22 octubre, 2005

Cine moderno buscando el amor eterno

Dos románticas historias se desarrollan en Hong Kong. La primera se disfraza de thriller: un policía secreto, abandonado por su novia, decide enamorarse de la primera mujer que se cruce, casualmente una traficante de drogas. La segunda historia es algo más tradicional: otro agente de policía, siempre uniformado, lamenta por las esquinas que su novia azafata se fue. La dependienta del restaurante donde la compraba ensaladas le devolverá la vida.

"Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero este perro es incapaz de sentir mi pena"

Otras veces he criticado a Wong Kar Wai, aquí no. Chungking Express es una película de culto, artística, ambientada en un escenario tan pop y atractivo como una gran urbe asiática. Pero también es una historia intimista, de rupturas sentimentales. Los personajes nos muestran las infinitas formas de amar; unos piden, otros dan. El que goza cuidando y el que es incapaz de cuidarse. Nos habla de paradojas: Una, el amor es casi inencontrable, pero suele terminar escondiéndose a la vuelta de la esquina. Otra: el amor conduce siempre a la desgracia (como las latas de piña, tiene fecha de caducidad), pero mientras dura flotamos en un universo mágico. En resumen: Wong Kar-Wai emplea un lenguaje superior, al límite de la cinematografía, para contar historias de humanos identificables, queribles. Una obra total, la película de amor reinventada.

"Me gusta ir a correr, correr evapora el agua del cuerpo. Y así no queda agua para las lágrimas"

¿Puede pedirse algo más? Instantes inolvidables que hacen grande una película. Los hay. La poesía: los diálogos del abandonado con una casa que llora. Su identificación con los objetos inanimados que parecen sentir pena. La aparición de un ángel, que devuelve a todos la vida. Los actores: la incapacidad de centrarse en sólo uno de los seres que se comen la pantalla. Son rostros perfectos para sus papeles, con gestos medidos e idóneamente elegidos. Algunas de las mujeres más hermosas del planeta. La música: maravillosa. Extemporáneos boleros para sentir pena. O el California Dreaming, de Mamas and the Papas, que merced a las caderas y ojos de una camarera se convierte en el Himno a la Alegría.

"No entiendo por qué todo tiene fecha de caducidad. Si tuviera que tenerla mi amor por ella, me gustaría que fuera dentro de 10.000 años".

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