Como el argumento lo conocerá todo el mundo, decir sólo una novedad: se queda corto para un film que roza los ochenta minutos. Algo grave. Enfocado de otra forma quizá no habría sido así: es romántico, morboso, original, diferente. Los mejores momentos proceden del melodrama funerario, de la historia de amor imposible. Pero bien por motivos comerciales, bien porque a Burton le cuesta cambiar de neumáticos (cuando lo hace, como en Big Fish, roza la catástrofe), se tira demasiado tiempo en plan comedia delirante, y fracasa.Aunque los haya no abundan los chistes graciosos. Demasiada broma morbosa, juego de palabras macabro y empleo cómico de huesos, órganos o material putrefacto. Algo que expele un tufillo a repetido: ¿Bitelchus, Pesadilla, Sleepy Hollow...? Será eso. La música tampoco es brillante: hay algún número bueno, pero los dos más largos flojean (el de los cadáveres, demasiado Disney; el de la subida al mundo "real", clavado a las "Pesadillas" disfrazándose de regalos). En cuanto a los dos mundos contrapuestos, también son muy desparejos: mientras la crítica a los estirados y clasistas vivos, en blanco y negro, es deliciosa, apenas hay nada nuevo entre los festivos muertos.
Por supuesto que tampoco es mala. Tiene instantes deslumbrantes como las dos secuencias alrededor del piano, o las dudas de Victor entre con cuál prometida quedarse (me encanta: la muerta es casi su alma gemela, la viva es simplemente muy bella... ¿no termina decidiendo lo físico?). Desde luego que el bizarro clima justifica haber pagado la entrada. Pero no nos engañemos: dentro de la originalidad de Burton, está un poco vista; aunque contemplarla sea fascinante, la historia termina aburriendo; y aunque los que nos rodean se mueran de risa, festejando cada broma, es más un asunto de exhibicionista e incondicional entrega que por virtudes reales. ¿Entonces? Está bien, es buena, pero Pesadilla era muchísimo mejor.
- Tim Burton y el chocolate
No hay comentarios:
Publicar un comentario