10 octubre, 2005

Crónica de los días más tristes

Mi ánimo no está en su mejor momento, pero me obstino con discos tristes, películas hiperrealistas (es decir, deprimentes) y libros como Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq. Sin embargo esas influencias externas no contribuyen a hundirme, sino todo lo contrario. Ver que muchos otros sienten lo mismo ayuda a no sentir soledad; disfrutar las crónicas ajenas de todo lo que nos sucede estimula a crear, a criticarlo con ellos.

El protagonista de Ampliación del campo de batalla, cuyo nombre no es mencionado en el texto, es un joven informático inmerso en una severísima depresión. La vida se la produce. Odia a las mujeres, que llevan años ignorándole o despreciándole. La debilidad y superficialidad de los hombres le paraliza. No puede ayudar a nadie: la fragilidad de todos los que le rodean le hace sentirse más debil. Es indolente; incluyéndose a él el primero, desprecia a los seres humanos o, más concretamente, a los que vivimos en esta sociedad occidental. Como mucho, envidia a los tontos: su ignorancia, al menos, les hace ser más felices.


Como tantos otros, Houellebecq denuncia la deshumanización de occidente. Saber más, tener más herramientas de conocimiento y comunicación, nos ha conducido a la ignorancia y al hermetismo. El liberalismo, el capitalismo, la competencia, anulan en el ser humano el optimismo que, en épocas a priori más infelices, tuvieron otras generaciones. La batalla cotidiana mató la frescura, las ganas de vivir. La tecnología nos convirtió en máquinas imperfectas, las ciudades repletas están llenas de solitarios insolidarios.

Como no podía ser de otra forma, otro gran tema es el sexo. Para el autor, "el valor de un ser humano se mide hoy en día por su eficacia económica y su potencial erótico". El capitalismo también triunfó en el campo sexual. Un mercado con sus propias leyes (donde se compra y se vende belleza, donde hay acuerdos no escritos como la fidelidad), ciclos de oferta y demanda y, por supuesto, vencedores y vencidos. La derrota en el terreno sexual y, por ende, en el amor (aunque el hombre de Houellebecq está demasiado hundido como para ser capaz de amar) es aún más importante que la derrota profesional. Como se expone a través de los dos protagonistas, genera angustia, desesperación, a través de caras opuestas: el frío y el calor, incapacidad de amar frente a obsesión sexual.

La iglesia católica, el fin del sistema actual, la futilidad de la vida, el triunfo del suicidio, la nostalgia por la niñez (en la que nadie nos avisa de que, al crecer, seremos arrojados a ese "campo de batalla" que abarca todos los campos), la lectura como única e imposible escapatoria... Todo en este libro trágico, pero también comprensivo; brutal, pero lleno de racionalidad. Y triste, muy triste, aunque la incorrección política, la amarga lucidez del que escribe, la exactitud de muchos de sus pensamientos nos lleven a la carcajada, riéndonos de cosas que también pueden hacernos llorar.

- Entrevista a Houllebecq

- Página oficial del escritor

- Similitudes y diferencias con El extranjero

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