Su segundo largometraje, "Rabia", avanza por esos caminos incorporando otra obsesión, el sexo. Cronenberg no se corta y contrata como protagonista a Marylin Chambers, la actriz porno más famosa del momento gracias a la aplaudida (¿quién tenía las dos manos libres?) "Tras la puerta verde", clásico del cine hardcore. Director y actriz llenan "Rabia" de desnudos, polvos sanguinolentos y la interesante fusión de deseo sexual e impulso asesino, producto de un accidente de moto, una contaminación celular en una clínica de cirugía estética y la posterior apoteosis de visceras, babas verdes, miembros destructores y vicio. Despelote, vamos...Aunque mezclar deseo y terror no era nada nuevo (ya en 1942 uno se hubiese dejado devorar -coito de por medio, eso sí- por la Irena Dubrovna de "La mujer pantera") el cóctel de "Rabia" es irresistible, y aunque con los altibajos de este tipo de cine y las situaciones "de miedo" risibles se deja ver sin dificultad, gracias a la habilidad de Cronenberg con la cámara, su sentido del humor y las sorprendentes aberraciones fisiológicas. Un cine que admite desde el análisis más sencillo (típica cinta de miedo, sustos y mucha tensión) hasta otros más profundos: los peligros del avance científico y el jugar a convertirse en Dios (se habla, en un film de hace casi tres décadas, sobre "celulas madre"), lo inconveniente de permanecer junto a una mujer sólo por su atractivo carnal, la poca preparación de una sociedad avanzada ante una plaga desconocida...
A simple vista idónea para adolescentes hambrientos de 'gore' y cuerpos desnudos (el de Chambers es delicioso) sólo las insólitas ocurrencias de Cronenberg (¿qué es eso de que la rabia se transmita a través de un apéndice fálico salido del sobaco de una rubia con la que te lías en un cine porno?) la hacen entretenida para cualquiera. Y no sólo eso... la elegante secuencia inicial, los gélidos ambientes y la vocación por mostrar lo difícil que es vivir tranquilo hacen vislumbrar el inmenso talento que, décadas después, construye la interesantísima obra del canadiense chiflado.
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