30 marzo, 2006

La batidora de prisas, VI

Doblado sobre sí mismo y con la cabeza apoyada en un diario, el escaso pelo se agolpa en la nuca como una piedra llena de caracolas grises. Si estuviera de rodillas parecería arrepentido, si fuera pequeño un niño castigado de cara a la pared. Desde la cola que alimenta al autobús resulta inimaginable encontrárselo de pie, yendo a algún sitio. Calzado por sus zapatos de vino, duerme el sueño del borracho.

No hay comentarios: