01 noviembre, 2005

La Fies es la Fies

No soy un experto en musica. Tengo orejas (más que nada por disimular mis cejas y colgarme mariconadas), un cierto criterio melómano (¡pena de muerte a Bisbal!) y amigos que entienden del tema y me recomiendan discos. ¿Películas sobre música? Las vi muy famosas (Spinal Taps), muy clásicas (El Último Vals) y muy pésimas (la última, Casi famosos). Ahora tengo otra referencia: la divertida, la cómica a la par que realista, 24 Hours Party People.

Temporalmente recorre la segunda mitad de los setenta, gran parte de los ochenta y hace referencia a la época actual (está rodada en 2002). Geográficamente se desarrolla en Manchester, y abunda en citas histórico- sociológicas. Musicalmente, recrea el ascenso y caída de grupos como Joy Division, New Order, Happy Mondays y las grandes fiestas rave. Pero habla de muchos más personajes, de drogas, de sexo, de muerte. No crea ni destruye leyendas: retrata. Sin crueldad ni condescendencia, pero sí mucho posmodernismo. La película es deslenguada, y no para de reírse de sí misma, aunque no disimula su afán de ser grande. Grandiosa.

De lo más interesante del panorama británico, la virtud de Winterbottom es que cambia de tono, de tema, de géneros en cada proyecto sin pararse a medir riesgos. Aquí lo hace en una misma película: dice tanto a través de tantos medios (diálogos, imágenes, música) y formatos (archivos documentales, falso documental, un poco de teatro, referencias a la cámara) que parece seguro que nos desorientará. Pero no: como un corderito que, en vez de balar, bailara, sigo al pastor Winterbottom por su abigarrada senda. Aplausos.

La película va de la rabia a la risa, del odio a la confraternidad. Como casi siempre en este tipo de obras se diferencian dos partes: la primera, optimista, creación, crecimiento, vacas gordas. Luego las peleas, los egos, la cuesta abajo. Pero no todo es tan tópico: la ironía unifica la trama. Del postpunk a los DJ's, de los gestos fascistas al éxtasis. Y mucha, mucha, desmitificación: "si cuentas una historia, y has de elegir entre verdad y leyenda... ¡cuenta siempre la leyenda!". John Ford y la peli dixit.

Aunque lo que importa debería ser la música, el personaje principal es glorioso y le roba el show al resto. En torno a él, Tony Wilson, se reconstruye (¿o se destruye?) la historia. Hace de todo: es personaje, narrador e, incluso, interlocutor con los espectadores. Sus contradicciones personales, su punto de vista contradictorio respecto a lo que en realidad ocurrió, afinan la película. Y esta suena tan maravillosamente que resulta imprescindible.

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