01 julio, 2006

La jubilada es Brasil

Brasil: ilusionados, esperábamos la perfección de México'70, el romanticismo de España'82, la solidez de Suecia'58. Soñábamos con su juego alegre, con la rendición del fútbol rácano, con la máquina que con espectáculo conquistara Europa. Pasó sólo un mes y hoy nos alegramos de que los caídos sean ellos. No fue la falta de atrevimiento, el encorsetamiento táctico, la ausencia de fútbol lo que nos desenamoró, sino sus victorias hurañas, sus polémicas declaraciones, su actitud dentro y fuera del campo. La soberbia, la suficiencia, la excesiva autoconfianza no disimulaban que egos, años y kilos de más alimentaban al favorito invencible. Su drama no iba a ser la excesiva alegría defensiva o la sobredosis de talento, sino creer que ganarían (Parreira el primero) sólo con la camiseta. Cuatro partidos decepcionantes, llegó Francia y los barrió. Mientras unos se evaporaban los otros crecían, solidificándose: España terminó de unir a un equipo destruído. El fútbol, grande e imprevisible, dio el penúltimo regalo a Zidane. Él sí jugó bonito, dio lecciones de fútbol y, además de pintarle la cara a Brasil, nos cerró la boca a todos con su mejor partido en los últimos tres años. Grandioso, como Vieira, Makelele, Thuram y todo el equipo francés.

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