24 abril, 2006

El héroe diminuto

La primera vez que vemos a Apu es un recién nacido redondo al que su hermana mira con enormes ojos y ante el que su abuela llora por la fortuna que acaba de llegar a la casa. Nosotros también estamos recién llegados, y apenas conocemos la situación de la familia, los sueños frustrados de un padre y la paciencia de su mujer, que sigue confiando en la prosperidad económica de los suyos.

Cuando minutos después, a través del agujero de una manta, vemos por primera vez los ojos de Apu, cuando nos es presentada su cabeza completa, su sonrisa de pillo, sabemos de inmediato que nos encontramos ante un gigante al que las desgracias, satisfacciones y retos harán digno merecedor de esperanzas, de los suyos, de nosotros, espectadores de la primera parte de la trilogía que cuenta su cinematográfica vida.

No habrán hecho falta viajes de un continente a otro, ni la exhibición de seres inexistentes, ni grandes acontecimientos históricos. Sólo empezarán ahora, ya, las tragedias que golpean a cualquiera, empezando a poner a prueba los estrechos hombros del protagonista y los que le rodean. Hechos compartibles y universales: muerte, pobreza y huída. Simplemente, la infancia de un niño en la India.

Pero, de momento, son los sueños y el futuro los que alimentan la historia. Qué encontrará Apu en la ciudad, su primer trabajo, su primer amor. Aún no sabemos nada, pero ya interesa saber si encontrará el sentido a su vida. Gracias, al cine, por poder condensarla, y así regalarnos el poder compartirla y, quizás, sacar, algún conocimiento de ella, sólo a través de un viaje de dos horas a bordo de un mando a distancia.

- Entrevista al director de "La trilogía de Apu"

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