La tarde empezó con un partido muy breve, de tres minutos: el tiempo que tardó en poner el veterano entrenador del Maccabi, Pini Gershon, al primero de sus atléticos bases (Salomon) sobre Prigioni, provocando un cortocircuito total en la ofensiva del Tau. Tres cuartos y medio después Perasovic, que demostró su inexperiencia desde el banquillo en una de estas grandes citas, seguía buscando una solución mientras su equipo era completamente aplastado y, a duras penas, evitaba una derrota histórica. Anulado Prigioni (que terminó el partido con cero puntos, una asistencia y tres pérdidas), el único recurso de los vitorianos durante todo el encuentro fueron las desesperadas acciones individuales de Scola, Erdogan o Hansen...Nada ante un Maccabi crecido que, desde su efectiva defensa y mayor capacidad física, completó además un excepcional partido en ataque, con porcentajes de tiro insólitos en una cita de esta tensión. Aunque, la verdad, tensión fue casi lo que menos hubo en la exhibición amarilla...
Más esperanzas provocó el Barcelona con su gran arranque ante el CSKA, al que llegó a tener a trece puntos de diferencia, renta obtenida como casi siempre en los últimos tiempos gracias a la defensa y al lanzamiento exterior, ya que apenas se tuvieron noticias de unos pivots que apenas sumaron 18 puntos. Pero la gran carestía azulgrana no estuvo bajo los aros, donde el CSKA tampoco tuvo el mejor de sus días. Lo peor fue, y van muchas, la pésima lectura del partido en los momentos en los que el Barça pudo sentenciar. Aunque los de Moscú no estuvieron a un gran nivel sí tuvieron, en esos momentos decisivos, a un base (Papaloukas, una vez más) que hizo simplemente lo que precisaba su equipo en cada momento: que Navarro, flojo en defensa, coge a Holden, doblemos el balón al tirador enrachado; que el escurridizo Smodis termina defendido bajo aros por Fucka, cuatro personales, forcemos el juego interior. No mucho más, la verdad.
Así que, aparte de por un lamentable arbitraje (que descentró tanto a los azulgrana que, incluso, cegó a Ivanovic, algo imperdonable en alguien de tanta responsabilidad), por ahí vino el problema de un Barça que careció de cualquier cosa parecida a un base o distribuidor de juego. Los numeros de Shammond Williams fueron brillantes (gran jugador... para él solo) pero jamás planteó nada que no fuera la acción individual o, en su defecto, el pase exterior con la posesión casi finalizada, para unos desesperados Navarro o Basile que tuvieron que forzar aún más sus ya de por sí arriesgados estilos de juego. Las alternativas fueron las de siempre: Cota, que en tres minutos demostró ser incapaz de demostrar casi nada, y Grimau, a quien parece irreal pedir algo más que ser capaz de subir el balón tras infinitos reversos. En resumen, el clásico juego de "yo la subo, yo boto, yo fuerzo y yo tiro... o que la arroje el segundo que la agarre, cualquiera". Nada, o muy poco cerebro para aspirar a recuperar todo un cetro europeo.
- Lo mismo, en Terra
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