La película nace de la pasión de John Lasseter (director y 'alma mater' de Pixar) por los automóviles, protagonistas absolutos del film. No hay ningún humano (aunque no muestre apenas diferencias entre su comportamiento y el de los coches) y la acción se desarrolla en sólo tres escenarios: enormes circuitos de velocidad, carreteras y un pueblo semidesierto. Arriesgado.Lasseter dice que historia, personajes y un mundo propio son imprescindibles para una buena película. ¿La historia? Un ególatra coche de carreras que se sale de la ruta planeada. ¿Los personajes? Basicamente, él y los habitantes, de muy distintos valores, del pueblo al que va a parar. ¿Y el mundo? Pues este, el real, y demasiado poco 'propio'. Los muñecos de 'Toy Story', los peces de 'Nemo' y los insectos de 'Bichos' también moran en la Tierra, pero su forma de contemplarla era muy original. La de estos coches, no. Es difícil creer la melancolía de trastos tan superflúos y ligados a los defectos humanos. No me termino de creer su primitivismo parcial, su artificial melancolía, su nostalgia de un mundo que ya estaba muy lejos de ser perfecto...
Quiza "peros" ridículos tratándose de una película de animación infantil. Pero hay más. Algunos habituales en el último cine de animación, como el sentimentalismo de la constante alusión a las virtudes (bondad, generosidad...) de los habitantes del pueblo. Como unos personajes demasiado unidimensionales para proceder de Pixar. Como algunas escenas (el 'flash back' del pueblo feliz, la persecución de tractores) francamente insoportables. Tampoco me gusta ese homenajear famosetes (en este caso, pilotos y comentaristas del mundo automovilístico) si la historia no lo precisa. En la versión española, con las voces de todo bicho televisivo viviente, ya debe ser insufrible.Pero la película vale la pena porque lo que es bueno, es glorioso. Hay deliciosos chistes. La música, más frecuente que en las otras películas del estudio, es encantadora. El irregular guión recupera del viejo cine norteamericano la épica de los paisajes, la esencia de las carreteras perdidas. La naturaleza como marco grandioso de apasionantes y desconocidas pasiones. Fascina la animación. Con mayúsculas. Todo es perfecto. Desde la expresividad de los coches (inspirados en el corto de Disney "Little Blue Coupe", de 1952) hasta los fotorealistas fondos. Los viejos rótulos de neón. La velocidad de las carreras. Las masas. Una maravilla, la carta de siempre de Pixar para dejarnos satisfechos. Suficiente para hacer otra película agradable, pero poco para que hablemos de un clásico. Son tan brillantes que es justo que se lo exijamos: su crédito puede empezar a agotarse.
- El desafío de Pixar
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