15 abril, 2006

Pavo Real, Pavo Real, Viva la Involución

Seis estrafalarios personajes (una viuda profesora jubilada, un cazador de dotes, un millonario yanqui, su hija ciega y una pareja de japoneses) se reúnen en un hotel de lujo en Guayaquil, Ecuador, para formar parte del "Gran Crucero Científico de la Naturaleza". No será un viaje cualquiera: acompañados por múltiples celebridades (Mick Jagger, Paloma Picasso, Henry Kissinger o Jacqueline Onassis) recorrerán, asesorados por eminencias científicas, los lugares que dieron pie a la "Teoría de la Evolución de Darwin). Pero todo se torcerá pronto: Ecuador entra en anárquica bancarrota y es atacado por su vecino Perú, los mercados internacionales se desploman en una crisis económica mundial y un extraño virus destruye toda posibilidad de reproducción humana. Eso sin contar, por supuesto, que los más ilustres invitados se encierran en sus lujosas mansiones y descartan desplazarse a la hostil Iberoamérica. ¿Todo está perdido, pues? Más bien lo contrario. Acaba de surgir una nueva oportunidad para el hombre. Y esta vez no se desaprovechará.

Argumento delirante, ciencia ficción, critica al imperialismo, cinismo. Una historia que se desarrolla en 1986 pero nos es narrada un millón de años después por un pasajero fantasma. De la risa al llanto y, más a menudo, el viaje contrario. La última pista: aparece poco, pero es decisivo, un tal Kilgore Trout. ¿Kilgore Trout? ¡Kilgore Trout! ¡El loco escritor, el alter ego que siempre aparece en las obras de Vonnegut! Dicho está todo: imposible reducir a una sola categoría "Galapagos" pues. Bajo la fachada apocalíptica, bajo la aparente sencillez, el de Indianapolis retoma sus tesis sobre el comportamiento humano. Es la primera novela tras su intento de suicidio, en 1984, mediante sobredosis de tranquilizantes y alcohol. Y es, casi, tan buena como "Matadero 5".

La novela está dividida en dos partes: una primera, más extensa, en la que nos son presentados los protagonistas y detallados los catástroficos hechos que les conducen a su desesperadíma situación. La segunda es ya en Santa Rosalia, la isla donde conducidos por el infortunio aprenderán a vivir como animales y evolucionar como ellos. O involucionar, que a lo mejor hasta es más recomendable: unos seres humanos totalmente cubiertos de pelo, con aletas en lugar de manos y un cerebro que apenas da para carcajearse cuando el de al lado se tira un cuesco es más que suficiente para que una raza sea feliz.

¿Final arruinado? Las novelas de Vonnegut no tienen ni principio ni final. Juega con los tiempos, los personajes, el narrador y el afortunado lector. Adelanta muertes mediante simpáticos astéricos, despliega humor negro cada vez que alguien la palma, escruta a sus antihéroes para explicar sus reacciones y cita constantemente a los más grandes literatos y personajes de la historia (a través de Mandarax, imprescindible descubrimiento del libro) para demostrar que nada sirve de nada. ¿O quizás sí? Insiste, una y otra vez, en que la culpa de todo la tienen estos gigantescos e innecesarios cerebros. La escritura, la nula pretenciosidad, la facilidad de Vonnegut para enganchar y su particular y, por qué no, compatible visión del mundo y de los seres humanos (para los que también hay ternura) construyen otra vez una obra maestra absoluta.

- Extenso y ligeramente coñazo ensayo

- Marchando una de Matadero 5

- Y un poco de Madre Noche

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