Lo sucedido me trajo a la mente una película casi desconocida pero maravillosa: Rey por inconveniencia, de Philippe de Broca. La historia que cuenta es bastante similar: en la I Guerra Mundial, el ejército británico trata de recuperar un pueblecito francés, tomado por los alemanes. El lugar, abandonado por la población civil, alberga un manicomio, cuyos pacientes quedan libres casualmente. Un inglés es enviado para ver qué sucede en el pueblo. La situación, a priori, es propicia para narrar un drama devastador: adentrarse en medio de la guerra en un pueblo tomado por locos. De Broca, en cambio, desarrolla una de las películas más hermosas, poéticas y lúcidas que he visto en toda mi vida. Cada loco adopta un rol social diferente, nadie piensa en guerrear con nadie y, cada poco tiempo, magia fiesta y alegría convocan a los ciudadanos. Los locos terminan siendo los cuerdos mientras los cuerdos se matan en el campo de batalla.
No he visto mucho más de Brocca, salvo una película de época entretenida (¡En Guardia!) y Los cuatrocientos Golpes, donde fue ayudante de dirección de Truffaut. Tan poca cosa le ubica, quizá injusta pero también inmediatamente, entre mis directores favoritos. En Rey por inconveniencia hace pensar en el drama pero a través de la risa, denuncia el espanto contrastándolo con la hermosura, y nos hace odiar a los malos mostrando, con fantástica naturalidad, que es mejor parecerse a los buenos.
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