Perifería de París. Dos chicas opuestas se hacen amigas. Lea es guapa y tiene novio. Blanche ni lo uno ni lo otro. Lea es extrovertida, promiscua y quiere que su amiga se le parezca. Blanche también tiene ganas de cambiar, echarse maromo y disfrutar de su nuevo piso. Así que orquestan un plan, pero ya sabemos que esas estratagemas no suelen funcionar: a Alexandre, amigo de Lea y de su novio Fabien no le interesa una pretendiente insignificante y estrecha. Pero al final la cosa se lía: estos jóvenes son algo más vivos que mis amigos.Que no esté entre sus mejores películas no equivale a decir que "El amigo de mi amiga" sea mala. En absoluto. En sus diálogos hay más inteligencia que en toda la filmografía de Van Damme. Más risas que en cualquier serie televisiva española. Más sentimientos que en el nuevo disco de David Bisbal (lo que ya es decir). Me gusta que los personajes terminen haciendo siempre lo contrario a lo que habían anunciado (como pasa en la realidad). Que se arrepientan más por los actos no consumados que los que sí cometieron (eso también). Que todos terminen felices (eso ya no, pero bueno).
Baja el tono el escaso interés de los personajes masculinos (dos muñecos no muy bien interpretados), el exceso de casualidades para hacer avanzar la trama (a veces le pasa al director, sobre todo en esta serie) y los espantosos modelitos de Blanche (defecto achacable a esa época). Si la anciana del principio hubiese odiado Rohmer por el exceso de laca de sus películas de los ochenta, junto a la industria estadounidense grandes responsables del efecto invernadero, la hubiera dado la razón. Pero no. Ella decía que su cine es aburrido. Y eso es lo mismo que decir que la aburrida es la vida. Qué coñazo.- Un cuentito... de invierno
- Entrevista al viejo sabio
No hay comentarios:
Publicar un comentario