Puedo no estar muy seguro (aunque creo que sí, pero bueno) de que Charlie y la fábrica de chocolate sea una de sus mejores películas, pero sí es cierto que hacía mucho tiempo que no me reía así en un cine. La historia es fascinante, la estética, como no podía ser menos, asombrosa, el humor ácido y más que brillante y las interpretaciones, de todos, soberbias. Es más: Deep Roy, el pequeño actor (sí, también es enano en la vida real) que interpreta a los Oompa Loompa, es uno de mis nuevos ídolos cinematográficos. Ansío tener la versión en DVD, y aprender a bailar como ellos.

¿Lo malo? No demasiado, pero algún pero habrá que ponerle, porque tampoco es perfecta. La excesiva crueldad Burtoniana hacía el pequeño y gordinflón alemán, en un chiste quizá demasiado visto... El episodio que parodía 2001, previsible y aburrido... Sin duda los traumas infantiles de Wonka, totalmente innecesarios... Respecto al tan criticado final, me parece sólo un chiste. ¿Y esto es un cuento infántil, no? ¿Si somos buenos no recibiremos un premio? Otros llevan dos mil años viviendo de esa misma historia...
En todo caso, festejo que Burton haya recuperado la forma. En su honor no comeré chocolaté pues no peco de goloso pero, como algo tendré que hacer, me enciendo ahora mismo un canuto. Y pienso, mientras saboreo el cacao...¡qué ganas tengo de que llegue la próxima! (Corpse Bride, en la línea de la genial Pesadilla antes de Navidad es, por lo que dicen, una obra maestra absoluta).
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