Por apasionante, por breve, y por un método de lectura rápida que me permite pasar páginas a la velocidad del sonido, aunque luego no me entere de nada, el libro cae en unas horas. Son una docena de relatos breves, monólogos, pero de los que sí tienen gracia. Reflexiones salpicadas por ilustraciones y chistes del propio Vonnegut, que con la edad ha ganado acidez, amargura y sabiduría, lo que provoca conclusiones dramáticas. En un planeta que se va a pique, entre animales que ya no son racionales y su senectud, que no le deja tiempo libre, el optimismo es difícil. Hablamos, además, de un ex combatiente en la Segunda Guerra Mundial, de un traumado, de un suicida fracasado. Pero tanta desgracia hace sonreir. Incluso carcajear. Porque Vonnegut es siempre fiel a una máxima: todo es susceptible de broma. Nunca pierdan el sentido del humor. Morir (Dios no lo quiera), invadir un país sólo por su petróleo, contaminar un planeta, que el más poderoso sea Bush. Tampoco es tan grave, ¿no?
Humor. Lo más importante. Sobre él empieza filosofando Vonnegut, que después pasa al socialismo y la guerra, a cómo hacer escritura creativa, al sexo, a los sabios que en el mundo han sido, al pregón de la montaña. Ser viejo no es el pasaporte hacia la sabiduria sino hacia una religión, la "Iglesia del Perpetuo Asombro", la que Vonnegut profesa. Pero no le crean. Es sabio. No se explica qué le ven a jugar a golf, a tener coches cada vez más grandes, al dinero, a creerse los más listos cuando somos animales odiosos. Sí, existe la evolución animal: ¿han visto de cerca a una jirafa?. Así otra, otra y otra. Conocimiento, comprensión, bondad, el humanismo como forma de entender la vida. A mí este individuo me ha hecho mucho más agradable la mía.- Matadero Cinco
- Galápagos
- Madre Noche
- La web de Vonnegut
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