06 enero, 2006

Cristales rotos

Decir J.D. Salinger es casi siempre decir 'El guardián entre el centeno', uno de esos libros que antes de leer sabes que te gustarán aunque sólo sea por no llevar la contraria a todos. La verdad es que es muy bueno, pero también lo son sus '9 cuentos' (especialmente el primero, 'Un día perfecto para el pez banana') y mucho de lo escrito sobre la familia Glass.

Es precisamente en el 'Pez banana' donde Salinger habla por primera vez de uno de los Glass, Seymour. Años después se centrará en 'Franny y Zooey', sus dos hermanos menores, protagonistas de una novela homónima dividida en dos partes: la primera en torno a la benjamina, Frances, una joven en plena crisis existencial a punto de reencontrarse con su petulante novio; y una segunda que profundiza en la familia a través de Zooey, el tercero y más escéptico de los cuatro hermanos, un poker de genios que sólo saben perder.

Las dos historias se publicaron separadas en 1955 y como novela en 1961. Después, los disfuncionales Glass protagonizarán mucha de la obra de Salinger: 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado', 'Seymour: una introducción' y 'Hapsworth 16,1924'. Esta primera novela, 'Franny y Zooey', no es maravillosa pero sí muy interesante, con una primera mitad tensa e intrigante, una de esas historias que nos llena de preguntas e interés por ver qué esconde la siguiente página, y una segunda más experimental y confusa, pero también ejemplo de la capacidad de su autor para sugerir traumas, adentrarse en mentes conflictuadas y proclamar la difícil hermandad inteligencia- optimismo, arte y felicidad.

Comparando obra y vida parece que hay mucho del propio Salinger en los Glass, tan indefensos pese a su belleza, cultura e inteligencia, niños geniales temerosos de perder su magia cuando la edad les corrompa. Odian crecer, por lo que sus libros irradian desesperación, soledad y tristeza. Leyendo sus andanzas envidiamos sus cerebros, pero también celebramos no haber sido así de listos, evitando tener que huir de una vida que nos romperá en mil pedazos.

- El enigma JDS

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