06 agosto, 2006

Flashback

Hoy cumplo 32 años. No me pierdo en disquisiciones, existencialismo y autocomplacencia. Repaso breve pero exhaustivo de mi evolución vital.
0 años: Tres días después de romper aguas mi madre logra la machada de parirme. Viva el fórceps.
1 años: Muere Franco. Con él vivía mejor.
2 años: Las primeras palabras desmienten que sea un orangután albino.
3 años: Mi humilde origen me obliga a gatear buscando trabajo para pagarme los estudios.
4 años: Intenso primer día de colegio. Un niño me muerde la frente y conozco a Isra.
5 años: Mi abuela se deja medio cubata en la mesa. Desde entonces soy conocido como Drew Barryless.
6 años: Primera comunión, vestido de marinerito por exigencia propia. Para darme de güantazos.
7 años: Enamorado de la blonda melena de Schuster, me hago del Barça.
8 años: Primer encuentro con Naranjito. Desde entonces desconfío de los cítricos.
9 años: El onanismo... ese arma cargada de futuro.
10 años: Campamento de verano con mi primo Miguelito. Es apuñalado repetidas veces por niños gitanos y tenemos que regresar.
11 años: Primera fimosis fallida. La nanotecnología y yo aún estamos en pañales.
12 años: Horribles pesadillas provocadas por la tele me obligan a volver a dormir con mis padres.
13 años: Primeros fracasos escolares. Según mi madre, porque soy superdotado. No cuela.
14 años: Mi padre se teletransporta al planeta Tibili. Saludos, Gordo.
15 años: Descubro el extranjero y que mi madre es un hombre.
16 años: Primera novia. No lo hacemos público porque sólo tiene dos años.
17 años: Pese a la oferta -a la baja- del JOYFE cuelgo las botas. Se acabó el sueño de la NBA.
18 años: Apruebo a la quinta el carné de conducir. Poco después, aunque por culpa del calzado, atropello a un anciano.
19 años: Dejo de dormir con mi madre. La cosa ya daba el cante.
20 años: Tiene mi amor. Entonces lo eran una chica de enorme corazón, las drogas y un jueguito de consola. Un joven intelectual, vamos.
21 años: Otro tripirail. Una sobredosis de hongos, complicada por la aparición de las muelas del juicio, me ponen al borde de la muerte en Münich.
22 años: En plena crisis de identidad paseo por La Moraleja con abrigo de visón y tanga.
23 años: Termino de desacreditar el sistema universitario español completando Periodismo.
24 años: Sin saber ya qué hacer para llamar la atención me marcho a Buenos Aires a vivir.
25 años: El Señor de los Gramillos, etapa blanca y oscura, el placer.
26 años: Mi madre mandó un hijo, Argentina la devuelve un esqueleto.
27 años: Espero a que se doble el precio de la vivienda para adquirir un piso. Su reforma, como el Canal de Suez.
28 años: Casi todos mis amigos son argentinos: primer intento de suicidio.
29 años: El reloj biológico me pide ser padre. Compro un Casio y me dejo de mandangas.
30 años: Tiene mi amor. ¿? Empiezo a escribir mi obra maestra. Aún estoy por la mitad.
31 años: Las bodas homosexuales abren horizontes inesperados. Si no puedo engañar a una mujer quizá pueda vivir de un barbudo.