05 julio, 2006

Volare

No, no queríamos. No queríamos a Alemania finalista por penaltis, tras un cero a cero, tras ser peor. No lo queríamos pero faltaban sólo dos minutos y todos, callados como putas para no enloquecer más a nuestro amigo italiano, sabíamos que era lo que iba a ocurrir. Mientras, Cannavaro mostraba cómo liderar una defensa, Gattuso se comía a todo el mediocampo rival, Pirlo inyectaba raciocinio al esfuerzo y Zambrotta o Camoranesi desmentían que el sacrificio supremo sea incompatible con la técnica y la peligrosidad. Qué coño: era una Italia perfecta, mezcla de 'catenaccio' y hambre de gol, que merecía ganar a la misma Alemania de los cuartos contra Argentina (lástima que no llegaran a 'semis'). Pero Italia cambió el destino en dos minutos, fue más. Más madura, más entera, más valiente. Faltaban dos minutos y, con la presencia de Totti, Del Piero, Gilardino y Iaquinta, Lippi convenció a sus jugadores de su superioridad. De que ni árbitro, ni público, ni patadas alemanas les iban a impedir ganar. De que serían finalistas tras un maravilloso partido. El mejor, el que premió a la mejor Italia desde España'82. Fútbol, espectáculo e Italia comparten hoy el triunfo.

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