La acción se desarrolla en Europa, pero sabemos muy poco más. No qué causó esta catástrofe, algo que a estas alturas no importa. Un matrimonio y sus dos hijos corren a refugiarse en su casa de campo: una humilde familia ya la ha ocupado y se produce la primera muerte. Haneke pone pronto claro aquello que decía Hobbes: 'Homo homini lupus'. Anne (Isabelle Huppert) y los niños, Eva y Ben, comienzan a deambular este nuevo mundo. Caminos desiertos, pueblos devastados, animales ardiendo, perros hambrientos y, al final del camino y guiados por un ladronzuelo, un asentamiento de nómadas a la espera de un tren imposible. La sociedad, o lo que queda de ella, y sus nuevas reglas. Sexo por agua, los niños mueren, el racismo o la venganza son ley. La religión es la esperanza de algunos, el egoísmo lo que une a todos. Campo abonado para Haneke: la violencia, la imperfección de los sistemas sociales, el comportamiento humano en circunstancias extremas.La contundencia de sus historias opaca el virtuosismo de Haneke. "El tiempo del lobo" carece casi por completo de música, discurre casi por completo de noche y no tiene más diálogos que los imprescindibles. Pero plantea dilemas como hacia dónde se dirige esta sociedad europea pacifista-ecologista de boquilla, sofisticada, despreocupada e hipócrita. Cómoda bajo el ala estadounidense. Al mismo tiempo: ¿puede darse orden si no es a través de las armas? . Todos tenemos un precio. Y escondemos racismo, inteligencia aprovechada, lo que sea, a la hora de elegir entre el yo y los demás. Haneke habla del apocalipsis sin hacer ciencia ficción: su fin del mundo es la cotidianidad de África, Medio Oriente o Sudamérica. ¿Qué coño tiene dentro el ser humano?
Su respuesta no tranquiliza. Confinado a la oscuridad, el espectador imagina las atrocidades que se producen fuera de campo, los gritos amenazantes de otros humanos, el terror, la incredulidad, la ignorancia de los tres protagonistas. La hospitalidad es respondida con un balazo en la frente, todo es negociable, los juicios los dictan los más poderosos y los culpables, de haberlos, quedarán en libertad. El gran defecto de la película es que se hace corta. Deja con hambre. Queremos ver más sufrimiento. Pero como ya se ha acabado salimos del cine, cogemos el coche y nos bañamos en la iluminada piscina de una mansión de Madrid. Auuuuuuuuuuuuuu....
- Haneke no se esconde
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