28 octubre, 2005

Los cuentos de Terry

¿Por qué no había visto Los héroes del tiempo? Lustros llevaba (así de mayor soy ya) en la estanteria acumulando polvo. Me gusta Gilliam (unas veces más que otras), me apasiona Monty Python (pero ésta no es de ellos, aunque así la promocionen) y la tenía en Versión Original. ¿Entonces? Creo que porque la protagonizan enanos, y eso echa para atrás a cualquiera. Mi relación con el celuloide pigmeo viene marcada por Willow, dantesca, y una versión porno de Blancanieves de la que preferiría no hablar. Sin embargo Freaks, con sus pequeños, es una obra maestra... En fin, Yo y el Cine con Enanos, un tema de lo más interesante: profundizaré en él otro día.

Los héroes del tiempo es la primera incursión de Gilliam en el cine fantástico fuera de los Monty Python. Hereda de Los caballeros de la mesa cuadrada la excelente recreación medieval y gran parte del sentido del humor, pero reduce la edad de su público. Sin embargo, y pese a ser similar a otras "películas-cuento" (tipo La princesa prometida), añade la mala leche, mostrando a los padres del niño como auténticos tarugos. El propósito es evidente: por muchas penurias que pasaran en el pasado, por muy sufridos que sean los mundos fantásticos, cualquier cosa es mejor que la triste realidad. Algo nada novedoso viniendo de alguien como Gilliam.

Las diferentes puertas temporales que transitan los protagonistas estructuran la trama en diferentes capítulos. Los hay de tintes históricos (el de Napoleón no es muy bueno), míticos y paródicos (un Robin Hood de John Cleese memorable). Hay malos malísimos (de muy ácido humor) y héroes legendarios (sustitutos de un padre inaguantable). Ayuda al buen tono de la película que el niño no sea repelente: es inteligente pero no repipi, entusiasta pero no cretino y no tiene ninguna gana de volver a ir al colegio. Vive lo que todo niño sueña: ser protagonista de un cuento, que el espectador disfruta recorriendo de su mano.

¿Es, entonces, una grandiosa película? La verdad es que no. Difícil que lo sea viniendo de Gilliam: está impregnada de irregularidad, su trama salta de un lado a otro sin practicamente criterio y el final, aunque coherente, parece precipitado. Pero también tiene grandes virtudes: un talento visual indiscutible, épica, excelentes gags... Los mismos pros y contras de siempre, las mismas razones que hacen al cine de Gilliam especial aunque imperfecto, capaz de alcanzar lo sublime y, al final, siempre dejándole a uno un algo de decepción.

- Lost in La Mancha, Losing la Pinza

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