Antes de contemplarla uno no sabe a lo qué se va a enfrentar. Pero durante y después, tampoco. Porque en ese periodo indeterminado de tiempo (es difícil catalogarla como larga o breve, debido a su particular código temporal) contemplamos un estilo novedoso. Recuerda a Kiarostami, Tarkovski o Angelopoulos, pero me interesa más. Larguísimos planos secuencia, tiempos muertos, escasos diálogos. Concluye y no sé si vi ficción, documental, bodrio u obra maestra. Bastan su originalidad y convicción para darle una oportunidad.
Acompañamos todo el film a Argentino Vargas. Desde el momento en que deja atrás muchos años en la cárcel. Hasta el momento en el que llega a 'lo' de su hija. No sabemos nada más de él, aparte de unos cadáveres en la secuencia inicial. Poco más nos va a ser descubierto: no compartirá con nosotros, ni con nadie, amistades, ambiciones, nostalgias, risas. Sólo sus necesidades más básicas: comer, tomar un helado, follar. Y su dominio del entorno que le rodea. Y la belleza y dureza de este: el agua, los pájaros, el verde de los campos, el viento. Pero también la pobreza, la brutalidad. Plácidez y amenaza. Un protagonista, casi único personaje, temible y a la vez más víctima que verdugo.Horrible o maravillosa. Cuenta su director sobre su primer encuentro con el actor principal: "Cuando me lo presentaron me quedé en una carpa dos días viviendo con él, los dos días con menos diálogo de mi vida. Él me miraba como un extraterrestre, yo trataba de aprender de qué vivía". A nosotros nos pasa lo mismo: sólo contemplarle alimenta. Y nos es sugerido mucho más: desigualdad, libertad, soledad, castigo, pobreza. Cada espectador, si quiere, tendrá que reconstruir la película, rellenar sus vacíos, imaginar sus finales, suponer su génesis. El próximo largo de Alonso hablará sobre un alcohólico que se folla a su madre. Quiero verlo ya, como quiero ver "La libertad", su ópera prima.
- Entrevista con Alonso en Página 12
- Lo mismo, pero en El Amante
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