14 junio, 2006

La batidora de prisas, IX

El pelo naranja, rizado y ralo, se desgaja a ambos lados de una cara circunspecta. Anillos heredados abrazan sus dedos, que se posan dubitativos en las teclas de un ordenador portátil. Alentada por el zumbido y la vibración de los motores eléctricos construye los primeros párrafos de una nostálgica carta. Concentrada, respetable, entera, la mustia flor que es su falda echa de menos al novio. La carta llegará a su destino, ¡qué pena que el triste resplandor azulado no!

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