19 noviembre, 2005

La Mágica Reencarnación

Una de las mejores películas de la cartelera actual, Match Point, construye su apasionante trama sobre un eje básico: la suerte, muchas veces por encima del talento o del trabajo, termina dictando la historia. ¿Qué hubiera pasado si, cuando asumió Laporta, hubiese venido Beckham en lugar de Ronaldinho? Quizá su "círculo virtuoso" sería hoy la imposible y ridícula búsqueda de la cuadratura del círculo.

Se acabó la pesadilla
¿ Y Rijkaard? Con su mediocre currículum en los banquillos tampoco era el elegido. De firmar Hiddink, la primera opción, ¿jugaría el Barça como lo hace ahora, o sería un híbrido mecanismo repleto de australianos y coreanos en lugar de negras gacelas? El plan inicial de Laporta se vino abajo para dejar paso a otro, tan improvisado como afortunado. ¿Ven cómo la suerte también decide la historia?

Suerte la de ser hoy aficionado del Barça, que una década después de la muerte del Dream Team (Atenas 1994, la paliza del Milan) se deleita con un equipo de ensueño. De gusto tradicional por el futbol exquisito, más acostumbrados a jugar bien y perder que a lo contrario, ni siquiera los culés eran felices con las gélidas dos ligas de Van Gaal, o al menos no más que con el enloquecido y anárquico equipo de Ronaldo y Robson. Ahora lo tienen todo: fútbol de ensueño (el más idílico y brillante de Europa) y lo más parecido a una maquinaria, pesada y pensada, para fabricar victorias.

Heredado y herederos
Dicen que, en el fondo, todo está ideado por Cruyff. No hay duda de que se le parece: constantes rotaciones de los puntas, extremos que abren el campo e intercambian posiciones, falso delantero centro, la pasión por el pase interior, por los rondos... El romanticismo ha vuelto, aunque un Rijkaard menos prepotente y engreído que Cruyff haya añadido un poco más de equilibrio, de solidaridad, quizá hasta algo más de carácter. Cruyff terminó peleándose con Laudrup, Romario o Stoichkov. La aterciopelada fuerza de Rijkaard, el doble y efectivo rasgo de su carácter, es saber inculcar paternal disciplina en los jóvenes Eto'o, Ronaldinho o Messi.

El grito de Bakero parece tener eco en Deco, como la vehemencia de Stoichkov se adivina, con algo más de inocencia y juventud, en el príncipe camerunés Eto'o. Puyol, con más pelo y cintura que Koeman, también es un baluarte, y hasta la frágil figura del narigudo Giuly tiene un algo de Beguiristain. El cerebro que le sobraba a Guardiola lo transporta Xavi, cubierta la espalda por Márquez, y las suicidas acometidas de Beletti o Gio recuerdan, más finas, a los aguerridos tiempos de los mejores Sergi y Ferrer. No hay duda: Iniesta habría sido mimado por Cruyff y éste, a regañadientes por robarle algunos focos, hubiera terminado dando la alternativa a Leo Messi. ¿He dicho Maradona o Messi? Quizá el eslabón perdido en la historia azulgrana, el genio argentino, sea la definitiva reencarnación de esta reencarnación mejorada.

- Lo mismo, en Terra

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