Se desvela el secreto de qué faraónica obra se realiza en Atocha desde hace cinco años: en el centro de la plaza, frente a la estación, se erigirá un monolito de cristal de once metros de altura y ocho de ancho como recordatorio a las víctimas de los atentados del 11-M. Las obras comenzaron antes de los atentados, pero como nadie parece prestarle atención lo dejamos de lado. El Ayuntamiento y el Ministerio de Fomento han seleccionando el proyecto de Fresco Aroma de Manzana.
Fresco Aroma de Manzana, FAM, son Esaú Acosta, Mauro Gil-Fournier, Mikel Jaenike y Pedro Colón de Carvajal. Su propuesta es un promontorio formado por 15 mil placas de un vidrio especial tranparente y de perfil irregular como el de ciertas cristalizaciones de aristas asimétricas llamadas fractales. A uno le sorprende que un encargo de este tipo, tan solemne, se le encargue a algo llamado Fresco Aroma de Manzana, pero no quiero que los prejuicios vuelvan a arruinarme un artículo. Comenzamos la charla, una videoconference virtual imaginada.
P: Esaú, Mauro, Mikel y Pedro, cabezas visibles de FAM, ¿cuándo se terminarán las obras? Los madrileños, especialmente los afectados de forma directa, estamos un poco cansados.
FAM: En marzo de 2007. Sólo queda unir quince mil placas gigantes de vidrio con un pegamento acrílico muy sensible a la luz del sol. Quedarán encajadas por unas uniones similares a las de las piezas de un puzzle. La luz se reflejará distinto según sea el momento del día. Será guay.
C: Estar unidas por un pegamento muy sensible al sol con los días que está haciendo en Madrid, ¿no puede ser peligroso?
FAR: Son sólo 160 toneladas en total, y se asienta sobre un muro de hormigón.
C: Quizá eso explique el pifostio que hay montado. Al cruzar la calle los transeuntes juegan a adivinar cuántas grúas se divisan, para así quitar dramatismo a esquivar vallas y los vehículos que cruzan ocho carriles. Los comerciantes de la zona también aseguran estar perdiendo mucho dinero.
FAR: Es importante que comprendan que no hablamos sólo de un monolito. Es mucho más. Después de esto no habrá calle que cruzar, sino que se pasará por un túnel subterráneo que desembocará en la enorme sala desde la que se ve el monumento.
P: ¿Una sala? ¿Subterránea? ¿Cuánto de enorme? ¿Cuánto de subterránea?
FAR: Cuatrocientos metros cuadrados de extensión y cuatro metros debajo de la superficie. Ahi, como criaturas del subsuelo, la gente verá a quince metros de altura la "la bóveda monumental".
Aunque me callo, pienso que no me será evocador contemplar nada mientras millones de humeantes coches ruedan por encima de mí. Pero suavizo un poco las cosas.
P: En realidad no estoy demasiado de acuerdo con este tipo de construcciones conmemorativas, como ésta o el Bosque del Recuerdo...
La comparación no les gusta. Uno de ellos amenaza con abandonar la videoconference.
FAR: Esto no tiene nada que ver. Con nada. Con ver. Mientras alzas la mirada y recorres su belleza podrás leer las más expresivas frases que los madrileños dejaron en la estación los días posteriores a la matanza. Escritas en letras plateadas, permanecerán fijadas al vidrio "por succión".
Desconozco qué quiere decir con "por succión", pero puedo preguntárselo a un amigo ingeniero. Así que cambio de tema.
C: Ya para terminar... ¿El hecho de ser un monolito gigante de vidrio con una transparecia estimada del 97% no dificultará su limpieza? ¿Sus destellos e iridiscencias no se verán afectados por vehículos o animales urbanos?. ¿Han pensado ya en algo?
FAR: Un sistema de autolimpieza y otro externo, colector de las aguas de lluvia, asegura que siempre permanecerá radiante. Por algo nos llamamos Fresco Aroma de Manzana. Por otra parte, sabemos que en Madrid plantear cuestiones como autolimpieza y reciclado de aguas suena a chiste, por lo que creemos será mejor concluir la entrevista. En realidad no es justo que hable en plural: mis otros tres compañeros se marcharon hace un rato y yo ni siquiera he acudido a la reunión. Así que nada, a conseguir un poco de alita de mosca.
Con un sentido apretón de manos virtual termina la conversación, no sin antes despedirme con uno de guiños cómplices.
- El proyecto
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