21 abril, 2006

Estúpidos hombres blancos

Un tímido joven con gafas, disfrazado de payaso y del pacífico Cleveland cruza Estados Unidos en un destartalado vagón, dirigiéndose al lejano y salvaje Oeste donde le espera el puesto de contable en una fábrica metalúrgica. Sus primeros compañeros de viaje, la facilidad con la que salen a pasear las pistolas y alguna que otra predicción ominosa hacen prever que ningún plan saldrá como el protagonista desea: la llegada a la ciudad de Machine, su destino final, confirma sus y nuestros temores, adentrándonos en un ambiente pesadillesco que no abandonamos hasta el final de la peli, que es más bien peliculón.

Cuando se estrenó, en 1995, "Dead Man", su director ya era uno de los niños mimados de la crítica y el cine independiente mundial. Jarmusch apenas había dirigido seis largometrajes, tres de ellos en blanco y negro, pero su llegada a Cannes con un western onírico, de nuevo sin colores y protagonizado por Johnny Depp provocó tanta expectación como división de opiniones. No es de extrañar, porque es extraña, hipnótica e incalificable, en la que todos los componentes clásicos del gran cine del Oeste son reinterpretados a través de un tamiz de filosofía, pesadumbre y mucho humor.

Como de costumbre en Jarmusch se nos muestra la evolución de un protagonista castigado por el azar, cuyas predicciones vitales se ven prontamente alteradas por acontecimientos que escapan a su propio control. Aquí la cosa se vuelve loca: el melífluo y dubitativo oficinista se transforma en muchas cosas a la vez: la reencarnación de un poeta fallecido, el más temible asesino y una leyenda de violencia y venganza en un país en plena construcción, Estados Unidos, forjado precisamente por esos principios. La mirada de Jarmusch sobre esa época es crítica y demoledora, la crónica de una América construída por tipos violentos, inescrupulosos, blancos y sin más motivación que la ambición personal. Una sociedad casi pesadillesca que no permite la supervivencia de seres pacíficos y sensibles como el protagonista inicial. Temas modernos en un surrealista western.

Tiroteos azarosos desprovistos de grandeza y heroísmo; tramperos desesperados de extraños hábitos sexuales; cazarecompensas pueriles, charlatanes o caníbales; agentes de la ley humillados; indios amistosos, poetas, eruditos y filósofos... Un argumento que mezcla géneros imposibles de mezclar como el western pesimista y sombrío y la comedia... La utilización de míticos (Robert Mitchum) e improbables actores (un travestido Iggy Pop)... Secuencias oníricas, fundidos en negro que puntualizan los hechos, la nostalgia y la pesadumbre de la música de Neil Young... Un cóctel de melancolía, misticismo, muerte, irrealidad y risas. Inmejorable ejemplo del porqué de la admiración por Jim Jarmuch.

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