27 septiembre, 2006

El acontecimiento del año

¿Saben cuál ha sido, en los últimos meses, la mayor novedad cultural en mi vida? No, no me refiero a la silicona que desde hace poco agiganta mis labios ni a los leves retoques en vientre, cadera y nalgas que estilizan mi silueta. Hablo de Kurt Vonnegut (que tampoco es un rubicundo marinero australiano con el que me haya cruzado por Huertas). Un estadounidense de 84 años que, durante las últimas décadas, publicó un montón de libros maravillosos, geniales, de esos que hacen cambiar, a alguien fácilmente impresionable, el concepto de vida, hombre, qué coño pintamos aquí. "Un hombre sin patria", que acaba de publicarse en España y es sú última obra, quizá no llega tan lejos. Es sólo una carta abierta donde el veterano escritor se despide, dejando muy claro lo que le parece la religión, la literatura, las mamadas, la política estadounidense o el futuro de la humanidad. Casi nada.

Por apasionante, por breve, y por un método de lectura rápida que me permite pasar páginas a la velocidad del sonido, aunque luego no me entere de nada, el libro cae en unas horas. Son una docena de relatos breves, monólogos, pero de los que sí tienen gracia. Reflexiones salpicadas por ilustraciones y chistes del propio Vonnegut, que con la edad ha ganado acidez, amargura y sabiduría, lo que provoca conclusiones dramáticas. En un planeta que se va a pique, entre animales que ya no son racionales y su senectud, que no le deja tiempo libre, el optimismo es difícil. Hablamos, además, de un ex combatiente en la Segunda Guerra Mundial, de un traumado, de un suicida fracasado. Pero tanta desgracia hace sonreir. Incluso carcajear. Porque Vonnegut es siempre fiel a una máxima: todo es susceptible de broma. Nunca pierdan el sentido del humor. Morir (Dios no lo quiera), invadir un país sólo por su petróleo, contaminar un planeta, que el más poderoso sea Bush. Tampoco es tan grave, ¿no?

Humor. Lo más importante. Sobre él empieza filosofando Vonnegut, que después pasa al socialismo y la guerra, a cómo hacer escritura creativa, al sexo, a los sabios que en el mundo han sido, al pregón de la montaña. Ser viejo no es el pasaporte hacia la sabiduria sino hacia una religión, la "Iglesia del Perpetuo Asombro", la que Vonnegut profesa. Pero no le crean. Es sabio. No se explica qué le ven a jugar a golf, a tener coches cada vez más grandes, al dinero, a creerse los más listos cuando somos animales odiosos. Sí, existe la evolución animal: ¿han visto de cerca a una jirafa?. Así otra, otra y otra. Conocimiento, comprensión, bondad, el humanismo como forma de entender la vida. A mí este individuo me ha hecho mucho más agradable la mía.

- Matadero Cinco
- Galápagos
- Madre Noche
- La web de Vonnegut

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