21 enero, 2006

Crashtaña

Cada vez que termino de ver una película ambientada en L.A. me arrodillo, beso la calle trufada de heces caninas y agradezco a dios vivir en mi querido Madrid. ¿Se imaginan nacer en Los Angeles? Según salgas del utero una comadrona negra o chicana te retorcerá tu blanco bracito para que sepas qué es el odio racial. Si uno se muda, por cualquier motivo, a la capital californiana, el trámite debe ser "Buenos días señorita, aquí están mis papeles, ¿soy ya angelino?". La funcionaria, de otra raza, dirá "Es usted imbécil, y un europeo de mierda. Antes deberá cumplir nuestro Curso de Desintegración Social, dos semanas de Aprenda a manejar con Irresponsabilidad un Arma y, por último, verse implicado en dos o tres accidentes de tráfico. Entonces quizá pueda considerarse de aquí... pero no se cruce conmigo de noche o le alojaré una bala en la pierna...".

Crash. Los Angeles. ¿Por qué todas las películas sobre esa ciudad son la misma película? ¿Por qué se parecen tanto? ¿Es que todos los que viven en ella sólo saben odiarse, sufrir desgracias, darse golpetazos en coche? Nos han vuelto a engañar con Crash. No vayan a verla. Si ya han visto Grand Canyon, Magnolia o Vidas cruzadas ahórrensela. Si no lo han hecho, alquilenlas en un videoclub. Cualquiera es como esta pero en mejor.

Crash tiene muchas ambiciones, a cual más insatisfecha. Rehuye de los personajes planos: todos somos ladrones, racistas, superficiales, corruptos, malos hermanos, hijos, amantes y trabajadores, pero tenemos nuestro costadito bueno. La dualidad se manifiesta al azar, sin lógica, argumentación o continuidad. Por lo general se hunde al personaje en el fango a través de una experiencia espantosa (de algún modo, merecida) y luego en el post-traumático que incube sentimientos buenos como quien engendra hongos. En cuanto la cámara lo pierda de vista ya se encargará de volver a las barrabasadas.

Ah, algo muy importante. Entre contradicción y contradicción, actos inexplicables/ estúpidos y un poco de arrepentimiento por parte del personaje de turno la pantalla se llena de lucecitas azules y rojas en medio de la oscuridad. Esa es otra constante en este tipo de films. Aquí la variedad es que al fondo suena música electrónica cool.

El afán de veracidad se ve desmentido por los hechos y los giros de guión increíbles. La fuerza emocional se desploma constantemente, al no tener justificación ni argumento porque procede de actos inesperables en el personaje. Por ejemplo.

Dos negritos caminan por un barrio pijo, acusando a los blancos de racismo e indignándose por lo injusta que es la gente que se cruza de acera a su paso. Eso es hasta que dos no se cruzan: estupendo, sacamos una pistola y les robamos el coche.

Soy policía, racista, autoritario y tocón (con lo primero bastaba). Pero todo es por los negros, que no dejan que mi padre pueda operarse de próstata. Así que les hago la vida imposible, por cabrones. Pero un día me juego la vida para sacar a una puta negra de un coche que está a punto de estallar. ¿A una negra? Pues sí. Por cierto, hace un rato abusé de ella. Y que no se me olvide comentar que mi compañero de patrullero es todo lo contrario a mí. Él es bueno. Pero a la mínima descerraja un tiro en la cabeza a otro moreno en el coche.

También era buena la policía mexicana que, al darse un golpecito en el coche llama a la conductora de delante "china de mierda". O Sandra Bullock (su personaje es el más incomprensible de todos) que es racista hasta que dos negros la encañonan el cerebro. Entonces entra en crisis y afirma sentirse iracunda pero no sabe por qué (joder, si acaban de robarla un cochazo y casi la meten un tiro). Su solución es dejarse la espalda en un golpe y decidir que la criada (hispana) es el ser al que más quiere en el mundo. Por eso la acaba de montar un pifostio por no sacar las tazas del lavavajillas.

Grandes mensajes, grandes ideas, pero ni una sola realidad que las sostenga. Y quien quiera defender la película que haga el favor de explicarme la liberación de los presos camboyanos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las cosas buenas que tiene Crash, que indudablemente las tiene, YA las habíamos visto antes. Y las cosas malas, que indudablemente las tiene (algún personaje insoportable, un final de traca...) pues supongo que ya las habíamos visto también. Tampoco voy a darle muchas vueltas a lo que cuenta, para mí simplemente es inconsistente con ese final. Siempre es interesante ver a Matt Dillon, el poli negro también está bien y su compi mejicana es un queso, pero poco más puedo añadir. Supongo que es una buena peli, pero yo sigo pidiéndole más al cine. Bueno, sí, añado que para mí lo mejor fue que la guapísima mujer del productor negro me recordó una peli de Bertolucci llamada Asediada. Lo que hacía Bertolucci con el espacio y la música en aquella peli era portentoso, pelos de punta. Eso sí que era cine con mayúsculas.