Siempre empiezo -y generalmente acabo- el periódico por las páginas deportivas, por lo que el nombre de Carlin me es familiar. Aparte de fútbol le he leído despotricar sobre la hortera Inglaterra, el asesinato de África o el malévolo Imperio Yanqui. Palos para todos, siempre, salvo para sus 'dioses': Figo, Ronaldo, Zidane. El Bernabéu, durante unos años, fue su único refugio de fe, el templo donde el periodista amargado se reconciliaba con el género humano gracias al arte del Madrid de los Galácticos.Junio de 2003. Haciendo un reportaje sobre el SIDA, en el infierno ruandés, Carlin recibe una 'celestial' noticia: David Beckham, un ángel, ficha por el Madrid. Un bombazo. El jugador más famoso del mundo completa al equipo más poderoso del mundo. Entre caras deformadas a machetazos, familias destruídas por la enfermedad y médicos desesperados surge algo de lo que todos quieren hablar, que todos comentan con entusiasmo y el mismo conocimiento que en un bar de la Castellana: Fútbol, Beckham, Real Madrid. Y también Del Bosque ("¿por qué le han despedido?"), Zidane ("él sí que es el mejor") o Florentino ("el artífice del mejor equipo de todos los tiempos"). Carlin, que vivió en Argentina y, por tanto, sabe mucho de la pasión que provoca este deporte, percibe ese día que más que la religión, más que cualquier otra cosa, el fútbol es el gran nexo de unión planetaria. Tan grande como para abandonar Ruanda, África, su reportaje, y correr a España para entrevistar a 'Becks' en su primera aparición televisiva merengue, en Real Madrid TV.
"Los ángeles blancos" explica porqué Beckham abandona a su querido United y porqué éste vende a su estandarte. La difícil negociación del traspaso más mediático de la historia. Habla mucho de goles, de épica, del deporte más hermoso. Pero sobre todo es la crónica del sueño de Florentino Pérez: el empresario que quiso reunir a los mejores del mundo en un conjunto invencible. Su anhelo de recuperar una niñez en la que, junto a su padre, contemplaba al gran Madrid de Santiago Bernabéu. Esa es la parte 'blanca', pero pronto llega la 'oscura'. La del Pérez soberbio que afirma, medio en broma medio en serio, que en 2018 el fútbol no tendrá sentido, que se jugará sin porterías, porque todos los aficionados serán del Madrid. La del Pérez cretino que sostiene, medio en broma medio en serio, que su equipo ganaría igual con diez, tanto que podría 'alquilar' el dorsal número once a un millonario que, cada semana, quisiera formar parte de ese parque de atracciones.A Carlin a veces le puede el madridismo y, como a todo buen inglés, su amor por Beckham. Comete errores groseros al hablar de otros jugadores, vierte opiniones impropias hasta en un forofo. Dedica a Beckham medio libro; a Figo, Ronaldo, Raúl o Roberto Carlos medio capítulo. Al principio lo hace en un tono triunfal, erigido en cronista de un ejército destinado a conquistarlo todo, para pasar a adentrarse en la tortuosa campaña del coloso que acaba estrellado. La llegada de Beckham parecía el comienzo de una nueva era. Pero sólo fue el principio del final de otra.
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