Estimulado por mi reciente viaje a Grecia tenía curiosidad por ver Mi gran boda griega, de la que no tenía demasiada información salvo, como es de costumbre, alguna recomendación de amiguete. No volveré a fiarme de él y, probablemente, le retiraré el saludo.
Hablamos de la clásica película pequeña que, gracias a su presunta calidad, trasciende el modesto ámbito comercial al que parece condenada y termina convirtiéndose en un fenómeno de público. Quizá, como dicen en el film, sólo hay dos tipos de personas en el mundo, "los griegos y los que querrían ser griegos", y eso explica el éxito de una obra tan menor e intrascendente. Tanto que, incluso, la abandoné para hacer cosas más entretenidas como doblar calcetines o fregar vitrocerámicas.
En la hora que alcancé a soportar se sucedían, uno tras otro, los tópicos que hacen insufrible una historia. Chica poco agraciada fisicamente pero con un maravilloso interior (que, eso sí, nadie se molestará descubrir hasta que no deje de ser un adefesio). Amor que lo resiste todo (los recelos sociales de un grupo de trogloditas helenos). Familias ridículas (que se pretenden cercanas e identificables con las del espectador) y todo lo demás también. No era necesario contemplar la media hora restante: al final se casarán, los reacios a la boda se rendirán con la felicidad de los chicos y el end será insoportablemente happy.
El hedor de la película es el mismo que expulsa cualquier comedia romántica de las protagonizadas por Hugh Grant, Julia Roberts o el último y decrépito Robert Redford si el tema va sobre la tercera edad. ¿La gracia de Mi gran boda griega? Que el cine independiente accede a ese mismo público, a esas taquillas, contando iguales historias pero con actores desconocidos y feos. El cine independiente le come terreno a los grandes estudios copiando sus peores defectos. Independencias así llevan a pensar que, sencillamente, está muerto, o quizá que nunca existió.
Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
29 abril, 2005
21 abril, 2005
Mala semana para la lírica futbolística
El uno entrenó a la Argentina campeona del mundo. El otro ascendió al Salamanca y logró mantenerlo un año en primera división. Ambos han sido despedidos esta semana, por enésima vez, por los pésimos resultados. Una injusticia: César Luis Menotti y Juanma Lillo siempre apostaron por el fútbol ofensivo, el juego aseado y, sobre todo, la palabra. No las hay para lo hecho con ellos.
De Menotti nos gustan sus patillas, su aspecto de caduco hippie exiliado a Ibiza y, sobre todo, sus frases. "El que corre tiene que pensar y el que piensa tiene que correr”, por ejemplo, resume la esencia de jugadores como el barcelonista Gabri o el ex barcelonista Riquelme. “El descanso forma parte de la preparación” es un diagnóstico perfecto para Ronaldo o Roberto Carlos. O quizá la mejor de todas: "El gol debe ser un pase a la red". De no ser por las muchas de Valdano nunca habría escuchado una gilipollez semejante. Conclusión: nos gusta Menotti. Y su palmarés impresiona: una liga argentina en los últimos 32 años, una copa del Rey con el Barça de Schuster y Maradona y el mundial'78, por supuesto, ese limpio y cristalino torneo.
A Juanma Lillo lo adoramos por su total incompetencia. Primero como pobre imitador del ya nombrado Valdano, del que se encuentra a años luz en cuanto a fluidez verbal. Segundo como entrenador, que es de lo que vive. Las cifras no mienten: desde que fue despedido del Salamanca (en el que, en cinco años, tampoco es que consiguiera nada) destruyó al Oviedo (16 derrotas en 34 partidos, cesado); Tenerife (6 victorias en 28 partidos, cesado), Zaragoza (dos puntos en cuatro jornadas, eliminado de la UEFA en primera ronda por el Wisla Cracovia, no fusilado sino sólo cesado), Antena 3 (entrenando al equipo de seguratas del edificio arrancó un empate en el derby contra las señoras de la limpieza y comentó el Mundial de Corea y Japón, inventando el concepto "pregol", que sustituye al de "situación de peligro") y, por último, Terrassa (17 derrotas en 33 partidos...¡a Segunda B!). No hay duda de que hablamos de un Mourinho a la española, un seguro de vida, un triunfador. Quizá por eso Bassat y Guardiola, el clarividente Guardiola, le tenían como "hombre" sobre el que reconstruir el imperio blaugrana de ganar las elecciones de 2003. Pensar en un Barcelona en Segunda no hubiera sido descabellado, pero ¡qué fútbol hubiera contemplado el Camp Nou!
Pero lo mejor de ambos es su total alejamiento de la realidad, su marcianismo de chandal y tácticas hilarantes. Menotti ha justificado su injustificable despido de Independiente en que "le comieron los resultados" (9 puntos sobre 27 en el Clausura). Para él, "sin éxito no hay proyecto válido en este país. De lo contrario, viviríamos en una Argentina diferente". Ahora Menotti busca un lugar donde los proyectos válidos sean los ligados al fracaso. ¿No es eso romanticismo? ¿No es absolutamente querible?
De Lillo uno no llega a saber si es que se le va la pinza o, simplemente, poseé una desfachatez incomparable. De Terrassa se despidió en estos términos: "Hoy día un entrenador que no gana (...) está peor visto, por la magnitud que se le ha concedido al fútbol, que un violador". Además de pésimo entrenador, victimista. Lo suyo no tiene nombre pero si es niño le llamaremos Juan, y le apellidaremos Malillo.
De Menotti nos gustan sus patillas, su aspecto de caduco hippie exiliado a Ibiza y, sobre todo, sus frases. "El que corre tiene que pensar y el que piensa tiene que correr”, por ejemplo, resume la esencia de jugadores como el barcelonista Gabri o el ex barcelonista Riquelme. “El descanso forma parte de la preparación” es un diagnóstico perfecto para Ronaldo o Roberto Carlos. O quizá la mejor de todas: "El gol debe ser un pase a la red". De no ser por las muchas de Valdano nunca habría escuchado una gilipollez semejante. Conclusión: nos gusta Menotti. Y su palmarés impresiona: una liga argentina en los últimos 32 años, una copa del Rey con el Barça de Schuster y Maradona y el mundial'78, por supuesto, ese limpio y cristalino torneo.
A Juanma Lillo lo adoramos por su total incompetencia. Primero como pobre imitador del ya nombrado Valdano, del que se encuentra a años luz en cuanto a fluidez verbal. Segundo como entrenador, que es de lo que vive. Las cifras no mienten: desde que fue despedido del Salamanca (en el que, en cinco años, tampoco es que consiguiera nada) destruyó al Oviedo (16 derrotas en 34 partidos, cesado); Tenerife (6 victorias en 28 partidos, cesado), Zaragoza (dos puntos en cuatro jornadas, eliminado de la UEFA en primera ronda por el Wisla Cracovia, no fusilado sino sólo cesado), Antena 3 (entrenando al equipo de seguratas del edificio arrancó un empate en el derby contra las señoras de la limpieza y comentó el Mundial de Corea y Japón, inventando el concepto "pregol", que sustituye al de "situación de peligro") y, por último, Terrassa (17 derrotas en 33 partidos...¡a Segunda B!). No hay duda de que hablamos de un Mourinho a la española, un seguro de vida, un triunfador. Quizá por eso Bassat y Guardiola, el clarividente Guardiola, le tenían como "hombre" sobre el que reconstruir el imperio blaugrana de ganar las elecciones de 2003. Pensar en un Barcelona en Segunda no hubiera sido descabellado, pero ¡qué fútbol hubiera contemplado el Camp Nou!
Pero lo mejor de ambos es su total alejamiento de la realidad, su marcianismo de chandal y tácticas hilarantes. Menotti ha justificado su injustificable despido de Independiente en que "le comieron los resultados" (9 puntos sobre 27 en el Clausura). Para él, "sin éxito no hay proyecto válido en este país. De lo contrario, viviríamos en una Argentina diferente". Ahora Menotti busca un lugar donde los proyectos válidos sean los ligados al fracaso. ¿No es eso romanticismo? ¿No es absolutamente querible?De Lillo uno no llega a saber si es que se le va la pinza o, simplemente, poseé una desfachatez incomparable. De Terrassa se despidió en estos términos: "Hoy día un entrenador que no gana (...) está peor visto, por la magnitud que se le ha concedido al fútbol, que un violador". Además de pésimo entrenador, victimista. Lo suyo no tiene nombre pero si es niño le llamaremos Juan, y le apellidaremos Malillo.
20 abril, 2005
Palabra imposible, I
Escogencia: Acción y efecto de escoger. Sinónimo de "escogimiento".
Si se escribiera con "j" sería menos espantosa, y tendría que ver con el noble acto de romper o "escojonciar" algo. Pero no. Los cachondos colombianos, venezolanos y gentes de esos lugares la utilizan como sinónimo de "elección" o, mejor dicho, como acto o consecuencia de "escoger".
En España la palabra no existe; así que no sólo son unos cachondos sino que contribuyen a enriquecer el lenguaje castellano. Manda huevos.
El lugar donde encontré la palabra es BBC Mundo, incomparable reducto de palabras imposibles. El contexto en el que "escogencia" es utilizada es el nombramiento de Ratzinger como nuevo Papa.
O mejor dicho, que Ratzinger ha sido escogenciado como tal. Como sigan escogenciándolo mucho, dada la edad del señor, no sería descartable que termine aun peor que el anterior.
Si se escribiera con "j" sería menos espantosa, y tendría que ver con el noble acto de romper o "escojonciar" algo. Pero no. Los cachondos colombianos, venezolanos y gentes de esos lugares la utilizan como sinónimo de "elección" o, mejor dicho, como acto o consecuencia de "escoger".
En España la palabra no existe; así que no sólo son unos cachondos sino que contribuyen a enriquecer el lenguaje castellano. Manda huevos.
El lugar donde encontré la palabra es BBC Mundo, incomparable reducto de palabras imposibles. El contexto en el que "escogencia" es utilizada es el nombramiento de Ratzinger como nuevo Papa.
O mejor dicho, que Ratzinger ha sido escogenciado como tal. Como sigan escogenciándolo mucho, dada la edad del señor, no sería descartable que termine aun peor que el anterior.
14 abril, 2005
Chiste Verde
Movido por la nostalgia y las ganas de reencontrarme con el monstruo verde quería ver desde hace tiempo el Hulk de Ang Lee. No me gustó Tigre y Dragón, pero el asiático había prometido dar al personaje de Marvel una dosis de complejidad novedosa. Sin embargo, su efectividad para alejar a Hulk del espectador es tremenda. Cada una de las novedades le resta interés a la trama. La película tiene menos control que un Hulk apresurado esperando que aparezca el dueño de un coche en doble fila.

Pocos ejemplos como éste de película desbocada. A Ang Lee se le va de las manos por completo, probablemente por su afán de contar mucho más que una historia de acción, de ciencia ficción, de comic. Lee va de lo habitual en el género (militares perversos, genio de la ciencia incomprendido) a una honda reflexión sobre la ambición humana, el mito del superhombre y los traumas infantiles. Las resonancias trágicas que pretende mostrarnos Lee dan pie a escenas tan teatrales como ridículas. El hieratismo de Bana (Bruce Banner) y el histerismo de Nolte (el papá, que le roba la película al hijo) terminan de desequilibrarlo todo. El film acaba siendo insoportable; su final, patético.
¿Lo bueno? Aparte de Jennifer Connelly, tan hermosa como siempre, la película repite una serie de efectos que persiguen, con éxito, establecer puentes entre los tebeos y el cine. Probablemente esa estética intermedia sea lo mejor de la peli. Respecto al monstruo, decir que uno echa de menos a Lou Ferrigno sería demasiado fácil. Pero ¡cómo se echa de menos a Ferrigno! Hablar de falta de credibilidad en un personaje de este estilo es ridículo, pero aun más lo son los saltos y expresiones frankestenianas de esta bestia, de este irreconocible y decepcionante Hulk.

Pocos ejemplos como éste de película desbocada. A Ang Lee se le va de las manos por completo, probablemente por su afán de contar mucho más que una historia de acción, de ciencia ficción, de comic. Lee va de lo habitual en el género (militares perversos, genio de la ciencia incomprendido) a una honda reflexión sobre la ambición humana, el mito del superhombre y los traumas infantiles. Las resonancias trágicas que pretende mostrarnos Lee dan pie a escenas tan teatrales como ridículas. El hieratismo de Bana (Bruce Banner) y el histerismo de Nolte (el papá, que le roba la película al hijo) terminan de desequilibrarlo todo. El film acaba siendo insoportable; su final, patético.
¿Lo bueno? Aparte de Jennifer Connelly, tan hermosa como siempre, la película repite una serie de efectos que persiguen, con éxito, establecer puentes entre los tebeos y el cine. Probablemente esa estética intermedia sea lo mejor de la peli. Respecto al monstruo, decir que uno echa de menos a Lou Ferrigno sería demasiado fácil. Pero ¡cómo se echa de menos a Ferrigno! Hablar de falta de credibilidad en un personaje de este estilo es ridículo, pero aun más lo son los saltos y expresiones frankestenianas de esta bestia, de este irreconocible y decepcionante Hulk.
13 abril, 2005
Cosas de niños
La historia de una cría huérfana de padre, madre y perro no tiene por qué ser exclusivamente un drama. Así lo demuestra Juegos prohibidos, película de René Clément proyectada estos días en la Filmoteca española dentro de un fantástico ciclo titulado "La infancia en el cine".
Clément contó su historia en 1952, cuando las bombas y los carros de combate alemanes todavía resonaban en Francia. Pero no se centró en las desgracias provocadas por la invasión, sino en cómo los niños pueden, a diferencia de muchos mayores, sobreponerse a cualquier tragedia. La imaginación es, entonces, su arma más poderosa.
Clement no se queda ahí: también ofrece un corrosivo retrato de la Francia invadida. Lejos de mostrar a unos ciudadanos heroícos, prestos a la resistencia, filma a cobardes y egoístas desertores, dejando en muy mal lugar la nacional y chauvinista mirada gala sobre su reciente historia.
El mundo infántil y el infantilismo de los mayores se mezclan entonces, dando pie a innumerables situaciones cómicas. Pero Clément no olvida el contexto que retrata y cómo, por desgracia, las decisiones finales nunca las toman los niños. La solidaridad y el amor pueril, entonces, quedarán sepultados no sólo por bombas y balas, sino por el pensamiento adulto.
Clément contó su historia en 1952, cuando las bombas y los carros de combate alemanes todavía resonaban en Francia. Pero no se centró en las desgracias provocadas por la invasión, sino en cómo los niños pueden, a diferencia de muchos mayores, sobreponerse a cualquier tragedia. La imaginación es, entonces, su arma más poderosa.
Clement no se queda ahí: también ofrece un corrosivo retrato de la Francia invadida. Lejos de mostrar a unos ciudadanos heroícos, prestos a la resistencia, filma a cobardes y egoístas desertores, dejando en muy mal lugar la nacional y chauvinista mirada gala sobre su reciente historia.
El mundo infántil y el infantilismo de los mayores se mezclan entonces, dando pie a innumerables situaciones cómicas. Pero Clément no olvida el contexto que retrata y cómo, por desgracia, las decisiones finales nunca las toman los niños. La solidaridad y el amor pueril, entonces, quedarán sepultados no sólo por bombas y balas, sino por el pensamiento adulto.
07 abril, 2005
Cuartos de la Champions: Ni españoles ni sorpresas
Que los españoles ya no puedan ganarla no hace que la competición haya perdido interés. Por esa regla de tres no veríamos mundiales ni eurocopas. Y el torneo sigue deparando partidos espectaculares. Estos tres, que vi completos, lo fueron, y en ninguno eché de menos al potentísimo futbol hispano...
Liverpool- Juventus (2-1)
Los primeros jugaron al doscientos por ciento, los segundos, a su ritmo habitual. No les hizo falta más. Sigue siendo una maravilla ver partidos en Anfield, los campos ingleses no admiten comparación. Tampoco sus porteros: a Benítez se le fue la cabeza, volvió a apostar por un desconocido (Carson) y éste se comió un gol decisivo. Otra certeza: Luis García es un pedazo de jugador. Es mucho mejor que Giuly, y sigo sin entender por qué fichar a uno y vender al otro. Respecto a la Juve, es una calculadora. Cuando tiene que jugar lo hace, cuando no le hace falta perrea. Merecieron más, pero no les hará falta: remontarán en Turín.
Milan- Inter (2-0)
Con permiso del Chelsea, el Milan es el mejor equipo de Europa. De no ser por la pájara de La Coruña habrían ganado las dos últimas Champions, y son los máximos favoritos. Su eficiencia es incomparable, disponen del jugador apropiado para cada función y un saber estar sin parangón en Europa. Pirlo hizo un partido sublime: se bastó para bailar a todo el medio campo interista. El Inter es mejor que otros años pero pierden como siempre, mucho más sin Adriano. Martins decepcionó (en gran medida por Stam) y sigue habiendo mucho muerto. Ayer tenían al menos cinco (Cruz, Stankovic, Cristiano Zanetti, Favalli, Mijailovic) y los argentinos Verón, Zanetti y Cambiasso tampoco brillaron mucho. El problema fue el de siempre: si pretenden defender les marcan, y cuando atacan son incapaces de hacer un gol. Todo parece resuelto.
Chelsea- Bayern (4-2)
Sólo los que no dedican tiempo a saber de lo que hablan pueden negar que el Chelsea es un equipazo. Conjuga las mejores virtudes del fútbol inglés y del continental. Marcó 4, pero de haberle hecho falta podía haber conseguido el doble. Espectaculares Makelele, Lampard y Drogba, y sólo naufragaron los laterales (lo peor del equipo, hasta que lo remedie Abrahamovich). Mourinho está cada vez más cerca de abrir para luego cerrar todas las bocas de Europa. Es tan lógico desear su fracaso como reconocer su mérito. Los del Bayern, en cambio, siguen sin ser reconocibles. Dirigidos por gente como Hargreaves o Ballack su juego ofensivo es del todo inofensivo. Lo de Ballack es de cárcel, sin duda hablamos de uno de los más sobrevalorados de Europa. Que sigan teniendo posibilidades es un mero accidente, y no pasarán de fase.
Liverpool- Juventus (2-1)
Los primeros jugaron al doscientos por ciento, los segundos, a su ritmo habitual. No les hizo falta más. Sigue siendo una maravilla ver partidos en Anfield, los campos ingleses no admiten comparación. Tampoco sus porteros: a Benítez se le fue la cabeza, volvió a apostar por un desconocido (Carson) y éste se comió un gol decisivo. Otra certeza: Luis García es un pedazo de jugador. Es mucho mejor que Giuly, y sigo sin entender por qué fichar a uno y vender al otro. Respecto a la Juve, es una calculadora. Cuando tiene que jugar lo hace, cuando no le hace falta perrea. Merecieron más, pero no les hará falta: remontarán en Turín.
Milan- Inter (2-0)
Con permiso del Chelsea, el Milan es el mejor equipo de Europa. De no ser por la pájara de La Coruña habrían ganado las dos últimas Champions, y son los máximos favoritos. Su eficiencia es incomparable, disponen del jugador apropiado para cada función y un saber estar sin parangón en Europa. Pirlo hizo un partido sublime: se bastó para bailar a todo el medio campo interista. El Inter es mejor que otros años pero pierden como siempre, mucho más sin Adriano. Martins decepcionó (en gran medida por Stam) y sigue habiendo mucho muerto. Ayer tenían al menos cinco (Cruz, Stankovic, Cristiano Zanetti, Favalli, Mijailovic) y los argentinos Verón, Zanetti y Cambiasso tampoco brillaron mucho. El problema fue el de siempre: si pretenden defender les marcan, y cuando atacan son incapaces de hacer un gol. Todo parece resuelto.
Chelsea- Bayern (4-2)
Sólo los que no dedican tiempo a saber de lo que hablan pueden negar que el Chelsea es un equipazo. Conjuga las mejores virtudes del fútbol inglés y del continental. Marcó 4, pero de haberle hecho falta podía haber conseguido el doble. Espectaculares Makelele, Lampard y Drogba, y sólo naufragaron los laterales (lo peor del equipo, hasta que lo remedie Abrahamovich). Mourinho está cada vez más cerca de abrir para luego cerrar todas las bocas de Europa. Es tan lógico desear su fracaso como reconocer su mérito. Los del Bayern, en cambio, siguen sin ser reconocibles. Dirigidos por gente como Hargreaves o Ballack su juego ofensivo es del todo inofensivo. Lo de Ballack es de cárcel, sin duda hablamos de uno de los más sobrevalorados de Europa. Que sigan teniendo posibilidades es un mero accidente, y no pasarán de fase.
05 abril, 2005
Muerte a la Intercontinental
La enésima farsa de la FIFA está en marcha. Si bien su credibilidad lleva mucho bajo mínimos (en realidad, siempre lo estuvo), las barrabasadas de estos ladrones cada vez son más notables. La última es eliminar uno de los torneos más legendarios y prestigiosos del calendario mundial, la Copa Intercontinental. Esa que dirimía, al menos oficiosamente, quién era el mejor equipo del mundo.
La Intercontinental, que ya venía cuesta abajo desde que se llamaba Copa Toyota y se jugaba en Japón a horas intempestivas, será sustituida por un engendro denominado Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Algo parecido a lo que se intentó celebrar hace cinco años, concitando un nulo interés mundial. Si por algo pasó a la historia ese trofeo, que ganó el Corinthians, fue por obligar al Manchester United a renunciar a la Copa Inglesa (una copa, desde luego, bastante más importante que el engendro malparido).
Cinco años después, y más enloquecidos por el afán recaudatorio, Blatter y sus secuaces reeditan el Mundial de Clubes, que ahora disputarán seis equipos, los respectivos ganadores de cada confederación continental. Toyota vuelve a patrocinar el invento, y ha exigido que se celebre en Japón. Empezamos bien. Y las palabras de Blatter para justificar el invento son, cuando menos, gloriosas.
Primero, y para justificar la supresión de la Intercontinental, el suizo explica que el torneo no respondía al "espíritu de solidaridad de la FIFA", al ser disputado sólo por los campeones europeo y sudamericano. Segundo, y respecto al atractivo del torneo, Joseph el Solidario explica que su impacto será "mucho mayor que el de la Intercontinental, al reunir a los seis grandes del mundo".
No hay duda de que Boca, Milan, Juve o Sao Paulo son grandes. Pero que alguien se atreva a afirmar que también lo serán los campeones de Asia, Oceanía, Africa o Centroamérica es muestra de un caradurismo notable. Algo nada sorprendente, en todo caso, viniendo de quien nos viene.
La Intercontinental, que ya venía cuesta abajo desde que se llamaba Copa Toyota y se jugaba en Japón a horas intempestivas, será sustituida por un engendro denominado Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Algo parecido a lo que se intentó celebrar hace cinco años, concitando un nulo interés mundial. Si por algo pasó a la historia ese trofeo, que ganó el Corinthians, fue por obligar al Manchester United a renunciar a la Copa Inglesa (una copa, desde luego, bastante más importante que el engendro malparido).
Cinco años después, y más enloquecidos por el afán recaudatorio, Blatter y sus secuaces reeditan el Mundial de Clubes, que ahora disputarán seis equipos, los respectivos ganadores de cada confederación continental. Toyota vuelve a patrocinar el invento, y ha exigido que se celebre en Japón. Empezamos bien. Y las palabras de Blatter para justificar el invento son, cuando menos, gloriosas.
Primero, y para justificar la supresión de la Intercontinental, el suizo explica que el torneo no respondía al "espíritu de solidaridad de la FIFA", al ser disputado sólo por los campeones europeo y sudamericano. Segundo, y respecto al atractivo del torneo, Joseph el Solidario explica que su impacto será "mucho mayor que el de la Intercontinental, al reunir a los seis grandes del mundo".
No hay duda de que Boca, Milan, Juve o Sao Paulo son grandes. Pero que alguien se atreva a afirmar que también lo serán los campeones de Asia, Oceanía, Africa o Centroamérica es muestra de un caradurismo notable. Algo nada sorprendente, en todo caso, viniendo de quien nos viene.
Nuestros Héroes del Deporte: Hoy, Shawn Kemp
Somos muchos los que cada noche, cuando nos acurrucamos desnuditos en la cama, recordamos a Shawn Kemp. ¿Cómo poder olvidarle? Kemp fue una de las más grandes estrellas de la NBA de la pasada década, un estilizado y moreno gigante cuya existencia hacia temblar a los tableros. Medir más de 2.10 no le impedía mostrar una velocidad, una coordinación y una capacidad de salto incomparables. De su capacidad para leer el juego y su raciocinio baloncestístico mejor no hablar. Lo mismo pareció ocurrirle en la vida.
Tras llegar a la cumbre con los Supersonics, con los que llegó a disputar cinco All Star, Kemp fue cazado borracho y con la napia caliente. Ayudado por su entonces entrenador, George Karl, inició un proceso de recuperación tras el que nunca volvió a ser el mismo. Engordó, perdió pelo y se convirtió en algo más parecido a George Karl que a Shawn Kemp. Aun así jugó unas cuantas temporadas más en Cavaliers, Blazers y Magic, hasta que se retiró. The Reignman, cómo era conocido por jugar en Seattle (la ciudad de la lluvia), reinar bajo los tableros y, quizá, contar con una capacidad intelectual similar a la del personaje interpretado por Hoffman, se entregaba a una nueva vida, alejada de los focos, en 2003.
Así hasta ayer. Kemp hacía lo que todo hombre de bien puede hacer un lunes por la mañana: fumarse un porro con un colega (¿Chris Washburn, Len Bias? No, este seguro que no), apoyados en su furgoneta en el aparcamiento de un centro comercial de Seattle. Fue entonces cuando un policía percibió el olor a marihuana que los chicos desprendían. Al acercarse a ellos para comentar qué tipo de maría era, el agente escuchó las torpes explicaciones de Shawn y, por motivos inexplicables, decidió registrarle la furgo. ¿Resultado de sus pesquisas? Kemp no la llevaba hasta arriba de Spalding con los que rememorar sus devastadores mates, sino que portaba cocaína, unos 60 gramos de marihuana y una pistola semiautomática. Bravo, Shawn.
Hoy, Kemp acude a un tribunal para explicar el equipaje de su camioneta y si George Karl es tan majo como parece. Y todos los que le queremos nos preguntamos: ¿Y qué pasa por fumar unos porrillos? ¿es que la cocaína es tan mala? Y la pistola, la pistola...¿no llevaba también una el policía, y nadie le dice nada?
Tras llegar a la cumbre con los Supersonics, con los que llegó a disputar cinco All Star, Kemp fue cazado borracho y con la napia caliente. Ayudado por su entonces entrenador, George Karl, inició un proceso de recuperación tras el que nunca volvió a ser el mismo. Engordó, perdió pelo y se convirtió en algo más parecido a George Karl que a Shawn Kemp. Aun así jugó unas cuantas temporadas más en Cavaliers, Blazers y Magic, hasta que se retiró. The Reignman, cómo era conocido por jugar en Seattle (la ciudad de la lluvia), reinar bajo los tableros y, quizá, contar con una capacidad intelectual similar a la del personaje interpretado por Hoffman, se entregaba a una nueva vida, alejada de los focos, en 2003.
Así hasta ayer. Kemp hacía lo que todo hombre de bien puede hacer un lunes por la mañana: fumarse un porro con un colega (¿Chris Washburn, Len Bias? No, este seguro que no), apoyados en su furgoneta en el aparcamiento de un centro comercial de Seattle. Fue entonces cuando un policía percibió el olor a marihuana que los chicos desprendían. Al acercarse a ellos para comentar qué tipo de maría era, el agente escuchó las torpes explicaciones de Shawn y, por motivos inexplicables, decidió registrarle la furgo. ¿Resultado de sus pesquisas? Kemp no la llevaba hasta arriba de Spalding con los que rememorar sus devastadores mates, sino que portaba cocaína, unos 60 gramos de marihuana y una pistola semiautomática. Bravo, Shawn.
Hoy, Kemp acude a un tribunal para explicar el equipaje de su camioneta y si George Karl es tan majo como parece. Y todos los que le queremos nos preguntamos: ¿Y qué pasa por fumar unos porrillos? ¿es que la cocaína es tan mala? Y la pistola, la pistola...¿no llevaba también una el policía, y nadie le dice nada?
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