05 abril, 2005

Nuestros Héroes del Deporte: Hoy, Shawn Kemp

Somos muchos los que cada noche, cuando nos acurrucamos desnuditos en la cama, recordamos a Shawn Kemp. ¿Cómo poder olvidarle? Kemp fue una de las más grandes estrellas de la NBA de la pasada década, un estilizado y moreno gigante cuya existencia hacia temblar a los tableros. Medir más de 2.10 no le impedía mostrar una velocidad, una coordinación y una capacidad de salto incomparables. De su capacidad para leer el juego y su raciocinio baloncestístico mejor no hablar. Lo mismo pareció ocurrirle en la vida.

Tras llegar a la cumbre con los Supersonics, con los que llegó a disputar cinco All Star, Kemp fue cazado borracho y con la napia caliente. Ayudado por su entonces entrenador, George Karl, inició un proceso de recuperación tras el que nunca volvió a ser el mismo. Engordó, perdió pelo y se convirtió en algo más parecido a George Karl que a Shawn Kemp. Aun así jugó unas cuantas temporadas más en Cavaliers, Blazers y Magic, hasta que se retiró. The Reignman, cómo era conocido por jugar en Seattle (la ciudad de la lluvia), reinar bajo los tableros y, quizá, contar con una capacidad intelectual similar a la del personaje interpretado por Hoffman, se entregaba a una nueva vida, alejada de los focos, en 2003.

Así hasta ayer. Kemp hacía lo que todo hombre de bien puede hacer un lunes por la mañana: fumarse un porro con un colega (¿Chris Washburn, Len Bias? No, este seguro que no), apoyados en su furgoneta en el aparcamiento de un centro comercial de Seattle. Fue entonces cuando un policía percibió el olor a marihuana que los chicos desprendían. Al acercarse a ellos para comentar qué tipo de maría era, el agente escuchó las torpes explicaciones de Shawn y, por motivos inexplicables, decidió registrarle la furgo. ¿Resultado de sus pesquisas? Kemp no la llevaba hasta arriba de Spalding con los que rememorar sus devastadores mates, sino que portaba cocaína, unos 60 gramos de marihuana y una pistola semiautomática. Bravo, Shawn.

Hoy, Kemp acude a un tribunal para explicar el equipaje de su camioneta y si George Karl es tan majo como parece. Y todos los que le queremos nos preguntamos: ¿Y qué pasa por fumar unos porrillos? ¿es que la cocaína es tan mala? Y la pistola, la pistola...¿no llevaba también una el policía, y nadie le dice nada?

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