De ese cruce y mezcla, choque y encuentro, de culturas y razas, manías, odios y costumbres, incomunicación, influencias, habla lo último de la dupla Iñárritu- Arriaga. De eso y de unas cuantas cosas más: la incomunicación entre seres humanos, los efectos mariposa -nada que ver con Chueca-, la distancia entre padres e hijos, la incapacidad de leyes y gobernantes para gobernar este mundo cambiante y, por qué no, creciente... También vemos topicazos. Simplificaciones ridículas en una historia que aspira a la universalidad. En la que los europeos/ norteamericanos son egoístas, desconfiados, miedosos y prepotentes. En la que los árabes son prehistóricos, peligrosos, violentos. Latinos irresponsables pero irremediablemente simpáticos. Japoneses inclasificables e incomprensibles, atrapados entre presente y futuro, carnalidad y silicio, extraterrestres sin bragas.
Y deambulamos, como en el shuffle del i-Pod, por tormentas con calzador que terminan empapándonos. Y acabamos extasiados con escenas que justo antes se iban a pique. Nos preguntamos si este director tan talentoso no puede dejar de contar siempre la misma historia, nos enamoramos de personajes nacidos de la pluma de un escritor maniqueo. Es "Babel" un cóctel molotov, demencial, excesivo, imperfecto pero hipnótico, abrumador, que exige unos minutos de tregua tras los títulos de crédito.
Pequeños errores pagan y los graves quedan sin castigo. Las historias mínimas construyen el circo mundial. Mecidos por el silencio bailamos himnos electrónicos, y reptamos en la arena del desierto antes de sobrevolar Tokyo -ese futuro que me contaron mis padres-. Las diferencias se parecen y los diferentes mundos chocan, y a veces nos dan ganas de aplaudir y otras de enfadarnos. ¿Es la fórmula Iñárritu- Arriaga una fórmula más, tan artificial como cualquier otra? Es posible, probable, seguro, pero a veces no puedo evitar dejarme llevar por ella, sentirme culpable y víctima. Magníficas ambiciones, tramposa repetición, película total o bodrio pretencioso y vacío. Discusiones inacabables, imposible ponernos de acuerdo, otro escollo más en el que quedarnos varados en este gigantesco Babel...




