02 agosto, 2006

Marea negra

Sí, tenía una deuda pendiente con ella. No aguantaba sus gafas de pasta y de culo de vaso. Su sonrisa de guay. Sus multicolores abrigos en verano. Su "siempre vivo bajo el sol" en invierno. Su felicidad comprometida, su frivolidad trágica. Lo de esta chica y yo era una incógnita: a nivel profesional amo sus películas ("Cosas que nunca te dije" y "Mi vida sin mí", las dos que he visto). A nivel personal aborrezco las tonterías que dice en sus entrevistas. Cariño y rencor pueril. Isabel Coixet y yo. Después de "La vida secreta de las palabras", no. Ya tengo motivos profesionales para despotricar contra ella. Ya puedo sacar a la luz mis ridículas fobias. Mis prejuicios, mi machismo, mi impotencia. Lo que quieran. Estoy caliente.

El responsable de una fábrica regaña a una de sus trabajadoras... ¡por trabajar demasiado!. La muchacha, aislada, retraída, sorda... ¡escucha en un bar una conversación decisiva! Decide pasar sus vacaciones en alta mar... ¡como enfermera de una plataforma petrolífera!. Allí la espera un herido ciego y con quemaduras graves (por sus comentarios obscenos, a la altura de la bragueta especialmente). Un cocinero con tanta pluma como ternura (¡sorpresa!, Javier Cámara). Un apasionante científico que investiga mejillones (también cuenta olas, que conste). Y el clásico lobo de mar intrigante. Y un atractivo afroamericano sin frase. Y otros dos personajes que tampoco pintan nada, salvo que se... bueno, lo que sea. Más que un infierno en el mar una guardería para adultos.

Era arriesgado mostrar a una moribunda montando un numerito musical en una droguería, pero diluido en una maravillosa película podía aguantarse. Otra cosa es cuando el delirante esteteticismo del peor anuncio de Tampax ocupa la mitad del metraje. Dice la película "todo es silencio o palabra". Los silencios, aquí vácuos, los trata de llenar Isabel con lo que la sale del i-Pod. Las palabras, aquí a veces demasiadas, son necias. Alguna conversación entre los dos protagonistas, el brillante monólogo de un ave marina (sí, también hay bichitos)... poco más. La historia es increíble primero, previsible después, indignante al final. Para tapar los boquetes de un barco que se inunda no debe recurrirse al drama de las víctimas de una guerra. Guarra.

Los que ya eran enemigos de la directora no encontrarán motivo para la reconciliación. Los que gusten de "Bailar en la oscuridad", "Mar adentro" o "El paciente inglés" encontrarán sospechosas coincidencias. Los espíritus sensibles, los cinéfilos intelectualoides, los que pueden tragarse cualquier cosa que tenga etiqueta de "indie"... que me digan. Quiero ser de los vuestros, lo soy, quiero ser guay, me gustaba la Coixet, ¿¿¿qué me pasa???

- Web de la película