10 junio, 2006

Ni a Trinidad ni a Tobago

Tengo una especie de don (¿será por que mi madre se parece a Rappel?) para prever partidos sin goles. Un pálpito interior por el que aposté que el España-Malta, el Barça- Milan de Atenas o, incluso, en una versión pretérito-temporal, el Real Madrid- Eintrach Frankfurt del 58 terminarían 0-0. Hace dos horas, con el Suecia- Trinidad y Tobago, lo mismo: los rubios convencerían pero no vencerían, y por una vez en mi puta vida acierto. El portero Hislop lo detiene todo, Larsson no anda fino e Ibrahimovic demuestra que, de despistarse, se convertirá en un Patrick Kluivert cualquiera. Los caribeños (con Dwight Yorke), ya de por sí acobardados, se colgaron de su portería al quedarse con diez en el 50'. Entregados a la fe defensiva (quizá también al vudú) han logrado el empate e, incluso, casi ganan con un escuadrazo desde 30 metros. No llegarán muy lejos con su juego de inocencia prehistórica, pero empatan en su debut mundialista: grande Beenhaker, su seleccionador y, en sus tiempos en Madrid, gran seleccionador también en el legendario D'Angelo.

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