13 octubre, 2005

Contigo tofu y cebolla

LLevaba años intentado ver Happy Together. Me entusiasmaba contemplar la relación tormentosa de dos asiáticos homosexuales en los bajos fondos de Buenos Aires y, lindo y humano detalle, obsesionados con conocer Iguazú. Por fin, gracias a una distribuidora (Cameo, vende muchas de las pelis de Wong Kar Wai) he conocido a los chicos, mientras oía meláncolico a Piazzola y después de saborear un rico asado de tira.

Comienzo a ver la película emocionado, expectante. Los dos amantes, "Felices juntos", están solos, alejados de su mundo, ajenos. Tanto, que incluso podrían dudar de que existan de verdad. Aislados, sólo viven el uno para el otro. Creían que compartirlo todo les acercaría: en realidad, se roban el aire, la vida. 'Amor fou': no sabemos cómo empezaron a amarse, pero sí que terminarán fatal. Adictos el uno al otro, no pueden desconectar. Hay un tercer protagonista, que oxigena un poco la trama. Soñador, libre, autosuficiente, ofrece una vía de escape; como tal, termina en el fin del mundo, viviendo por los demás. Argentina es el cuarto personaje, aunque transformada en protagonista invisible. Un planeta en el que los otros tres pasarán por alienígenas. Resulta imposible imaginar a un occidental soñando así cataratas, viviendo así Buenos Aires.

Pero poco a poco voy perdiendo el interés. Los pequeños capítulos que componen la película son fogonazos estéticos, un menú de degustación de estilos, texturas, con más carga visual que historia que los sustente. La trama, de tanto retorcerse en sí misma, consigue hacerse tediosa. Vemos sus enfrentamientos, sus mentiras, sus celos, pero no la ternura o el cariño que cabría suponerles. El paso de los minutos aburre: es más una exhibición de Kar Wai que historia que comprometa. La densidad del color diluye la densidad de la trama. Los saltos temporales y movimientos de cámara alejan de lo que en teoría se nos cuenta.

Agridulce como la salsa de los rollitos me parece el balance final. Sé que los personajes permanecerán en mi memoria: son de carne y hueso, su desesperación los hace creíbles. Pero me queda la sensación de haber asistido a demasiados minutos sobrantes. Me quedo con hambre de ellos, y saciado de ejercicio estilístico.

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