "Amor en tiempos difíciles". O "extraños", o algo así. También ve "Cuéntame".
¿Te gustaría conocer a mi madre, Leo? Es superenrollada. En su casa se pueden fumar petas.
Che, ¿sos puto? Hablá con Samu. Él cuenta lo que querás. Preguntale por los brasileiros.
Volviendo a ti, Leo: algún día pueden darte un Balón de Oro. En ese vestuario hay gente que ha ganado muchas cosas. Thuram. Deco. El mismísimo Ronaldinho. O Capitán Puyol. Y en otro sentido, ¿cómo es Thiago Motta? Debe molar. ¿No?
Tenés problemas, vos.
¿Alguna vez te irías del Barcelona? Supongo que no. Además algún desaprensivo -algún "hijo de puta" le digo, como por lo bajini, para crear complicidad- podría tirarte una cabeza de cochinillo. De cochinillo asado. En Argentina no se come mucho... Joder, está riquísimo. ¿Te gustan las croquetas?
Y sí. Sí. Haserle tres goles al Madrid supuso un punto que, a la larga, puede ser importante en la Liga. Y ganar en Huelva y marcar al final, pero sobre todo jugar los noventa minutos... Está todo bien, loco, pará, ¡¡¡no me toqués más...!!!
Joder, Leo, por ejemplo, eres argentino. Podrías haberte nacionalizado español de pequeño, pero no lo hiciste. Puedes ganar un Mundial, aunque sea como espectador. ¿Te sientes afortunado por ello?
En realidad es medio quilombo. Y no me gusta hablar de política. Yo sé de fútbol. Y hablo de fútbol, y lo hago en el campo. Preguntame de fútbol.
¿Temes, por ejemplo, caer en polémicas como la de tu compañero Oleguer Presas, el canterano catalán okupa? ¿No te parece que, con su apellido, tiene todo el derecho del mundo a opinar sobre lo que opinó?. Y otra cosa: ¿por qué España nunca hace nada en los Mundiales? Bueno, y luego está lo de las Eurocopas. ¿Por qué no jugamos bien?
Hay grandes jugadores españoles. Raúl ha sido, y sigue siendo, uno de los grandes. El otro día hice un anuncio con él.
Joder, Leo, Raúl era buenísimo, pero está fatal. Es más joven que yo, y tiene nenes, es lógico. ¿Que harás cuando te retires? ¿Serás entrenador?
¿?
¿A veces no te dan ganas de mandarlo todo al carajo, Leo? Debe ser súper difícil. Mucha presión, ¿no? Yo no sé si aguantaría...
No sé. Cualquiera.
¿No te pintaría que nos fuésemos a la India? Ahi, en tus ratos libres, tendrías que aprender a jugar al críquet, porque ahi el fútbol apenas se practica. Les flipa más el críquet. Ya sabes, parecido al beisbol. Es linda la India, Leo. No sabes qué sitios, qué paisajes, qué templos. Y la gente, tío. Too much. Joder, y se come de puta madre. Un día te cuento tranquilamente.
Perfecto, loco. Chau. Nos vemos.
Suerte, Leo, le digo mientras estrecho su mano, con cordialidad. Sabe que puede confiar en mí. Suerte, Leo. Y me lo digo también a mí mismo, porque de verdad lo pienso.
Y es al tocarle la palma de las manos cuando lo entiendo, en el acto, todo. Su magia en los pies, su ballet en alta velocidad, su atropellamiento asesino... Con esas manos, con esos dedazos, no hubiese podido ser pianista, o violinista, o cualquier cosa que tuviera teclas más o menos pequeñas. La verdad, es un crack. Un crack como persona -es indiscutible- y un crack como jugador -es indiscutible-. Es indiscutible. Creo. Así que suerte, Leo.