16 junio, 2006

¡Argentinazo!

Los tempraneros goles de Maxi (siempre efectivo, hizo dos) y Cambiasso (espectacular jugada de equipo) deparan un partido aburrido, incluso para los fanáticos argentinos (uno de ellos uruguayo) con los que me abrazo cada gol. El 3-0 provoca discusiones menores: si Serbia es tan mala como Ucrania, si Saviola merece quedarse en el Barça o si las amantes ocasionales, al convertirse en pareja, nos cortan siempre el rollo cuando clamamos por un poco de sexito anal (un Isra indignado sacó el tema el día anterior). Bobadas interrumpidas cuando entra en el campo el 'Apache' Tévez, que aunque impreciso nos reengancha al partido.

En esas estamos, con un plácido marcador, con un Kezman expulsado, cuando comienza otro encuentro: el de Messi. 3 meses y ocho días después Pékerman nos lo devuelve. Humilla, regatea, mete una sexta velocidad a Argentina. Riquelme deja taconazos mágicos, Tévez combate y hace un imposible cuarto, Messi le da el quinto a Crespo, Messi cumple nuestro sueño, el sexto. La albiceleste ya no es la del primer partido: fiable, corajuda, organizada, amarreta. Ahora parece algo más: imparable. La calamitosa Serbia fue un juguete... ¿lo será también Holanda?

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