Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
14 julio, 2006
Caminos, canales, puertos
Recostado, compito con el autobús deslizándome por curvas muchísimo más placenteras. Su clavícula me recuerda que también la dureza puede ser una virtud, y mi lengua la recorre como un animal se desliza sobre un fino tronco. Sólo en su piel mi saliva sabe a algo, y mientras una señora pide que bajen el aire acondicionado yo disfruto, escondido, del calor marrón que desprende su cintura. En el camino no hay más montaña que la de sus hombros, ni puentes que puedan unir el abismo de sus piernas. A un leve soplido su melena se aparta como una delicada cortina y, aunque trata de dormir, cualquier movimiento la agita y hace cambiar de postura, lo que aprovecho para buscar refugio en sus leves recovecos. Ella es el paisaje que admirar, suyo es el olor del campo, el placer en medio de la monotonía del atasco y que este lento rodar sea como volar por el cielo.
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