
Año 2000: el anuncio de que Terry Gilliam prepara su Don Quijote llena de ilusión a muchos aficionados al cine. Primero, porque hablar de Gilliam es reencontrarse con uno de los directores más interesantes, polémicos, imprevisibles e incalificables que quedan en activo. Segundo, porque la historia del hidalgo parece hecha a su medida, la de alguien suficientemente loco como para plasmar en imágenes los delirios del personaje cervantino. Dicho y hecho: el director comienza a rodar la película de mayor presupuesto de la historia del cine europeo: 'El hombre que mató a Don Quijote'.
Un año después: desbandada general, proyecto paralizado y millones de euros arrojados por la borda. Actores enfermos, adversidades climáticas y la caótica forma de rodar de Gilliam arruinan lo que iba a ser una gran película. De 'El hombre que mató a Don Quijote' se pasa a 'Lost in Mancha': de la definitiva versión del Quijote sólo queda un documental descarnado, ejemplar muestra de cómo se hunde un proyecto.
Lost in Mancha es el drama de una película jamás rodada. Es el gran aborto de Gilliam, la caída de un pequeño dios sin juicio e incapaz de sobreponerse a los imprevistos que él no ha sabido frenar. Aunque castigado por la mala suerte, la crónica de su derrota no lo muestra como inocente, sino como un ego hundido por la soberbia y la irresponsabilidad. Relatar cómo los acontecimientos le despojan no sólo de su película soñada, sino también de la fe y la admiración de los que le rodean, constituye un retrato de inusitada dureza sobre las dificultades que implica un negocio como el cine.
Porque también Lost in Mancha refleja la precaria estabilidad sobre la que se cimenta una obra de arte. El imposible equilibrio entre ambiciones creativas, realidades y límites presupuestarios en la industria del cine actual. Cada película es una empresa en sí misma, el cine es un negocio como cualquier otro, y en él no encuentran acomodo gentes del desmesurado talento, exacerbada ambición y tan poco autocontrol como el encantador Terry Gilliam. Esperamos con avidez su próximo proyecto, su próxima película, quizá su próximo y final fracaso. Esperemos que al menos le concedan la oportunidad de intentarlo y, de no lograrlo, que al menos nos quede una obra de tanto interés y humanidad como ésta.
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