05 octubre, 2005

De saldo

El bajo precio de los libros (MUY bajo precio, comparado con el de otros artículos de primera necesidad como alcohol, marihuana o judias verdes) me hizo comprar, hace unos meses, las dos obras más conocidas de uno de los escritores de moda: Frédéric Beigbeder. Leí primero El amor dura tres años: su título me pareció irresistible (quizá un poco optimista, pero bueno) y me lo recomendó un buen amigo. Como tampoco me pareció insoportable (el libro; el amigo suele serlo) me atreví con el siguiente: 14'99€ ó, en original, 99 francs. También me gusta su título, muy en consonancia con lo que pretende expresar: que el precio marca el valor, que es más importante lo que pone en la etiqueta que la utilidad del objeto.

14,99€ gira en torno a la publicidad, a las grandes cuentas, ese mundo hace muy poco de moda y que ahora, de moda el anticapitalismo, la antiglobalización, la no moda, se ha convertido en mal visto. Como en El amor dura tres años, Béigdéber insiste en la semi-autobiografía, y en la guerra desde dentro: es beligerante con los que (tan bien) le dieron de comer muchos años, y se entrega al nihilismo depresivo. La superficialidad, tan presente (en todos los sentidos) en El amor dura tres años, vuelve a la carga en 14,99€. Aquí los chistes son eslóganes publicitarios, los enemigos multinacionales y el modelo a seguir... ¿hay alguno? ¿No es verdad que, para Béigdéber, todos somos criminales o mongólicos, víctimas o explotadores?

Las críticas de Beigdeber no son nuevas: cada día escuchamos atacar y atacamos los males del capitalismo brutal, la dictadura de las marcas, el blablabla, blabla, blabla. Su forma de criticarlas tampoco: escribe como Breston Ellis (al que también roba temas). Entonces... ¿qué nos queda? ¿Aportan algo sus libros? Dos o tres meses después de leerlos, puede decirse que poco, casi nada. Son pasatiempos disfrazados de explosivos, rebeldía y contricción que, viniendo de quien vienen, suenan más a cambio de chaqueta y ventajismo. Es habil, es inteligente, es ameno, pero sus cargas de profundidad son superficiales, sus batallas caprichosas y su descubrimiento, obviedad. Pero cuando el precio de tus libros baje más, cuando ya me los regalen, volveremos a encontrarnos de nuevo, Frédéric, a ver si esa vez sí tienes algo nuevo que contar.

- El amor dura tres años

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