08 julio, 2006

¿Alguna vez te salió una polla del sobaco?

Hijo de periodista y pianista, David Cronenberg orientó sus primeros pasos hacia la literatura, en la que se graduó en su Toronto natal. Como no sólo de letras vive el hombre en el campus se interesa por la medicina y la ciencia, y las prácticas en laboratorio le muestran las posibilidades estético-artísticas de sangre, órganos y casquería en general. En vez de unir sus pasiones organizando tertulias literarias en gallinejerías prefiere dirigir cortos, con nombres tan sugerentes como "Desde el desagüe". Pule su talento en episodios para la televisión y en 1975 estrena su primer largometraje, "Vinieron de dentro de...", hoy un clásico por adelantar su estilo inconfudible, en el que la ciencia ficción y el terror, la tecnología y sus consecuencias en el individuo se mezclan.

Su segundo largometraje, "Rabia", avanza por esos caminos incorporando otra obsesión, el sexo. Cronenberg no se corta y contrata como protagonista a Marylin Chambers, la actriz porno más famosa del momento gracias a la aplaudida (¿quién tenía las dos manos libres?) "Tras la puerta verde", clásico del cine hardcore. Director y actriz llenan "Rabia" de desnudos, polvos sanguinolentos y la interesante fusión de deseo sexual e impulso asesino, producto de un accidente de moto, una contaminación celular en una clínica de cirugía estética y la posterior apoteosis de visceras, babas verdes, miembros destructores y vicio. Despelote, vamos...

Aunque mezclar deseo y terror no era nada nuevo (ya en 1942 uno se hubiese dejado devorar -coito de por medio, eso sí- por la Irena Dubrovna de "La mujer pantera") el cóctel de "Rabia" es irresistible, y aunque con los altibajos de este tipo de cine y las situaciones "de miedo" risibles se deja ver sin dificultad, gracias a la habilidad de Cronenberg con la cámara, su sentido del humor y las sorprendentes aberraciones fisiológicas. Un cine que admite desde el análisis más sencillo (típica cinta de miedo, sustos y mucha tensión) hasta otros más profundos: los peligros del avance científico y el jugar a convertirse en Dios (se habla, en un film de hace casi tres décadas, sobre "celulas madre"), lo inconveniente de permanecer junto a una mujer sólo por su atractivo carnal, la poca preparación de una sociedad avanzada ante una plaga desconocida...

A simple vista idónea para adolescentes hambrientos de 'gore' y cuerpos desnudos (el de Chambers es delicioso) sólo las insólitas ocurrencias de Cronenberg (¿qué es eso de que la rabia se transmita a través de un apéndice fálico salido del sobaco de una rubia con la que te lías en un cine porno?) la hacen entretenida para cualquiera. Y no sólo eso... la elegante secuencia inicial, los gélidos ambientes y la vocación por mostrar lo difícil que es vivir tranquilo hacen vislumbrar el inmenso talento que, décadas después, construye la interesantísima obra del canadiense chiflado.

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