05 agosto, 2006

Platos del Mundo, I: Hoy, la Arepa Huevo

Prueba. Atrévete. Sal a la calle y pregúntale a un policía de barrio, a un taxista, a una prostituta, qué es lo primero que se le viene a la mente al escuchar la palabra "Colombia". Si alguien te contesta "Arepa Huevo" no lo dudes: estás ante una persona especial. Dale un rodillazo en los huevos. Cásate con ella. Lo que sea: demuéstrale que es un momento importante. Porque te habrá nombrado una de esas escasas cosas que me hacen mantener la fe en el ser humano. Unos países son famosos por su selección femenina de natación sincronizada. Otros por sus diques para dominar las aguas. Colombia, no: Colombia tiene la Arepa Huevo, que no es un baile ni un pájaro ni un avión, sino un delicioso alimento disponible en todo el país pero, especialmente, en su lado caribeño. No sólo regaló a mi paladar paraísos sensitivos inimaginables, también me salvó la vida en dos ocasiones. Una tras perderme en una ignota playa del Parque Nacional Tayrona; la siguiente poco después, en un desplazamiento a cincuenta y siete grados encerrado en un mugriento autobús camino a Cartagena de Indias.

Como sólo ocurre con las cosas más sencillas su origen es complejo. ¿Cuándo y, quizás más importante, por qué a alguien se le ocurrió fusionar conceptos a priori tan lejanos como "arepa" y "huevo"? A un genio, a un valiente, pero por partes. Arepa es un pequeño pancito producto de la mezcla de harina de maiz, agua y sal, para después aplicarle alguna forma de calor procedente de agua hirviendo, aceite, un horno... Las posibilidades son casi infinitas. Como la importancia histórica de la arepa: en Venezuela también se comen. Me permito decir que son vínculo de hermanamiento entre los dos países vecinos. No veo tan descabellado proponer a la arepa para el Nobel de la Paz. Respecto al huevo... ¿qué podemos decir de él a estas alturas? ¿Qué sería de las tortillas sin huevos? ¿Y de los revueltos de huevos sin huevos? En fin....

Voy concluyendo, os imagino impacientes. Para hacer una arepa huevo se necesitan los ingredientes mencionados, mucho aceite, un recipiente adecuado y, a menos que se disponga de una extraordinaria habilidad con los pies, manos. Se calienta el aceite hasta que alcance una temperatura suficientemente caliente (puede probarse arrojando al recipiente a un bebé) y una vez alcanzada se introduce, con cuidado si es en tu cocina, de lejos y salpicando lo más posible en caso contrario, la arepa cruda. No debe estar muy suelta ya que se deshará en el recipiente, ni demasiado salada porque nos moriremos de sed. La dejamos bañarse unos segundos en el aceite (podemos mientras leer algo adecuado... "Cien Años de Soledad", por ejemplo, y hasta el final) y, con un instrumento propicio (una caña de pescar, un casco de motorista, un guante de amianto) se extrae la arepa a medio fritar (los colombianos lo dicen así). Este momento es tan decisivo que necesito otro párrafo.

Aquellos especialmente sensibles y cercanos a las empanadillas, las croquetas o criaturas similares que dejen de leer desde ya. Porque, con un cuchillo muy afilado, procederemos a hacer un corte en la parte superior de la arepa, procurando que no sufra mucho. Que la arepa sea circular facilita, además de su rodamiento, el encontrar la parte superior, que será cualquiera. Al hacer ese corte o hendidura crearemos una pequeña cueva, un refugio, en el interior de la arepa. Ahi echaremos el huevo, previamente despojado de su cáscara. No perdamos el tiempo contemplando la escena y arrojémoslo todo al aceite hirviendo (podemos comprobar que sigue hirviendo pidiéndole a algún anciano con las condiciones mentales mermadas que meta la mano). De haber hecho todo bien, el milagro se habrá cumplido: bajo una lluvia de burbujas adivinaremos a la arepa terminando de freirse, al huevo escondido en su interior cuajándose con velocidad... Sáquese de nuevo la onza, sírvase sobre un papel que empape el aceitazo y, en la medida en que el hambre nos lo permita, dejémosla enfríar un poquito, porque las temperaturas alcanzadas en su interior son superiores a las del núcleo terrestre. Entonces, preparense para gozar...

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