17 enero, 2006

Y este cuento se acabó

Cuando se estrenó "La Amenaza Fantasma" me negué a pagar una entrada, porque eso de la pre-secuela-trilogía apestaba a chamusquina. Después vi la película en casa y, dadas sus pésimas referencias, no me pareció tan horrible. Era mala pero podía soportarse, así que cuando me dijeron que "El Ataque de los Clones" era buena incluso me animé a ir al cine. Dos horas y media después proferí, rasgándome las vestiduras, un lloro, una promesa, un grito: "Al Cochinillo Lucas no le darás ni un solo talego más". Pasó el tiempo y recibí, satisfecho, noticias de retrasos en la tercera, que se preveía el fracaso, que Lucas tenía el colesterol por las nubes... La vida me sonreía pero, cuando la estrenaron, le gustó a casi todo el mundo. Vaya. Me jodieron. Me moría de ganas de verla, pero una promesa es una promesa. Me devané la sesera un año hasta hallar la solución: alquilarla con un amiguete y, en el momento de pagar en el videoclub, decir que no llevo suelto. Toma ya. Desde hoy sé qué coño le picaba a Darth Vader, no le he dado un duro a Lucas y, para colmo, la peli es la hostia. Braaavo por la múúúsica, que nos haaaace mááááágicos...

Como no es necesario contar nada de la trama porque todos (salvo mi madre, la madre de mi madre y casi todas mis novias) sabemos perfectamente de qué va eso de Star Wars, me abalanzo a descifrar en apenas tres puntos por qué "La venganza de los Sith" es la mejor de las tres. Casi, si me apuran, de todas...

a) Pese a ser abundantes, los bichitos no pintan nada en la trama. Pintan tres o cuatro humanos que quieren matarse entre ellos, un embarazo no deseado, ambiciones y venganzas. El sueño de Lucas de que esto se parezca a Hamlet no tenía mucho sentido con lagartos parlanchines, robots con el cerebro de un ZX 48K o ronroneantes peluches. Las movidas son entre hombres: como dicta la realidad, vamos...

b) Los diálogos han quedado reducidos a la mínima expresión. Fuera sonrojantes conversaciones de amor o debates pseudopolíticos sacados de Sensación de vivir: que hablen las espadas láser, los disparos malintencionados y las batallas en naves. Sobre todo lo primero: abundan las decapitaciones, desmembraciones y mutilaciones varias. Mejor eso que un verborrágico Lucas chocheras.

c) En el fondo nos importaba un carajo la genésis de Anakin, cómo le desvirga una Natalie Portman pepona y los primeros berrinches del crío. Bobadas. Lo que queríamos ver de una vez era porqué se convertía en Darth Vader, de dónde venía esa mala leche y, sobre todo, para qué son los botones de colores que exhibe en el pectoral. Todas las respuestas, o casi, las tenemos en la peli.

Hasta aquí lo bueno, y no voy a meterme mucho en lo malo. Claro que surgen dudas (¿Porqué tiene pelo Yoda, ese cruce de madre de Gizmo y Shrek?... ¿Cómo puede ser tan insoportable Samuel L. Jackson, además culpable de todo lo que pasa a Any? ¿Era tan necesario que, sin venir a cuento, llamen por su nombre a Chewaka, Luke, o Leia, cuando ya todos sabemos que sí, que son ellos, que los hemos reconocido, y que también saldrán en las otras?), pero son menores dentro de una trama que engancha, imágenes que entusiasman y momentos, de verdad, muy grandes, como cuando le ponen el capuchón a Darth Vader. Aunque todos sabemos que con Lucas nunca se sabe (quizá quiera ampliar un poco más su rancho Skywalker, ese en el que se amontonan las pantallas verdes) la sorpresa se ha dado: es un más que digno colofón a una legendaria (y sobrevalorada) saga.

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