06 enero, 2006

Jo Johnny, te echamos mazo de menos

Estar de vacaciones me expulsa de la realidad, por lo que no sé nada de los últimos expulsados de GH, la guerra entre Vic Adams y Ana Obregón o qué circo se organizó en torno al 25 aniversario de la muerte de Lennon (fue el 8 de diciembre). Supongo que televisiones y periódicos honraron su memoria sin parar, clamaron por lo mucho que nos falta y recordaron, fíjate, que era un genio. El vómito de costumbre.

Una semana después de aterrizar en Madrid, y de forma más íntima, he organizado mi reencuentro con él. No a través de sus discos (no oigo otra cosa desde que soy un bebé, como semi-analfabeto musical que soy) ni equipado con mi ouija (mi madre me la ha robado: se pasa las noches de ligue con Humphrey Bogart), sino viendo Imagine: John Lennon, documental que muestra, entre otras muchas cosas, su lado más íntimo a través de grabaciones domésticas.

Dicen que se trata de una obra de encargo: en 1987 un periodista, que nunca había hablado con Lennon, publicó una biografía acusándole de ególatra, violento, borracho y drogadicto. Aunque no llegó a afirmar claramente que, además, fue marica y del Atleti, Yoko Ono se puso guerrera y organizó la defensa. Encargó a alguien de confianza lavar la imagen del mito cediéndole el citado material de archivo, y convenció a Cynthia (primera señora Lennon), Julian (hijo mayor) y Sean (el pequeño) para hablar ante la cámara, prestándose ella también. Todos en fila dijeron que John era maravilloso. Que era humano, amante, padre. Les creo. Y la película me hace llorar.

Desde hace años intento convencerme de que, de no haber sido agujereado, Lennon se habría vendido y estaría trasnochado, repelente, muerto. No lo logro: le echo de menos y me siento un poco huérfano. También trato de que más música me llene, pero siempre vuelvo a los Beatles. Son los únicos que lo consiguen del todo. Y, más recientemente, saboreo un poquitó más la vida degustando películas y viajes, libros, amigos, mujeres, niños. Y termino fantaseando con lo que sería, fumándonos un buen peta, poder comentarlo con John, y que él lo hiciera canciones.

Todas esas tonterías las he vuelto a sentir esta noche. Gracias pues, obra de encargo.

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