20 noviembre, 2004

El desafío de Pixar

A estas alturas resulta innecesario recordar el mérito, la categoría y el liderazgo de Pixar a la hora de popularizar la animación en 3D. Bajo el manto de Disney, no sólo fue el primer estudio que estrenó un largometraje íntegramente realizado en ordenador (por resumir todo lo que implica el mundo de la infografía). También, a lo largo de su historia, perfeccionó sus herramientas hasta llegar, sencillamente, al virtuosismo, a lo sublime, a ser pauta. El 26 de noviembre estrena, en España, su última obra: Los increíbles.


Sin embargo, lo que convierte a Pixar en el más grande estudio de animación actual no es sólo su búsqueda de la perfección estética a través de un nuevo cine, sino su capacidad, no tan habitual hoy en día, de contar historias. Siempre humanas, pero desde un punto de vista ajeno. Las dos Toy Story hablaban de celos, egoísmo y amistad entre unos juguetes vivos. Los protagonistas de Bichos eran héroes generosos y muy cinematográficos, pero por supuesto insectos. Monstruos S.A., quizás su más incomprendida maravilla, vestía de comedia balbuceante una feroz crítica al sistema adulto, al desatino maduro y a sus inocentes víctimas. Buscando a Nemo, sencillamente, lo reventó todo. Tecnología, personajes, historia y recaudación. La animación en 3D, y con ella Pixar, se habían hecho mayores, y estaban aquí para sustituir a la animación tradicional en 2D. También, por supuesto, para independizarse de Disney y sustituirla como referencia masiva en el dibujo animado.


Alcanzar la cumbre debe ser agotador, pero seguir después de haberlo logrado es también una proeza. En ese punto nace Los increíbles, inicio de los nuevos retos de Pixar. Propósitos como, ciñéndonos a lo técnico, satisfacer las expectativas de los más exigentes después de haber recreado luz, pelo, el mundo acuático, todo, con perfección matemática. Faltaban los humanos. El director, Bird, dice no haberlo buscado, por lo que la respuesta parece aparcada de momento.


Pero el desafío de Pixar, su casi quimérico reto, es obvio considerando lo que no deja de ser una industria: reeditar el éxito de Nemo, la película de animación más taquillera de todos los tiempos.

Pixar trata de resolver la ecuación captando al público adulto. ¿Cómo? A través de superhéroes retro, herederos de los de toda la vida. Pero antes, y esto es más interesante, jubilándolos, quitándoles aquellas misiones que justificaban su vida. Devolviéndolos a la normalidad, equiparándolos así al espectador adulto. En un alarde de crueldad, pero también de realismo, los despoja de poderes juveniles y fantásticos, y los exilia a la normalidad a la que cualquiera viaja cuando deja de ser niño. Los increíbles en una película de aventuras y héroes, pero narrada a través de un adulto decadente. Una historia tan madura como amarga, pues.

Un heróico pasado atormenta a Bob Parr, el ex Mr. Increíble protagonista del film. Retirado por decisiones políticas tiene un empleo frustrante, una maravillosa esposa (¡que encima fue Elasticgirl!) y tres adorables pequeños, igualmente sobrehumanos. Implantar en la cotidianidad a tan extraños sujetos es tan divertido para el público como triste para Míster Increíble. Su pánico a formar parte de la masa, a dejar de ser admirado y por lo tanto especial transforma a la primera mitad del film en una reflexión desoladora sobre no querer crecer, al menos en un mundo como este. Y este tramo, precisamente el que parecía más complejo de la película, se convierte en lo mejor de la misma.

Después, y tras tan prometedor arranque, la película se monta en ese caballo de carreras que es Pixar y acelera por los lugares comunes del cine de acción actual. Al hacerlo, tristemente, pierde al espectador más mayor. La espectacularidad inigualable se convierte en previsible, y lo mismo le sucede a la trama. Persecuciones, peleas y más de un afortunado gag conducen a la película al consabido happy end. Incomparables imágenes para contar cosas vistas. Nada menos, pero tampoco lo más.

En su afán por agradar a todos, Los increíbles se aleja de la perfección. Quiere abarcar tanto que no enamora del todo. Pero Pixar, que ha llegado aquí a base de genialidad y exigencia anuncia ya nuevas obras, que supondrán nuevos desafíos y retos. Y muchos serán superados a través de películas así, fascinantes. Un propósito que, aunque a veces no regale lo sublime, será mucho más de lo que el cine actual acostumbra a ofrecer.

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